domingo, 26 de mayo de 2019 Actualizado a las 06:19

El ex presidenciable también incomoda a la derecha

La veta de oro que explota Kast

por 28 marzo, 2018

De inmediato, el día de la agresión en la Universidad Arturo Prat, desde La Moneda sus autoridades principales lo llamaron para saber cómo estaba y le comunicaron que el Gobierno –tal como se hizo después– se querellaría contra los responsables. La lectura a puertas cerradas que en Palacio se hizo del episodio, fue que los grupos que se organizaron en Iquique cometieron un error político garrafal, que “pisaron el palito” y le regalaron el juego, que este finalmente encontró su nicho perfecto: la izquierda dura, golpearla y victimizarse, confesó con cierto alivio una autoridad gubernamental, ya que no hace mucho el temor era que tratara de mantenerse vigente criticando a la administración de Piñera.
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¿Provocador o víctima? ¿Populista o punta de lanza de una estrategia para disputar, en su terreno más emblemático de los últimos años, los votos a la izquierda dura? Su figura ha puesto en el centro del debate político lo que entendemos por tolerancia, libertad de expresión, democracia y si tienen límites reales, si son más que meros conceptos políticos abstractos. Cualesquiera sean las respuestas a cada uno de estos puntos, nadie puede discutir que el ex presidenciable José Antonio Kast no le es indiferente absolutamente a nadie, ni siquiera a su propio sector, la derecha, donde la mayoría lo mira con bastante distancia. Un escenario soñado para cualquier político.

Desde que el miércoles 21 de marzo Kast fue golpeado, escupido, empujado e insultado por una turba en plena Universidad Arturo Prat de Iquique, donde daría una charla a un grupo de estudiantes, ha sido el foco obligado de la discusión, el ex presidenciable se ha paseado por diversos medios de comunicación, desde los cuales ha exigido que no se contextualice la violencia que sufrió, ha emplazado una y otra vez al PC y al Frente Amplio, acusándolos de fomentar el odio, de ser una izquierda antidemocrática, y en los últimos días ha centrado su discurso en que “tenemos que sacar la voz por los sin voz, aquellos universitarios que no se atreven a denunciar las amenazas. Hay que expulsar a la izquierda antidemocrática de nuestras universidades”, según escribió el lunes 26 de marzo en su cuenta de Twitter, tras reunirse con el ministro del Interior, Andrés Chadwick, y el subsecretario de la cartera, Rodrigo Ubilla.

Kast sabe que incomoda, a todos. En Chile Vamos dicen sin tapujos que tiene rasgos fanáticos, que es demasiado extremo, que tiene “cierta obsesión con el Frente Amplio”, que no es santo de devoción de la mayoría del sector, menos de la nueva administración piñerista, donde lo conocen bien y reconocen que prefieren tenerlo de amigo y aliado, antes que de contrincante.

De inmediato, el mismo día de la agresión, desde La Moneda sus autoridades principales llamaron a Kast para saber cómo estaba y le comunicaron que el Gobierno –tal como se hizo después– se querellaría contra los responsables. La lectura a puertas cerradas que en Palacio se hizo del episodio, fue que los grupos que se organizaron en Iquique cometieron un error político garrafal, que “pisaron el palito” y le regalaron el juego al ex presidenciable, que este finalmente encontró su nicho perfecto: la izquierda dura, golpearla y victimizarse, confesó con cierto alivio una autoridad gubernamental, ya que no hace mucho tenían el temor que tratara de mantenerse vigente criticando a la administración de Piñera.

De inmediato, el mismo día de la agresión, desde La Moneda sus autoridades principales llamaron a Kast para saber cómo estaba y le comunicaron que el Gobierno –tal como se hizo después– se querellaría contra los responsables. La lectura a puertas cerradas que en Palacio se hizo del episodio, fue que los grupos que se organizaron en Iquique cometieron un error político garrafal, que “pisaron el palito” y le regalaron el juego al ex presidenciable, que este finalmente encontró su nicho perfecto: la izquierda dura, golpearla y victimizarse, confesó con cierto alivio una autoridad gubernamental, ya que no hace mucho tenían el temor que tratara de mantenerse vigente criticando a la administración de Piñera.

