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Por fallidas designaciones de cargos en nuevo gobierno

Peña advierte que partidos políticos perdieron su “ethos” y se están transformando en “una simple suma de intereses”

por 23 marzo, 2014

Peña advierte que partidos políticos perdieron su “ethos” y se están transformando en “una simple suma de intereses”
El rector de la UDP explica que las colectividades “ya no cuentan con un recurso imprescindible para contener los intereses que se abrigan en su seno. Una vez que el partido pierde su identidad –o lo que es lo mismo, el sentido de su posición en la arena política–, ¿de qué puede alimentar su ethos, esa fuerza muda que contiene la conducta? Carentes de ideas que confieran sentido a su quehacer, los partidos se transforman, sin quererlo, y a veces sin saberlo, en una simple suma de intereses. Y cuándo solo cuentan los intereses, ¿por qué extrañarse que el mérito se desvanezca?”.
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El rector de la Universidad Diego Portales, Carlos Peña, realiza una fuerte crítica a los partidos que conforman la Nueva Mayoría y el rol que cumplieron en las fallidas designaciones de autoridades del gobierno de Michelle Bachelet, señalando que estos perdieron su “ethos” político y se han transformado en una “simple suma de intereses”.

En su habitual columna en El Mercurio, el académico se plantea la interrogante: “¿Qué pudo haber ocurrido para que el gobierno en vez de presentarse escoltado por un grupo de personas capaces y bien formadas –en la política o en la universidad, poco importa– haya tenido en sus filas a quienes, a los pocos días, debió obligar a renunciar?".

Además, fustiga la decisión del ministro del Interior, Rodrigo Peñailillo, de no explicar claramente los motivos de las salidas de distintas autoridades que fueron nombradas por la mandataria y se pregunta si no era suficientemente relevante saber cómo y de qué forma se llenan los cargos del gobierno.

“En una democracia en forma, la función de profesionalizar la política y seleccionar los liderazgos, incluso los menores que ocuparán cargos en el Estado, le pertenece a los partidos. Los partidos no solo cumplen la función de enarbolar ideas, sino que también ejercen la tarea, más o menos informal, pero casi siempre eficiente, de profesionalizar la toma del Estado. Para ejercer esa tarea los partidos requieren contener y ordenar los inevitables intereses que hay en su seno. Cuentan para ello con proyectos que permiten a las personas postergar sus apetitos y esperar el turno que merecen”, precisa el rector.

Y añade que fue ese motivo presente en el caso de las designaciones fallidas de autoridades, ya que “las renuncias bochornosas de esta semana, y las que ocurrieron antes, son síntomas no de flojera moral sino, lo que es incluso peor, de un deterioro de los partidos en Chile”.

Explica que al devaluarse las ideas que animaban a los partidos y desaparecer los proyectos ideológicos, “los partidos perdieron parte importante de su ethos y ya no cuentan con un recurso imprescindible para contener los intereses que se abrigan en su seno. Una vez que el partido pierde su identidad –o lo que es lo mismo, el sentido de su posición en la arena política–, ¿de qué puede alimentar su ethos, esa fuerza muda que contiene la conducta? Carentes de ideas que confieran sentido a su quehacer, los partidos se transforman, sin quererlo, y a veces sin saberlo, en una simple suma de intereses. Y cuándo solo cuentan los intereses, ¿por qué extrañarse que el mérito se desvanezca?”.

Sin embargo, señala que su explicación podría ser considerada “falaz”, ya que nada de lo expuesto podría ocurrirles a los partidos que acaban acceder al poder, ganar una elección presidencial y obtener la mayoría en el Congreso y, por el contrario, mostraría su vigor.

“No, en absoluto. Porque lo que ocurre, todo hay que decirlo, es que la reciente elección presidencial no la ganaron los partidos y sus proyectos (unos y otros como lo mostraron los estudios de opinión no suscitaban la confianza de la gente), sino que la ganó Michelle Bachelet, una personalidad provista de un programa. Y los partidos –como consecuencia de su debilidad– se rindieron frente a esa personalidad y a ese programa”, sostiene.

Y añade que no es extraño que algunos partidos estén perdiendo la capacidad de contener y profesionalizar la política a pesar de haber obtenido el poder en las últimas elecciones.

“Por supuesto, en todos los partidos modernos (es decir, allí donde hay democracia de masas) el poder está en manos de quienes, por decirlo así, realizan el trabajo continuo y de tiempo completo que la política hoy día requiere. Y es evidente que la militancia más esforzada de los partidos espera una retribución personal cuando llega la hora del triunfo. Pero ordinariamente nada de eso significa que, una vez alcanzado el Estado, el partido pueda nominar a cualquiera que haya sido suficientemente fiel. Cuando los partidos tienen proyectos de largo plazo o ideas más o menos sistemáticas, tienen también una cierta ética que controla sus decisiones”, argumenta.

El académico precisa que cuando no existe un proyecto ideológico, sino que sólo un programa y cuando las virtudes de la política amenazan con reducirse a la lealtad de la líder “¿qué queda entonces al interior de los partidos políticos”.

“Puede sonar exagerado, y ojalá lo sea, pero esta suma de desaguisados incomprensibles puede ser el resultado de haber reducido los partidos a una personalidad y las ideas reflexivas a un programa”, sostiene.

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