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Andrea Bocelli sublime, excelso

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Por: Aníbal Wilson Pizarro


Señor Director: 

Pocas veces en el Festival de Viña, hasta no hace mucho tiempo el bien llamado “Festival de la Canción”, al que ya le queda poco de esas “canciones” de verdad (ya “pasadas de moda”), creo, como digo, que en muy pocas ocasiones se había visto un público realmente enfervorizado y de la forma que demostró estarlo, con algún artista de la calidad y eminencia como fue la segunda noche de esta fiesta que debería seguir siendo preferentemente de la música y no de la entretención trivial y, por lo general, rayano en lo vulgar. Porque Bocelli, desde la primera de las arias de ópera que interpretó, entusiasmó a un “Monstruo” que pareció haber despertado de una larga siesta de banalidad y frivolidad reinante por años.

Me sorprendió gratamente la aprobación notable de un público que demostró haber gozado con largos y cerrados aplausos. El “Monstruo” estaba feliz, manifestando el deleite de escuchar lo clásico, lo que no pasa de moda y continuará por siglos siendo celebrado. Para no creerlo, ¿no? Estoy seguro que para una mayoría significativa de quienes veíamos por TV, la reacción del público fue todo una sorpresa. Muchos aseguraban que había más bien escepticismo por parte de una juventud reggaetonera, rockera y nada cercana a la ópera ni al clasicismo.

Aconteció en la Quinta Vergara, con gente en su mayoría joven, esa nueva generación que imaginábamos de gustos muy diferentes, no muy amigos de la ópera ni de las composiciones de los Grandes Maestros. Bueno, parece que nos equivocamos. Lo sucedido en este Festival 2024 nos deja una lección esperanzadora, porque queda demostrado palmariamente que si a la concurrencia de esta clase de eventos se le da la oportunidad de escuchar algo diferente, algo de verdadera calidad, de estrecha relación con el arte bien entendido, es perfectamente entendible que entonces los asistentes sepan apreciar lo bueno, lo sublime de la MÚSICA, la misma que estaríamos comprobando que se puede compartir con las nuevas generaciones si nos esmeramos en comprender el real significado de este feliz suceso como fue el de la magnífica actuación de este grandioso tenor, Andrea Bocelli, en Viña, como también la empatía y bellísima voz de su hijo Mateo, con su sencillez y la gran llegada que tuvo con el público.
Más conciertos de calidad, más incentivos para entusiasmar a jóvenes y no tan jóvenes, irán formando una juventud con mayores ideales y ayudando a forjar lo mejor del ser humano. Tarea bien interesante para el Ministerio de las Culturas.
Aníbal Wilson Pizarro
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