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Algo huele mal en EE.UU

por 4 octubre, 2020

Algo  huele  mal  en  EE.UU
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Triste espectáculo ofreció al mundo el primer debate presidencial de EEUU. Vergonzoso para la primera potencia mundial, que se ufana de ser una democracia ejemplar y de tener una larga tradición republicana basada en el legado de sus Fundadores y la Constitución de 1787.

También fue un debate indignante para para la gran mayoría del pueblo norteamericano, que como ciudadanos tienen derecho a que los candidatos mantengan un respeto recíproco y debatan los asuntos relevantes para el país y hagan propuestas. Sin embargo, a cuatro semanas de la elección, esos ciudadanos no pudieron escuchar nada de eso, sino solo ver una pelea entre dos escolares.

Los debates presidenciales norteamericanos tienen cierta agresividad. Pero este fue incendiario. Estuvo teñido por el estilo ultra belicoso de Trump, para quien agudizar la división es parte de su estrategia, porque así aviva a su aguerrida base electoral y la empuja a que concurra a votar, que es un objetivo táctico en todo debate presidencial.

Trump logró situar la disputa en su terreno, incomodando y bloqueando a su contendor. Fue un interminable y agotador cruce de descalificaciones basadas en mentiras y en temas sin trascendencia, lleno de provocaciones infantiles e interrupciones de uno al otro.

Los debates presidenciales son también una especie de institución republicana. Vejarla tiene sus costos. El Presidente no cumplió las reglas del juego prestablecidas para el debate, lo que resultó frustrante. A veces se ofuscó y parecía estar peleando consigo mismo. Por ello muchas encuestas dieron a Trump como perdedor del debate. No estuvo a la altura de la dignidad que merece la Presidencia de Estados Unidos, que sí es una institución formal de la República, casi venerada en EEUU.

Joe Biden, por su parte, resistió muchos golpes bajos, pero algunos los contestó con agresiones de parecido calibre, rebajándose al nivel de su contendor, lo que empeoró las cosas. Biden no mostró la templanza para mantener siempre la calma ante las provocaciones de Trump, ni fue capaz de contener con inteligencia a su rival con una estrategia eficaz, capacidades que son muy relevantes para ejercer bien la Presidencia.

Las mentiras y afirmaciones engañosas por parte de Trump fueron muchas. Ya estamos acostumbrados, sabemos que es un campeón mundial en ese oficio. Pero Biden también deslizó algunas.

Pero lo más importante para mí, es que el debate develó tres malos presagios para EEUU y su democracia, cada uno grave por sí mismo pero que podemos relacionarlos entre ellos.

El Presidente Trump, que va perdiendo en las encuestas, afirmó con total aplomo que éstas serán las elecciones más fraudulentas de la historia de EEUU, principalmente por el voto por correo que él desacredita por completo y que será proporcionalmente muy significativo en esta elección. Al respecto, Biden validó plenamente el voto por correo y llamó a votar y confiar plenamente en los resultados.

Relacionado con lo anterior, ante otra pregunta, Trump no estuvo dispuesto a afirmar que él respetará los resultados de la elección, sino que lo dejó en duda y llamó a sus electores a concurrir masivamente a los conteos de votos y a fiscalizarlos con severidad. Biden, por su parte, manifestó claramente que sí respetará los resultados, sea que le favorezcan o no.

Y el tercer elemento relacionado a los anteriores es que respecto a los grupos violentos organizados de ultraderecha y supremacistas blancos que han estado muy activos en las últimas protestas, como los Proud Boys o el Ku Klux Klan, y que apoyan a Trump, el moderador le pidió a éste que los llamara a terminar con la violencia. Pero Trump evadió responder y, ante la insistencia, llamó a los Proud Boys a “retroceder y esperar”.

Si relacionamos los tres elementos anteriores, un mal presagio se yergue en los próximos meses para EEUU y su democracia.
Si Trump pierde en los primeros resultados de la elección, lo probable es que declare rápidamente que fue fraudulenta, no reconozca su derrota y se gatille en apoyo a dicha posición un proceso violento encabezado por grupos de ultraderecha partidarios de Trump, como Proud Boys (a quienes llamó por ahora sólo a “retroceder y esperar”), la Derecha Alternativa (Alt-Right), el Ku Klux Klan y luego casi todos sus seguidores que le creen a pies juntillas a Trump todo lo que dice.

Frente al desconocimiento de los resultados por Trump y a los grupos que lo respalden que lo respalde, es casi seguro que reaccionarán grupos violentos de ultraizquierda de EEUU como “Antifa”, la Izquierda Radical y grupos Anarquistas. Probablemente se sumará el movimiento Black Lives Matter o BLM y otros.
Este tenso escenario de incertidumbre, quizás violento, podría durar varias semanas o meses, por el escrutinio de tantos votos por correo y por la objeción de los resultados de la elección ante las Cortes norteamericanas.

En consecuencia, estamos frente a la elección presidencial de la mayor potencia mundial, con una tradición democrática respetable, en que aun varias semanas antes de que se realice, el Presidente Trump ya ha declarado: que será “la más fraudulenta de la historia”; que el sistema electoral norteamericano es deficiente, vulnerable y no tiene credibilidad; se ha puesto en el escenario de desconocer los resultados de la elección; y ha pedido a un grupo de sus seguidores más violentos y extremistas, que por ahora “retrocedan y esperen”. Una especie de llamado al descanso de los soldados para que esperen la orden de batalla.

Además de la incertidumbre que todo esto podría causar en EEUU, con sus efectos en todo el mundo, provocaría un grave y preocupante daño en la democracia en ese país, mucho más que el que ya se le ha causado en el desastroso debate presidencial.

Ojalá que mis malos presagios para EEUU no sean más que pesadillas y que, si llegaren a hacerse realidad, tampoco representen un anticipo de lo que más tarde llegue a suceder en Chile dentro de un nefasto fenómeno globalizado de populismo y división.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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