El tema fue discutido en el comité político del lunes 26, donde los ministros se reúnen a puertas cerradas con los presidentes y los representantes de las bancadas de Chile Vamos. En esa cita, explicaron algunos asistentes, desde la coalición oficialista se advirtió a La Moneda que Kast “anda buscando que le peguen”, que con su estrategia “está polarizando en extremo el clima político en el país” y que esa fórmula puede terminar siendo un búmeran tanto para el Gobierno como para la derecha, pero –agregaron– no hubo mayor respuesta.

“Kast no ha logrado amarrar el 8% que obtuvo en la primera vuelta, traducirlo en firmas para crear un partido, no tiene gente de peso a su lado, muchos estamos en desacuerdo con él, por lo que su única opción es ser héroe y víctima”, precisó un alto dirigente de la coalición de derecha.

Pero, a pesar de las dificultades para consolidar una plataforma política, en el oficialismo reconocen que la presencia activa de Kast en el escenario político está generando consecuencias en la coalición y advierten que no es gratuito que en los últimos días la UDI –a través de su timonel Jacqueline Van Rysselberghe– haya optado por golpear la mesa respecto al proyecto de identidad de género, en circunstancias que inicialmente se había hablado de forma extraoficial, como consensos en el sector, que era viable y totalmente aceptable establecer el límite de edad a los 14 años y que, antes de eso, se debía poner como requisito el consentimiento de los padres. “Están extremando el discurso en este tema, precisamente por Kast, porque la UDI y Van Rysselberghe son los perjudicados más directos ahora, los eclipsa totalmente”, afirmaron desde RN.

El analista Tomás Duvall coincidió en señalar que “Kast les quita parte del discurso a la UDI, eso es indudable, pero además está haciendo otra cosa que los puede complicar, está renovando cuadros y ahí le puede robar sus huestes”. Si bien agregó que la presencia activa del ex candidato presidencial debe ser mirada como un elemento que le da diversidad al oficialismo y abarca una mirada de la que el resto de la coalición no se hace cargo, también precisó que tanto el gobierno como el Presidente Sebastián Piñera deben “mantener su distancia política” para no salir dañados.

El antiguo manual

Desde el día del conato, se han multiplicado las columnas de analistas y políticos opinando sobre lo sucedido y sobre Kast. Desde Carlos Peña hasta Jorge Navarrete, pasando por Nicolás Grau, son algunos de los que han desplegado su pluma para fustigar lo laxo de lo que se entiende por democracia y lo frágil de la tolerancia.

Pero el domingo 25, en una columna en La Tercera, Pablo Ortúzar –antropólogo e intelectual de la derecha– puso el acento en un punto distinto y escribió: “Piensan que Kast nació ayer. Que no carga con lecciones históricas. Que no tiene una estirpe política. Piensan que basta reírse de que sea rubio, gritarle 'nazi', adjudicarle todo el rosario de 'algofobias' y tirarle unas patadas para exorcizarlo. Piensan que no está jugando en serio. Que lo van a asustar o avergonzar. Que, al final, ellos ya ganaron porque están 'en el lado correcto de la historia'. ¿Por qué se expone así? ¿Por qué va a meterse a la boca del lobo? No tienen idea. Lo que Kast está haciendo es aplicar la fórmula ganadora que Jaime Guzmán utilizó en las poblaciones de Santiago durante los ochenta, con la ayuda de su hermano, Miguel Kast (…) las universidades de hoy son las poblaciones de ayer. Ahí está el caldo de cultivo político. Y Kast está decidido a meterse en los cotos de caza de la izquierda. La reacción violenta de sus enemigos le es totalmente funcional: confirma exactamente la descripción que Kast hace de ellos, lo legitima como víctima, le da un tremendo eco mediático y demuestra que esas instituciones están hoy tomadas por patotas militantes”.

No es el único que piensa así. Consultado por El Mostrador, el analista y decano de la Facultad de Ciencias Políticas y Administración Pública de la Universidad Central, Marco Moreno, concuerda en que Kast “en cierto modo busca repetir el modelo a través del cual él fue reclutado por Guzmán y el gremialismo. Son las universidades, pero también las familias y sus hijos, que no comparten la agenda de libertades individuales, clericales (católicos y protestantes), ese mundo –que existe– no se siente representado por los actuales partidos de derecha” y planteó que la apuesta apunta a “un movimiento político (estilo Tea Party) que tenga representación parlamentaria (en Europa todos estos movimientos de derecha dura tienen parlamentarios) y poder influir desde ahí en la política defendiendo sus posiciones”.

