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La Haya: seamos realistas y reconozcamos que tenemos un gran desacuerdo

por 27 septiembre, 2018

La Haya: seamos realistas y reconozcamos que tenemos un gran desacuerdo
Es más que probable que la Corte, con la creatividad que le conocemos, no le otorgue a Bolivia una salida soberana ni le imponga a Chile que “arriesgue un centímetro de su territorio”, como repiten nuestras autoridades. Pero es altamente presumible que, sobre la base de las más nobles intenciones, inste, convoque, a un diálogo entre ambos países. Bolivia sabe que su objetivo solo podría alcanzarse en un proceso, por eso sus autoridades reiteran que cada vez “están más cerca del mar”, aunque esperan que en cada paso mejoren su posición negociadora.
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El próximo lunes conoceremos el fallo de la Corte. No es posible especular sobre su contenido, pero algunas interpretaciones nos permiten los antecedentes previos.

En primer lugar, ninguna de las dos partes, Chile y Bolivia, abandonará sus objetivos máximos: Bolivia, cualquiera sea el fallo, seguirá en su estrategia de obtener una salida soberana al Pacífico. Eso implicaría una cesión de soberanía de parte de Chile. A su vez, nosotros proseguiremos en nuestra definición histórica: disponibles para todo diálogo, pero respetando lo consagrado en el Tratado de 1904.  Es decir, sin cesión de soberanía.

Como hemos señalado en diversas oportunidades, Bolivia pretende territorio chileno, esa es la verdadera razón de las dificultades. El juicio es una maniobra más, entre varias, de una estrategia para alcanzar ese objetivo.

Además, es un mandato constitucional, por tanto, no hay que personalizarlo en un anhelo de la actual administración altiplánica. El Presidente Morales, por cierto, le coloca su impronta, pero cualquier mandatario boliviano en el futuro persistirá en la demanda.

En cuanto al fallo de la CIJ, si, como todo indica, habrá una invocación a dialogar, pues, seguiremos en lo mismo de siempre. Porque, si es por dialogar, no había necesidad de ir a un juicio y deteriorar la relación bilateral como ha ocurrido en estos años. Estaremos en un diálogo que tendría expectativas muy contradictorias. Bolivia probablemente se allane a cualquier fórmula que le proporcione soberanía, y Chile mantendría su oferta de reanudación de relaciones aquí y ahora, pero sin condiciones y menos con cesión de soberanía.

Luego, es más que probable que la Corte, con la creatividad que le conocemos, no le otorgue a Bolivia una salida soberana ni le imponga a Chile que “arriesgue un centímetro de su territorio”, como repiten nuestras autoridades. Pero es altamente presumible que, sobre la base de las más nobles intenciones, inste, convoque, a un diálogo entre ambos países.

Bolivia sabe que su objetivo solo podría alcanzarse en un proceso, por eso sus autoridades reiteran que cada vez “están más cerca del mar”, aunque esperan que en cada paso mejoren su posición negociadora.

Por todo lo anterior, es que comparto la opinión que lo que está en juego no es el resultado de un juicio, ni tampoco es el motivo de la disputa. Estamos en presencia de una contradicción profunda entre los Intereses Nacionales de dos estados. Por ello decimos que la demanda es un síntoma del problema real.

¿Qué podemos hacer frente a esta continuidad segura de dificultades? ¿Puede un país vivir o desarrollarse con demandas territoriales en cada década? ¿Es posible construir un escenario diferente para relacionarnos con Bolivia?

La respuesta requiere distinguir dos momentos, dos necesidades.

La primera es inmediata, coyuntural: cómo reaccionamos ante la inminente sentencia de la CIJ.  La otra requiere más reflexión: ¿qué estrategia definimos ante Bolivia? Y aquí la respuesta será necesariamente de largo plazo y requerirá de un examen riguroso y realista de nuestra Historia reciente.

En cuanto al fallo de la CIJ, si, como todo indica, habrá una invocación a dialogar, pues, seguiremos en lo mismo de siempre. Porque, si es por dialogar, no había necesidad de ir a un juicio y deteriorar la relación bilateral como ha ocurrido en estos años. Estaremos en un diálogo que tendría expectativas muy contradictorias. Bolivia probablemente se allane a cualquier fórmula que le proporcione soberanía, y Chile mantendría su oferta de reanudación de relaciones aquí y ahora, pero sin condiciones y menos con cesión de soberanía.

¿Qué hacer?

No es el primer caso en relaciones internacionales en que dos partes tienen pretensiones contradictorias. La experiencia de otros casos nos sugiere la adopción de dos acuerdos: el primero, reconocer que tenemos un gran desacuerdo. Seamos realistas, saquemos las emocionalidades, los deseos, los idealismos. Tenemos un gran desacuerdo. Concordemos en que tenemos un desacuerdo.

El segundo acuerdo, coherente con el anterior, es acordar la forma de manejarlo.  Para que no escale. Como hace algunos años me comentara un alto funcionario boliviano, cuando el suscrito tenía responsabilidades de Gobierno: “Sr., nosotros sabemos que Uds. nunca nos van a dar mar”, para agregar a continuación, “pero Uds. deben saber que nosotros siempre lo vamos a pedir”. Y finalizó, “dichas ambas cosas, ¿cómo nos entendemos?". Una joya de realismo, base de una política de contención.

Lo anterior puede ser una fórmula de relacionamiento elemental, para el tratamiento de los temas cotidianos que impone toda relación entre países vecinos.  Pero deja pendiente cuál ha de ser la política de largo plazo que diseñemos como país para construir un mejor escenario. Y aquí solo podemos decir dos cosas. Lo primero es que debemos evaluar, analizar, revisar, nuestra Historia reciente y sacar lecciones aprendidas de los éxitos y los fracasos que hemos tenido. Combatir el inmovilismo y atrevernos a dar virajes estratégicos. Lo segundo, asumir que las conclusiones que extraigamos de ese ejercicio, indicarán líneas políticas y diplomáticas de largo plazo, que deberán ser continuadas en el tiempo por diversas administraciones, cualquiera sea su signo ciudadano.

Un elemento central de esa línea de largo plazo, pasa por un compromiso estatal por el pleno desarrollo del Norte, tratando de llevar allí las condiciones materiales, de infraestructura y tecnológicas que disfrutamos en el centro del país. Por cierto, ese mismo esfuerzo deberíamos desarrollarlo en el extremo sur, en Puerto Williams, en Natales, en nuestra Patagonia. Audacia unilateral para mostrar a nuestros vecinos que Chile puede ser un socio confiable y beneficioso para su desarrollo. Pero este tipo de reflexión u otros, deberán ser resultado de ese examen riguroso –no idealista– que mencionábamos.

La estrategia enseña que la defensa puede ser activa, lo que no es sinónimo de inmovilismo. Y, por cierto, la iniciativa estratégica da buenos resultados cuando la planificación ubica con exactitud el centro de gravedad, y se mantiene el ritmo.

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