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Lineamientos para el uso de inteligencia artificial y el Chat GPT en las universidades Opinión

Lineamientos para el uso de inteligencia artificial y el Chat GPT en las universidades

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David Figueroa Hernández
Por : David Figueroa Hernández Vicerrector Académico UCT
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Si bien la IA puede ayudar a tomar decisiones más informadas, no siempre es la respuesta, ya que el pensamiento crítico y la responsabilidad formativa recaen en los sujetos y no en las máquinas.


La educación superior ha cumplido un rol preponderante dentro de las sociedades modernas, buscando dar respuesta a los problemas inherentes al desarrollo humano y enfrentando los desafíos de propiciar un desarrollo sostenible. Es aquí donde la tecnología ha cumplido un rol crucial, su evolución ha sido abismante, como así también, nos plantea importantes retos vinculados a la forma en que interactuamos con ella.

En 2021, Chile, a través del Ministerio de Ciencia y Tecnología, aprobó la Política Nacional de Inteligencia Artificial (IA), la cual respalda la necesidad de promover talentos en esta área, impulsando a las instituciones de educación en sus distintos niveles a fortalecer la formación para el uso, desarrollo, comprensión y el análisis de la IA. Junto con ello, promueve que las Instituciones de Educación superior incorporen en sus itinerarios formativos programas especializados y que propendan a formar en sus posgrados especialistas y expertos en esta materia. Esto es por tanto un desafío de hoy. Un desafío que es necesario observar en al menos tres dimensiones:

La primera, la dimensión del uso de la IA de forma transversal dentro de las prácticas universitarias y las implicancias de ello. Esta es una reflexión que nos debe llevar siempre a recordar que, así como hemos adquirido habilidades en el uso de textos impresos, computadoras e Internet, resulta indispensable dominar la aplicación de la IA en las aulas universitarias y la reflexión de sus potenciales consecuencias. 

Actualmente se ha visualizado, por ejemplo, que el CHATGPT puede ser una herramienta de par -humano y tecnología- como un oponente para desarrollar ideas, desarrollar otras formas de expresión, apoyar funciones cotidianas o bien como lo ha mostrado un equipo de jóvenes de La Araucanía para fomentar la investigación; así como estas actividades, otras que aún no están pensadas.

La segunda dimensión que considero de suma importancia es la dimensión ético-valórica del uso de la IA y cómo abordaremos los diversos aspectos formativos relacionados con la integridad académica, el valor del pensamiento humano crítico y la incorporación de tareas gestionadas con tecnología. Esto implica que nos enfrentamos a un desafío, en que no se trata simplemente de prohibir, sino de promover una formación más amplia y profunda de la relación humano-máquina, a más tecnología más formación. Es crucial destacar el pensamiento crítico de nuestros estudiantes y proporcionar espacios de reflexión sobre las implicancias de la tecnología en el pensamiento humano, así como también reflexionar sobre la responsabilidad y la toma de decisiones que son inherentes a las personas. 

Si bien la IA puede ayudar a tomar decisiones más informadas, no siempre es la respuesta, ya que el pensamiento crítico y la responsabilidad formativa recaen en los sujetos y no en las máquinas. En esta materia, existen otros aspectos éticos importantes a considerar, como el uso de Learning Analytics y algoritmos. Es necesario anticipar el sesgo que puedan tener debido a su entrenamiento y evaluar la transparencia para profesores y estudiantes, ya que esto puede llevar a la apertura de brechas y desigualdades. Además, los temas relacionados con los derechos de autor y la propiedad intelectual asociada a la generación automática de contenidos, pueden plantear problemas éticos relevantes.
Finalmente, la tercera dimensión nos conduce a reflexionar sobre cómo las universidades incorporarán en las trayectorias formativas la creación de talento en el campo de la IA, tanto en la formación de pregrado como posgrado. Las trayectorias a lo largo de la vida también impulsan la educación continua, brindando oportunidades de formación, complementando así la educación universitaria y permitiendo a los profesionales utilizar la IA como un recurso para abordar problemas regionales y mejorar la calidad de vida de las comunidades locales. En síntesis, el uso de IA en la educación superior ofrece muchas oportunidades, pero también plantea desafíos éticos sumamente importantes. Es crucial abordar estos aspectos sensibles, con una reflexión ética constante para garantizar que la IA se implemente de manera responsable y beneficiosa para todos los actores involucrados en el proceso educativo.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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