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Sobre la mentira en política

por David Kornbluth  19 diciembre, 2020

Sobre la mentira en política
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Señor Director:

Una de los principales alimentos del descontento social que impulsó y combustionó el estallido social de octubre fue la hipocresía política. Si bien Hannah Arendt ya hace muchos años nos advertía sobre el uso eficiente de la mentira en política, lo cierto es que la ciudadanía cada vez está mas cansada de esta práctica y las volteretas olímpicas independientemente si es de derecha, de izquierda o de centro. Durante meses el canciller Allamand y en ese momento Senador de la República se paseó por todos los matinales televisivos en los que pudo para defender la Constitución Política vigente. Públicamente señaló que votaría rechazo y defendió a brazo partido su posición y una represión sostenida de las protestas para en menos de un año “promocionar el proceso constituyente” (3 de dic) y afirmar -lavándose las manos como históricamente lo ha hecho- que Carabineros de Chile “violó derechos, pero sin planificación oficial” (4 de dic). Menos de diez días después el ex Ministro del Interior Gonzalo Blumel señalaba que efectivamente “el gobierno le solicitó a Carabineros aumentar el material represivo” (15 de dic).

Hace unos días (16 de dic) fue el turno del joven diputado RN Tomás Fuentes, quien con un argumento trasnochado -y apelando una vez más a Venezuela- hizo una crítica al Partido Comunista y la pasividad de la política moderada. Lo cierto es que la gran mayoría de los chilenos no quiere convertirse en Venezuela, pero esa misma mayoría sabe que un proceso constitucional no significa convertirse en Venezuela y tiene la certeza absoluta de que la antigua constitución no llevaría al país (ni en el corto, mediano o largo plazo) a convertirnos en Irlanda, Finlandia o Dinamarca como algunos quisieron hacer creer durante más de treinta años. Sin embargo, lo más llamativo es la apelación a la democracia representativa por parte de un Diputado de la República que fue escogido a DEDO. En efecto, el diputado Fuentes no obtuvo su actual “trabajo”, “cargo” o, “legitimidad” del voto popular, sino gracias a un concurso de popularidad cerrado entre cuatro paredes y gracias a una de las prácticas más antidemocráticas de nuestro sistema, la designación de partido.

Estas líneas no tienen, en caso alguno, el objetivo de defender al Partido Comunista ni mucho menos a Guillermo Tellier o sus dichos (generalmente pasados de revoluciones), sino simplemente poner de manifiesto y graficar la necesidad de que la élite política debe -de una vez por todas- comenzar a actuar y decir con el ejemplo. En unos años más no seremos ni Finlandia ni Venezuela, pero eso dependerá en buena parte de la coherencia y consistencia de la élite para proponer proyectos de país reales, sin metáforas y entendiendo que el desafío que tenemos de construir un nuevo pacto social debe descansar en la tolerancia, la capacidad de llegar a acuerdos, pero sobre todo en una conducta transparente y consistente de los que toman decisiones a lo largo del tiempo. Sólo así se podrá recuperar la confianza de los ciudadanos comunes y corrientes.

David Kornbluth

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