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Medidores inteligentes: una batalla en la guerra comercial entre las ERNC y los combustibles fósiles

por 1 abril, 2019

Medidores inteligentes: una batalla en la guerra comercial entre las ERNC y los combustibles fósiles
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Lo que hoy estamos experimentando es una revolución tecnológica que implica, por primera vez en nuestra historia, que las fuentes de energías renovables no convencionales (ERNC), en la forma de electricidad, pueden competir económicamente con las fuentes fósiles y generar grandes beneficios para los seres humanos y el planeta. Sin embargo, para que este beneficio llegue a la gente, debemos entender que aumentaremos en varias veces el consumo de electricidad y que la política pública debe orientarse en esta dirección.  

En este escenario, existe una “guerra” subyacente que se está librando en las áreas de generación y distribución de la energía eléctrica.

En el segmento de generación, luego de una acertada política pública, hemos visto un aumento extraordinario de nuevos actores desarrollando energías renovables y una disminución significativa de los precios de la electricidad. Los menores precios están siendo transferidos rápidamente a los grandes consumidores con capacidad de renegociar sus contratos, sin embargo, no ocurre lo mismo con los clientes regulados, es decir, la mayoría de la población. Por el contrario, los precios de la energía eléctrica han aumentado, generando desconcierto en la opinión pública.

En esta “guerra”, aquellos actores que tienen activos sobre la base de combustibles fósiles, con contratos con clientes regulados, no mostrarán ningún interés en competir, ni arriesgar perder cuotas de mercado, apoyando iniciativas que estimulen el desarrollo de la infraestructura necesaria para levantar barreras que favorezcan la penetración masiva de las energías renovables. A lo menos, pondrán todas aquellas trabas que les permitan el mercado y el lobby para posponer, dentro de lo posible, el aumento de las energías limpias y renovables como la solar, eólica, hidráulica y geotérmica, que Chile dispone en cantidades suficientes para abastecer la demanda del país por cientos de años.

En la actualidad, durante el día la energía eléctrica es del orden de un 60% más barata de lo que pagamos la mayoría de los ciudadanos de este país. Pero como el modelo regulatorio chileno no permite traspasar este beneficio de forma inmediata a la gente, porque éste se sustenta en el pago de un servicio licitado a una rentabilidad negociada entre el Estado, las Distribuidoras y las Generadoras, para áreas de concesión específicas y por periodos que fluctúan entre 20 y 25 años, la rápida transferencia de los beneficios de las ERNC hacia la gente no ocurrirá por el solo efecto del mercado.  

Los altos precios obtenidos en las licitaciones anteriores al año 2015 explican el alza de la electricidad este año. Debido a esto, los ciudadanos no veremos menores precios hasta por lo menos en unos 10 años más. La velocidad de los cambios tecnológicos y las oportunidades que ofrece hoy tener precios bajos de electricidad ponen a prueba nuestra voluntad para mejorar la política pública en beneficio de la gente.

No olvidemos que en nuestro país alrededor de 3,5 millones de personas sufren de la contaminación intradomiciliaria, debido a la mala combustión de fuentes de energía fósiles y leña de mala calidad que utilizamos en nuestros hogares.

Esto se explica por la desigualdad de acceso a energías limpias e ineficiencias en la forma en que nos calefaccionamos: vivimos en viviendas con mala aislación térmica, lo que se traduce en que más del 75% del consumo de energía de una vivienda se destine a calefacción. El 77% de las viviendas del centro sur del país utilizan como principal combustible la leña, en un mercado informal y de mala calidad, equivalente al 24% de la generación eléctrica del año 2016.

El arraigo cultural de uso de la leña de mala calidad se explica, primero, por su bajo precio, respecto de leña industrial que es un 25% más cara, el pellet un 90%, el kerosene un 200%, el gas un 250% y la electricidad domiciliaria a precio regulado un 400% más cara. Para estas personas, el cambio de medidores no tiene ningún efecto.

Entonces, la pregunta que debemos responder es: ¿por qué la mencionada reducción de precios de la electricidad no puede aún llegar a los hogares y competir con las energías fósiles? La respuesta se encuentra en la necesidad de levantar barreras tanto regulatorias como de infraestructura.

Recordemos que, para romper la tendencia alcista de las licitaciones de suministros de energía eléctrica que se dio sistemáticamente hasta el año 2013, el Ministerio de Energía modificó las bases de las licitaciones, levantando aquellas barreras que impedían la entrada de las energías renovables. Pero también tuvo la audacia de licitar expansiones del sistema de transmisión troncal que prácticamente duplicaba la capacidad de transporte existente. Tales medidas permitieron quitar barreras para el ingreso de las ERNC y aumentar, con ello, la cantidad de actores en el mercado de generación, desde los 3 o 4 tradicionales, a más de 190 hoy.

Claramente lo anterior no fue gratis, el costo de transmisión prácticamente se duplicó, pero, en términos netos, el costo total de la energía eléctrica bajó prácticamente a la mitad. El problema es que este beneficio está siendo traspasado solo a los grandes consumidores con capacidad de negociación y no a las familias.

Lo más probable es que la energía eléctrica continuará siendo cada día más competitiva frente a los combustibles fósiles para los sistemas de transporte público y privado, y frente a la demanda estacional de energía térmica residencial. El desafío de la política pública es como llevar estos precios a la mayoría de las familias de nuestro país lo antes posible.

Para transferir los beneficios de las energías renovables a la gente, se requiere nuevamente una actitud audaz del Ministerio de Energía, para eliminar las barreras regulatorias y de infraestructura, pero esta vez en el segmento de distribución.

Esto significa expandir aún más las redes de distribución, tanto para el tránsito de un mayor flujo de energía eléctrica como para la conexión de generación de ERNC en forma distribuida. Solo después de esta expansión, será efectivo la incorporación de sistemas de medición inteligentes que permitan a los nuevos actores ofrecer bloques de energía y precios en paquetes estacionales, mensuales, semanales, diarios e incluso horarios, con la misma flexibilidad con la cual un ciudadano cualquiera puede optar por comprar combustibles fósiles para su cocina, calefón, estufa o automóvil. Para esto, debemos transformar nuestras redes en sistemas de aplicaciones de información y comunicaciones integradas con la generación, transmisión, distribución, y las tecnologías de uso final de energía eléctrica, como refrigeradores, lavadoras, autos eléctricos, etc.

La incorporación de los beneficios de las energías renovables y su transferencia para mejorar la calidad de vida de la gente, no se puede hacer sin invertir en nuevas tecnologías. Claramente, esta vez tampoco será gratis, pero el efecto neto en el bolsillo de la gente será una reducción cercana a la mitad del precio de la electricidad hoy. El desafío es enorme y requiere de voluntad política y liderazgo. Pero es imperativo no caer en el juego de los poderes fácticos o la demagogia política, que impida la transferencia de los beneficios hacia las familias de Chile, lo antes posible.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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