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Análisis

La Nueva Mayoría ¿tiró la toalla con Piñera?

por 4 julio, 2016

La Nueva Mayoría ¿tiró la toalla con Piñera?
Alrededor de Piñera, caen las bombas políticas con la serie de escándalos judiciales que involucran a parte de su gabinete y, desde el otro lado de la vereda, no se escuchan ni los grillos.
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Uno de los hechos más raros de la política de los últimos meses es el marasmo en que ha caído la coalición de Gobierno ante el avance del ex Presidente Piñera, quien –como confirmó la entrevista publicada ayer en El Mercurio– va camino directo a La Moneda.

Para los parlamentarios y dirigentes de partido del oficialismo, pareciera no existir como candidato. Lo tratan con guante blando, cuando la política siempre tiene algún nivel de contradicción, pues al final del día el votante debe elegir entre alternativas y una de las misiones fundamentales entonces es dejar en claro por qué nosotros sí y los otros no.

De las diez comisiones investigadoras que están activas en la Cámara de Diputados, ninguna se preocupa de investigar irregularidades durante el Gobierno de Piñera. Están casi todas centradas en los problemas políticos de ahora. Casi ninguna en realidad, porque hay una comisión sobre los problemas de los glaciares y no hay ninguna, por ejemplo, sobre la venta de Chilevisión, la intervención en el fútbol profesional o sobre el mejor censo de la historia.

Creerán algunos que la próxima elección se decidirá sobre los glaciares y no sobre cuál es la coalición con más capacidad para gobernar el país.

Varios en la Nueva Mayoría parecen más preocupados de las concesiones de carreteras en la época de Lagos que de la venta de las acciones de Aguas Andinas durante el mandato de Piñera. O más sobre cómo renunciar sin realismo a las reformas que de las amenazas desde la derecha respecto a que en su futuro gobierno se dedicará a desarmar todo aquello que se instaló como agenda progresista durante la administración de la Presidenta Bachelet, en especial el primer año.

Tampoco nadie aprovechó el difícil momento político de Piñera al quedarse solo durante el período de encuentros locales sobre la Nueva Constitución. No hubo interés en hacerle marcación fuerte y lo que pudo haberse convertido en un mal trago para el ex Mandatario pasó sin mayores sobresaltos.

¿Acaso creen que el senador Ossandón podrá por sí mismo destrozar las aspiraciones presidenciales de Piñera y después la centroizquierda ganará con varios candidatos propios en primera vuelta?

Por mientras, Piñera corre solo. Si bien no hay encuestas públicas, algunos analistas confiesan que tiene un 30% seguro en el bolsillo, en un ambiente de mucha incertidumbre, siendo competitivo frente a cualquier candidato de centroizquierda.

Ha manejado una agenda comunicacional que le ha resultado exitosa. Habla cada cierto tiempo alertando de las dificultades, criticando al Gobierno y su desorden político de manera destemplada y nadie le contesta ni le recuerda cómo fue su mandato en los años previos a la elección municipal del 2012.

Además, cuenta en esta carrera fácil con un silencio complaciente de los medios, que no lo marcan siquiera por la retahíla de ex altos funcionarios de su administración con problemas ente la justicia y, muy de repente, publican alguna crítica del senador Ossandón, más bien en el tono de Elmer Gruñón. Todo, por cierto, lejos del escrutinio debido para un cuasicandidato.

Las elecciones son también pasión y, si se mantiene esta actitud de calma ante el retorno de Piñera, el electorado podría terminar pensando que está todo perdido, que no hay corazón que ofrecer y que el impulso de reformas para un país más justo que ofreció la centroizquierda fue solo un acto testimonial, cuyo trasfondo no era más que recuperar el poder estatal.

Alrededor de Piñera, caen las bombas políticas con la serie de escándalos judiciales que involucran a parte de su gabinete y, desde el otro lado de la vereda, no se escuchan ni los grillos.

Más aún, la derecha descaradamente presiona a los fiscales para que empaten la cuenta de los imputados, metiendo a como dé lugar a figuras ligadas a la centroizquierda y desde los partidos de Gobierno no solo se les permite seguir, sino que se les aplaude la descarada intervención ante la la justicia, como hizo el PPD la semana pasada.

Si fuera al revés, los Kast, los Mönckeberg y todos sus diputados fiscalizadores estarían como la selección persiguiendo a Messi por todo el campo de juego. Si no, recuerden el caso 27-F, que el mismo Gobierno de Piñera intentó armarle tempranamente a la candidata Bachelet.

