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La división en la UDI –y la derecha– que dejó al descubierto San Bolsonaro

por 22 octubre, 2018

La división en la UDI –y la derecha– que dejó al descubierto San Bolsonaro
Fuera de la desesperación por salir primero en la foto, Bolsonaro ha logrado mostrarnos en qué está la derecha chilena. Ossandón trató de acercarse al electorado de Kast, proyectando una cara completamente distinta a la que intentó darnos para las presidenciales de 2017. En RN aparecieron varios dirigentes que comparten más el relato de Acción Republicana que el de su propio partido, incluido su ex presidente Carlos Larraín. También hemos verificado la reaparición de una cierta nostalgia por la dictadura y las barbaridades asociadas, como la tortura. Y, claro, las declaraciones explícitas de apoyo a valores muy reñidos con los nuevos tiempos. En otras palabras, José Antonio Kast es más fuerte de lo que pensábamos.
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A estas alturas, está dando vergüenza ajena el peregrinaje de dirigentes de la derecha al santuario de Bolsonaro en Río de Janeiro. Un espectáculo que deja bastante mal parada a la política chilena, no solo por la cercanía de un sector a la ultraderecha, sino por esa necesidad de buscar referentes e ídolos en otras latitudes, tal como en su momento lo fue Chávez para la izquierda ubicada más allá de la ex Concertación.

Pero lo cierto es que este sinceramiento de parte de la UDI y RN es sano para nuestra democracia. Siempre es positivo que quienes optan por un proyecto político o votan por un partido o candidato tengan claridad sobre la visión que estos poseen de la sociedad, la economía, pero especialmente de los valores que sustentan.

La propuesta de Jair Bolsonaro es muy clara, no tiene ambigüedades, por tanto, cuando un(a) elector(a) marque su preferencia por uno de los dirigentes que ha caído bajo el efecto hipnótico de esta especie de mesías o curandero brasileño, debería saber que su candidato(a) perdió el pudor y aplaudió a un personaje xenófobo, misógino, discriminador, que está a favor de las dictaduras, la tortura y que incluso considera que violar a una mujer es algo normal. Ahora, si, sabiendo eso, la persona considera que eso lo representa políticamente, en su derecho está. Claro que sería muy contradictorio seguir autocalificándose de centro o centroderecha.

Y tome nota, porque durante esta semana podrá observar a una caravana de parlamentarios chilenos, peregrinando al santuario de Jair, sacándose la misma foto en el departamento del más probable próximo mandatario de Brasil y recibiendo la receta y la bendición correspondientes.

Los primeros en viajar en horario de oficina –por lo visto nadie en el Congreso debe explicar cuando falta a su trabajo– serán los integrantes de la llamada bancada evangélica, encabezada por el pastor-diputado de RN Eduardo Durán. Luego vendrá el tour organizado por Juan Antonio Kast. El ex candidato presidencial invitó a un número importante de diputados de la UDI y RN a la casa de Bolsonaro. De hecho, su visita era completamente esperada, mal que mal, es quien más semejanzas tiene con el líder del Partido Social Liberal. La relevancia política de este hecho es que Kast ha sobrepasado la barrera de su movimiento para infiltrar un torpedo en el corazón de Chile Vamos. Una jugada inteligente que puede traerle dividendos políticos para la próxima elección presidencial.

Pero donde las repercusiones han sido mayores es en la UDI. El otrora mayor partido de Chile –hoy es Renovación Nacional– se encuentra justo en la contienda para renovar su directiva. En una jugada que hace que aún cueste entender su intención electoral, Jacqueline Van Rysselberghe viajó apresuradamente a visitar a Bolsonaro. Quería llegar primera, ganarle a JA Kast y, de paso, entregar una confusa señal a los votantes del gremialismo. ¿Qué quiso transmitir? Lo único que se puede deducir es que su lista quiere hacer un viraje hacia la ultraderecha, ese espacio que hoy ocupa y domina Kast. Las reacciones en la Unión Demócrata Independiente no se dejaron esperar. Desde la lista contrincante, el senador Juan Antonio Coloma criticó duramente a la timonel de su partido –llegó a decir que Bolsonaro jamás podría estar en la UDI– y también lo hizo con fuerza Jaime Bellolio, quien fuera su rival en las elecciones anteriores.

Más allá de la anécdota y esta desesperación por salir primero en la foto, de fondo, Bolsonaro ha logrado mostrarnos en qué está la derecha chilena. Ossandón trató de acercarse al electorado de Kast, proyectando una cara completamente distinta a la que intentó darnos para las presidenciales de 2017. En RN aparecieron varios dirigentes que comparten más el relato de Acción Republicana que el de su propio partido, incluido su ex presidente Carlos Larraín. También hemos verificado la reaparición de una cierta nostalgia por la dictadura y las barbaridades asociadas, como la tortura. Y, claro, las declaraciones explícitas de apoyo a valores muy reñidos con los nuevos tiempos. En otras palabras, José Antonio Kast es más fuerte de lo que pensábamos.