Es que, según Moreno, el ex presidenciable se percató que en el país “existe un componente conservador en la sociedad, que ha estado oculto y no se ha expresado políticamente, ese sector de derecha dura, conservador en lo valórico, liberal en lo económico, con un componente religioso”.

Desde el equipo de trabajo de Kast explicaron que para medianos de abril están preparando el lanzamiento del nombre de su movimiento político, aseguraron que “la izquierda no es el objetivo, sino que volver a recuperar el sentido común en nuestra sociedad, algo que se ha perdido entre tanta demagogia” y que, por lo mismo, el norte de sus esfuerzos es “volver a retomar un trabajo a nivel de base, que incluye a los jóvenes en las universidades, los dirigentes sociales en las poblaciones y los trabajadores, tanto del sector público como del sector privado. En algunos lugares está la izquierda, pero en otros lo que se ve es un abandono de la política, porque muchos dejaron de hacer la pega, y una falta de sintonía con problemas y prioridades”.

Para el doctor en Filosofía Política y académico de la Escuela de Gobierno de la Universidad Adolfo Ibáñez, Cristóbal Bellolio, el ex UDI es un “populista de derecha, pero que igual tiene cabida en el sistema democrático y, por lo mismo, puso el foco en que no tiene otro camino más allá del que efectivamente está recorriendo ahora: “¿Qué otra cosa hace un político que acaba de sacar un 8% y va a fundar un movimiento que le dé soporte y continuidad a esa fuerza? Recorrer Chile yendo a los lugares donde se habla de política: centros de padres, juntas de vecinos, a las universidades. Yo haría exactamente lo mismo. No lo hace para polarizar, lo hace porque tiene que rentabilizar los 8 puntos que sacó, y prometió a muchos de sus adherentes que iba a fundar un movimiento político a continuación. Eso no lo puede hacer sentado en el escritorio de su casa”, apunta.

Agrega que el hecho de que Kast vaya a algunas universidades y “sea un ají en el trasero para cierta izquierda universitaria” y que se haya dado cuenta que a muchos los provoca, es un efecto originalmente no deseado. “No creo que originalmente haya pensado que no lo iban a dejar hablar en la Universidad de Concepción, creo que él quería hablar porque lo invitaron los gremialistas, aunque sean cuatro gatos, y en la Universidad Arturo Prat también debe haber tres gremialistas que lo invitaron. Esas universidades no son de la izquierda, son de todos los chilenos y, en ese sentido, defiendo el derecho de José Antonio Kast de recorrer Chile y universidades donde la izquierda es poderosa o donde hay cuatro o cinco personas que comulgan con su idea”.

Por lo mismo, Bellolio apuntó al mal manejo que hace la izquierda del tema y la figura de Kast, que han “pisado el palito”, que lo están victimizando, que están contribuyendo a que personas de derecha moderada que no comulgan con el ex candidato a la Presidencia, ahora lo defiendan. “La izquierda se siente provocada y lo está convirtiendo en un mártir si le siguen pegando o censurando (…). Ese es un error estratégico que demuestra que no están pensando con la cabeza sino con la guata”, sentenció.

Una crítica compartida transversalmente. Para Duvall, “indudablemente que Kast ha tenido mayor connotación pública y eso es gracias a sus detractores, que le han seguido el juego de manera perfecta y lo están potenciando”, los que además no han comprendido que incluso es factible que el ex presidenciable deje de ser “una novedad” y que más adelante ya no desate tantas pasiones en su periplo universitario, aunque su estrategia va a seguir avanzando, porque es una mirada a mediado plazo, no inmediata.

Moreno afirmó que un rasgo histórico de la izquierda ha sido su “problema para procesar la diversidad”, que tienen la complejidad de que en estos tiempos el clivaje dictadura-democracia ya “no les está sirviendo para enfrentar dicha diversidad política” y que seguirán cometiendo el mismo pecado hasta que no comprendan que “no tienen que sacar a Kast por secretaría, sino enfrentándolo en el discurso de cara a la ciudadanía”.

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