Y el camino que le queda por recorrer a Piñera se ve más despejado aún.

En el escenario de aumento del desempleo, con una situación económica difícil que, como dijo el Banco Central, se prolongará por varios trimestres más, el cuasicandidato podrá salir a decir que durante su mandato el desempleo era bajo y el país crecía por sobre el 5%.

Ningún economista cercano a la Nueva Mayoría ni ningún político explica que las señales de enfriamiento empezaron en su Gobierno y que en la primera parte le tocó el ciclo positivo del precio del cobre, lo que le permitió crecer.

Tampoco nadie le recordará que la economía chilena tiene un problema de productividad, la que aumentó solo un 0,5% durante su ejercicio como primera autoridad del país.

Su entorno, de manera persistente, saca informes y estudios sobre los fallos de las políticas públicas que han ocurrido en este Gobierno y no hay un centro de estudios ligado a los partidos políticos de la Nueva Mayoría que diga palabra alguna sobre el Mejor Censo de la Historia, el puente Cau Cau, los ripios en la legislación ambiental o los desaciertos en política internacional, que llevaron a crear la política de “cuerdas paralelas” con Perú, permitiendo a nuestros vecinos del norte llevarse olímpicamente un pedazo de mar chileno, acto que el Gobierno de Piñera premió condecorando a Alan García, el presidente peruano que demandó a Chile en La Haya.

¿Acaso los partidos que conforman la Nueva Mayoría están tan golpeados por la compleja situación política que renunciaron a dar la lucha por el poder?

Parece instalarse una especie de resignación ante el hecho histórico y la foto –sin duda vergonzosa para la coalición de centroizquierda– de que habrá cambio de mando y color político el año 2018

Hay varias explicaciones posibles a este tímido comportamiento oficialista ante el avance eficiente de Piñera

Una primera es la que manejan en el entorno más político de La Moneda, y se basa en un temor a la tercera ley de Newton, la de acción-reacción.

Irse sobre el cuasicandidato Piñera implicaría una reacción de este que haría un daño enorme al Gobierno. Como la Presidenta está en una baja popularidad, hay que cuidar todos los flancos, pues la meta es remontar sin considerar los costos.

Esta tesis no calcula que el porcentaje de apoyo que tiene la jefa de Estado es un voto muy duro, que nunca va a estar con Piñera y que no hay manera de que baje más. Un elemento que sostiene esto es que, el actual rango de los 25 puntos, más o menos, se ha mantenido desde el cambio de gabinete hasta hoy.

Una segunda teoría es que ya se instaló el pato cojo y, por tanto, la lógica que prima es el sálvese quien pueda. Esto explicaría cosas tan raras como que el vocero tenga una estampa impasible cuando Piñera ataca al Gobierno, en vez de golpear la mesa, como solían hacer sus antecesores.

Si se recuerda a ministros anteriores, como Francisco Vidal, Cecilia Pérez o, más cerca, Álvaro Elizalde, no temían sufrir desgaste en su imagen por defender al Ejecutivo y a la Presidencia. También se entenderían, con esta tesis, las conductas de los parlamentarios, que prefieren no ser vinculados a la imagen alicaída de la Mandataria y con eso no poner en riesgo su reelección.

Una tercera versión es la que sorpresivamente ha levantado Eugenio Tironi. El Gobierno no es el Titanic, sino una balsa que navega sin rumbo, llevada por las corrientes y, en consecuencia, no lee en modo alguno que su debilidad va a afectar a los futuros candidatos del conglomerado y será un regalo para Piñera.

Lo curioso es que las redes sociales sí reaccionan al respecto. Cada vez que es procesado un alto funcionario del Gobierno anterior, salen a recordarlo y el tema se mantiene como asunto entre los más conversados. Incluso en el fútbol ocurre así.

Cabe recordar la circulación por Twitter y Facebook de una serie de fotos de Piñera con Messi, como para tratar de revincularlo al viejo mito de la mala suerte.

Las elecciones son también pasión y, si se mantiene esta actitud de calma ante el retorno de Piñera, el electorado podría terminar pensando que está todo perdido, que no hay corazón que ofrecer y que el impulso de reformas para un país más justo que ofreció la centroizquierda fue solo un acto testimonial, cuyo trasfondo no era más que recuperar el poder estatal.

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