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Enfrentar la sequía: continuar drenando humedales o prevenir la degradación de ecosistemas

por 11 noviembre, 2021

Enfrentar la sequía: continuar drenando humedales o prevenir la degradación de ecosistemas

Crédito: Archivo

Podemos dejar atrás el drenaje de humedales y la destrucción de la vegetación nativa que ha precedido a la expansión de los monocultivos, los fertilizantes, pesticidas y herbicidas tóxicos, las emisiones de gases con efecto invernadero y la producción de alimentos con requisitos estéticos más que nutricionales y de inocuidad. Es tiempo de avanzar a una agricultura que coexista con la biodiversidad, que produzca alimentos sanos, seguros y nutritivos para las personas y que sea un sumidero de carbono en el suelo y en la biomasa. Así podremos enfrentar desde ahora los enormes desafíos de ser un país altamente vulnerable al cambio climático.
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Las zonas áridas se han expandido en las últimas décadas, al tiempo que los eventos climáticos extremos, como las olas de calor, sequías y lluvias torrenciales, se hacen cada vez más frecuentes, intensos y duraderos. Al mismo tiempo, alrededor del mundo, se aprecia el incremento en el reverdecimiento de algunas zonas, mientras otras se pardean, recordándonos el contraste entre la pérdida de vigor que apreciamos en el bosque esclerófilo en los últimos años y los cultivos brillantes de los paltos en las laderas.

Hasta un 37% de las emisiones totales de gases con efecto invernadero derivan del uso de la tierra y de las emisiones asociadas con las actividades previas y posteriores a la producción en el sistema alimentario mundial. Y del total de alimentos producidos, entre un 25% y un 30% se pierden o se desperdician.

La agroecología nos permite combatir la desertificación, detener y revertir la pérdida de biodiversidad y orientarnos a un desarrollo sostenible, que evite, reduzca y revierta la desertificación, incremente la fertilidad del suelo, incremente también el almacenamiento de carbono en el suelo y en la biomasa, haciendo crecer la producción agrícola y la seguridad alimentaria.

De acuerdo al informe de suelos del IPCC del año 2019, un manejo sostenible del suelo puede contribuir a reducir los impactos de los múltiples desafíos para la sociedad y los ecosistemas, incluyendo el cambio climático. Y es claro en señalar que las opciones de respuestas de mitigación y adaptación se asocian con la conservación y restauración de ecosistemas, con la detención de la deforestación y la degradación de ecosistemas y el manejo sostenible de los bosques. Reconoce además a la agroecología como una forma de producir alimentos de manera sostenible, considerando las condiciones ambientales y sociales locales, además de relevar la importancia de evitar la pérdida y desperdicio de alimentos y manejar el carbono en el suelo.

La agroecología nos permite combatir la desertificación, detener y revertir la pérdida de biodiversidad y orientarnos a un desarrollo sostenible, que evite, reduzca y revierta la desertificación, incremente la fertilidad del suelo, incremente también el almacenamiento de carbono en el suelo y en la biomasa, haciendo crecer la producción agrícola y la seguridad alimentaria.

Se encuentra en discusión en las comisiones unidas de Agricultura, de Medio Ambiente y Bienes Nacionales y de Recursos Hídricos, Desertificación y Sequía del Senado, la prórroga de la Ley 18.450, que aprueba normas para el fomento de la inversión privada en obras de riego y drenaje. Esta ley fomentaría, aún en pleno siglo XXI, el drenaje de los humedales que debemos conservar. Fomentaría la captación de aguas subterráneas para riego, sin considerar el ciclo hidrológico, ni la protección del suelo, ni la cobertura de la vegetación. Esta es una ley que ha beneficiado con montos millonarios a empresas que han talado el bosque nativo en laderas con planes de manejo ilegales para instalar monocultivos de frutales, generando pérdidas de biodiversidad, de suelo y la alteración del ciclo hidrológico y de nutrientes, y con cuyas indicaciones continuaría beneficiando a los proyectos con grandes superficies, y que permitiría que cualquier tipo de agricultor postule con una superficie de hasta 12 hectáreas de riego ponderado.

Podemos dejar atrás el drenaje de humedales y la destrucción de la vegetación nativa que ha precedido a la expansión de los monocultivos, los fertilizantes, pesticidas y herbicidas tóxicos, las emisiones de gases con efecto invernadero y la producción de alimentos con requisitos estéticos más que nutricionales y de inocuidad. Es tiempo de avanzar a una agricultura que coexista con la biodiversidad, que produzca alimentos sanos, seguros y nutritivos para las personas y que sea un sumidero de carbono en el suelo y en la biomasa. Así podremos enfrentar desde ahora los enormes desafíos de ser un país altamente vulnerable al cambio climático.

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