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Una ventana de oportunidad para la seguridad Opinión

Una ventana de oportunidad para la seguridad

Rocío Faúndez
Por : Rocío Faúndez Directora Servicio Nacional de Reinserción Social Juvenil
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Si logramos minimizar los riesgos de reincidencia y reforzar los factores que promueven el abandono de la conducta delictiva, estaremos aportando para cambiar la trayectoria de vida de los jóvenes y conseguir una sociedad más segura. 


La delincuencia ocupa un lugar principal en los desvelos de las personas y en las agendas de las autoridades responsables. En la búsqueda de respuestas tanto preventivas como punitivas, el Gobierno ha optado por estrategias que cuentan con evidencia a nivel mundial respecto de su eficacia, de manera de optimizar el uso de recursos públicos y asegurar un real impacto. En esa línea, el nuevo Servicio Nacional de Reinserción Social Juvenil (SRJ) considera algunas herramientas relevantes.

En términos comparativos, el período de la adolescencia es particularmente propicio para intervenciones que busquen modificar la conducta delictiva. Varios estudios longitudinales del campo de la criminología del desarrollo y del curso de vida han mostrado que, a medida que los jóvenes van madurando, se van alejando de la actividad delictiva, al punto que 60% de los adolescentes que habían infringido la ley dejan de hacerlo al pasar a la edad adulta.

Este período vital, entonces, no solo se asocia a una marcada tendencia a los comportamientos de riesgo; es también un momento en que se cristalizan procesos de construcción de identidad. Desde este punto de vista, constituye una ventana de oportunidad para realizar acciones bien diseñadas que prevengan el involucramiento delictivo (las que ejecuta, por ejemplo, la Subsecretaría de Prevención del Delito a través de su programa Lazos) o que interrumpan el desarrollo de carreras delictivas (las que está aplicando el SRJ).

El Modelo de Intervención Especializado del SRJ recoge varias prácticas que internacionalmente han demostrado tener buenos resultados, a partir de una comprensión de las características tan propias del período de la adolescencia, con un foco personalizado. Lo anterior, sumado al nuevo rol que asume el Estado a través de un trabajo intersectorial, a los estándares de calidad que son acreditados por un consejo autónomo de expertos, y a la posibilidad de un acompañamiento a los jóvenes cuando concluyen sus sanciones, augura resultados prometedores. 

Si logramos minimizar los riesgos de reincidencia y reforzar los factores que promueven el abandono de la conducta delictiva, estaremos aportando para cambiar la trayectoria de vida de los jóvenes y conseguir una sociedad más segura. 

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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