Pero donde las repercusiones han sido mayores es en la UDI. El otrora mayor partido de Chile –hoy es Renovación Nacional– se encuentra justo en la contienda para renovar su directiva. En una jugada que hace que aún cueste entender su intención electoral, Jacqueline Van Rysselberghe viajó apresuradamente a visitar a Bolsonaro. Quería llegar primera, ganarle a JA Kast y, de paso, entregar una confusa señal a los votantes del gremialismo. ¿Qué quiso transmitir? Lo único que se puede deducir es que su lista quiere hacer un viraje hacia la ultraderecha, ese espacio que hoy ocupa y domina Kast. Las reacciones en la Unión Demócrata Independiente no se dejaron esperar. Desde la lista contrincante, el senador Juan Antonio Coloma criticó duramente a la timonel de su partido –llegó a decir que Bolsonaro jamás podría estar en la UDI– y también lo hizo con fuerza Jaime Bellolio, quien fuera su rival en las elecciones anteriores.

En 2016, la UDI sufrió el primer remezón que quebró la hegemonía de los llamados coroneles y la homogeneidad propia de un partido que nació bajo la sombra de Jaime Guzmán y la figura de Pinochet, con la irrupción de un desafiante Jaime Bellolio –alcanzó el 30% de los votos–. Dos años después, el partido se encuentra dividido en tres claras corrientes.

Aunque los coroneles mantienen el liderazgo –pese al golpe que significó la caída de Longueira–, lo cierto es que han perdido fuerza con la separación de un grupo más radical que se identifica claramente con partidos como el Frente Nacional de Le Pen y ahora el PSL. Este segundo grupo es liderado por Van Rysselberghe y cuenta con un fuerte apoyo a nivel de alcaldes y concejales y aproximadamente 10 de los 30 diputados que tienen en la actualidad. La tercera corriente, aunque minoritaria, es la encabezada por Bellolio, el díscolo diputado que saca ronchas entre los fundadores por sus posiciones liberales en lo valórico y desconcertantes en lo político.

Aunque el 2 de diciembre solo podremos ver la distribución entre coroneles y JVR, porque el porcentaje de los “progresistas” –si se puede decir eso en la UDI– estará sumergido en la votación de Macaya. Y más allá del resultado, también estaremos atentos a la señal de cuántos militantes expresan su opinión en las urnas. En 2016, apenas sufragó el 9.7% de los 72 mil afiliados. En la actualidad, después del refichaje, los militantes llegan a 45 mil.

Paradójicamente, este arrebato de entusiasmo de la derecha chilena con Bolsonaro, ha vuelto a recordar la etapa en que el Gobierno desarrolló el sello de los errores no forzados y autogoles innecesarios sin tener rival al frente. Hoy parecen sumidos en una batalla interna, que más bien demuestra la falta de claridad ideológica y la ansiedad por pensar tempranamente en las elecciones de 2021. También estamos en la antesala de ver lo que vivió la ex Nueva Mayoría, es decir, la ruptura entre proyectos que solo compartían una visión pragmática para llegar al poder.

Es un hecho que, de aquí a tres años, tendremos un nuevo mapa en la derecha. Solo como consecuencia del resultado de las elecciones de la UDI veremos, de seguro, la migración de militantes, ya sea por el centro o la derecha. Jaime Bellolio ya advirtió que, de ganar JVR, pensaría seriamente continuar en esa tienda. ¿A Evópoli? En caso contrario, muchos seguidores de la senadora mirarán a Kast. En RN las cosas no serán muy diferentes. Gente como Eduardo Durán o Carlos Larraín tienen un discurso que no sintoniza en nada con un Allamand o Torrealba.

Pero si hay un ganador, hasta ahora, del episodio Bolsonaro, es lejos José Antonio Kast.

El ex diputado no solo le está generando un ruido tremendo a Chile Vamos, sino que también amenaza con atraer a ese grupo que ha estado en silencio soportando que su propio sector vote a favor del divorcio, aborto en tres causales o la ley de identidad de género. Esos mismos que han criticado por debajo al Presidente por haber votado por el No o porque los tildó de cómplices pasivos. Esa derecha pinochetista, conservadora y del siglo pasado. Por suerte también hay una derecha más moderna y democrática. Gracias, San Bolosonaro, por ayudarnos a transparentar quién es quién. Amén.

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