domingo, 26 de enero de 2020Actualizado a las 13:30

La verdadera red de Errázuriz en el Vaticano: el Papa Francisco

por 5 julio, 2018

A pesar del rol que ha jugado en los encubrimientos que han hecho crisis en la Iglesia católica chilena, al cardenal no le entran balas. Sus vínculos de poder en Roma van más allá de la alicaída figura de Angelo Sodano y es el propio Jorge Bergoglio quien lo sostiene. La fuerte relación que construyeron ambos durante la reunión de Aparecida en 2007 se mantiene hasta hoy y, por eso, lo más probable es que su salida de las altas esferas pontificias no sea un escándalo, sino un retiro silencioso del C9 en septiembre por razones de edad.
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El 13 de marzo de 2013, cerca de las siete de la tarde, salió humo blanco. Después de dos días de votaciones, los 115 cardenales electores reunidos en la Capilla Sixtina del Palacio Apostólico Vaticano habían decidido quién sería el sucesor de Benedicto XVI: optaron por Jorge Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, jesuita, quien se levantó como favorito y dejó atrás a varios nombres, entre ellos, a Angelo Scola, un cercano colaborador de Joseph Ratzinger, reconocido miembro del movimiento conservador católico Comunión y Liberación.

Ese día, no solo marcaba una nueva pauta respecto al futuro del camino Vaticano, sino también un cambio en varias relaciones de poder en el seno de la Iglesia. Pese a que podría ser previsible, los cardenales de América votaron en bloque por Bergoglio, tejiendo una unión que sería agradecida por el Papa y que causó escozor entre los seguidores de Scola. El cardenal Francisco Javier Errázuriz estaba entre ellos y ese voto le valdría un agradecimiento que sigue vigente hasta hoy.

¿Quién mantiene a Francisco Javier Errázuriz en el C9, uno de los grupos consejeros más selectos de colaboración con Francisco? “El propio Papa”, coincidieron en señalar fuentes de la Iglesia católica chilena.

Pese a que muchos piensan que las redes de Errázuriz se han tejido solo sobre la base de los vínculos con los más oscuros personajes ligados a la Iglesia en dictadura, lo cierto es que el cardenal chileno goza de la relación de agradecimiento que tiene con él Jorge Mario Bergoglio, lo que le ha permitido capear el periodo más crítico de la institución católica chilena, sin perder sus privilegios en Roma.

Cuando apenas llevaba un mes de haber sido elegido como nuevo líder de la Iglesia católica, Bergoglio nombró a los cardenales que le ayudarían a reformar la curia. A Errázuriz lo conocía bien, juntos habían coincidido en uno de los hitos más recientes de la institución en la región, la Conferencia de Aparecida realizada en 2007 en Brasil, que para esa fecha tenía como presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) al cardenal chileno.

Sodano ya no tiene ni la sombra del poder que ostentó. Si bien es uno de los hombres que podría proteger a Errázuriz en el Vaticano y aún poseen una relación de amistad, las desavenencias con el Papa son antiguas y nada superficiales, considerando que desde la Nunciatura en Chile siempre fue opositor de las ideas de Bergoglio en Argentina. Aunque en la práctica su poder comenzó a eclipsarse en el momento cuando Benedicto XVI debía elegir, el año 2006, su reemplazo como secretario de Estado del Vaticano y desoyó su recomendación de no nombrar a Tarcisio Bertone.

Bergoglio fue el presidente del Comité de redacción del documento, que evacuó el texto concluyente de la cita, y Errázuriz fue su mano derecha. “Se creó entre ellos un lazo fuerte, casi indestructible, que sería reconocido por el Papa cuando lo nombró entre sus consejeros y, en este momento, es quien lo ha sostenido en el cargo del C9 más allá de cualquier otra fuerza al interior del Vaticano”, reconocieron en la Iglesia.

“Pese a que está golpeado, profundamente afectado”, agregaron, e incluso más allá de su errática carta justificando –en primera instancia– su ausencia en la reunión de los obispos chilenos con el Papa en mayo, Errázuriz goza de una protección que le ha permitido sortear su responsabilidad frente a los encubrimientos de los casos de abusos cometidos por sacerdotes en el país.

El trabajo de Bergoglio y Errázuriz, durante las dos semanas que estuvieron recluidos en Brasil, fue crucial para el catolicismo latinoamericano. En ese momento era clara la fuerte división de las corrientes de la Iglesia y la Teología de la Liberación, por lo que debían consensuar y elaborar una nueva mirada, sin caer en la corriente progresista. Ambos religiosos, que habían coincidido en su trabajo como arzobispos –uno en Santiago y el otro en Buenos Aires– se juntaban incluso después de las reuniones para seguir trabajando en el documento que posteriormente harían llegar a Benedicto XVI. “Debido a esa división de la Iglesia, a esa tensión y los diferentes puntos de vista, ese trabajo en conjunto fue crucial para resumir el texto final”, señaló un obispo que conoció esa comunión.

La reunión del CELAM resultó ser tan importante que, incluso, fue el lugar donde se comenzó a fraguar el nombre de Bergoglio como posible reemplazante de Ratzinger. Sin embargo, no es el único lazo que explica el tinglado que protege a Errázuriz en Roma, en esa cita también estaba presente –y formó parte del equipo de redacción del texto final­– el arzobispo de Tegucigalpa, Óscar Rodríguez Madariaga, quien jugó un papel clave en la promoción y elección de Bergoglio como Papa y luego se convertiría en el coordinador del C9 nombrado por Francisco.

El arzobispo hondureño también se vio envuelto en un grave conflicto en su país, después que la prensa publicara que cobró durante años cerca de 25 millones de pesos mensuales a la Universidad Católica de Tegucigalpa. Pese a la cercanía, incluso el Papa debió abrir una investigación para esclarecer la trama tras la denuncia. “Rodríguez Madariaga es uno de los últimos vínculos con poder y llegada al Papa, que también sostienen a Errázuriz en el Vaticano”, dijo una fuente que conoce la relación.

El alicaído poder de Sodano

Uno de los hombres que ayudó a la construcción del actual mapa de poder en la Iglesia católica chilena es Angelo Sodano. No solo fue nuncio apostólico en los años más sangrientos de la dictadura de Pinochet, entre 1977 y 1988, sino que como secretario de Estado del Vaticano, entre 1991 y 2006, se impulsó hasta por sobre cualquier Papa, construyendo una importante red que incluso lo hicieron conocido como “el Padrino” en Roma.

Sodano, perseguido por la sombra de la “Iglesia chascona” que existía en Chile durante la dictadura, siempre buscó construir una institución inclinada hacia lo conservador, por lo que los nombramientos que impulsó y protegió por años, se transformaron en piezas fundamentales del ajedrez de la institución católica en Chile y que es el que el Papa Francisco busca, precisamente, desarmar.

Sodano ya no tiene ni la sombra del poder que ostentó. Si bien es uno de los hombres que podría proteger a Errázuriz en el Vaticano y aún poseen una relación de amistad, las desavenencias con el Papa son antiguas y nada superficiales, considerando que desde la Nunciatura en Chile siempre fue opositor de las ideas de Bergoglio en Argentina. Aunque en la práctica su poder comenzó a eclipsarse en el momento cuando Benedicto XVI debía elegir, el año 2006, su reemplazo como secretario de Estado del Vaticano y desoyó su recomendación de no nombrar a Tarcisio Bertone.

Responsable de la elección de cardenales como Jorge Medina mientras era el número dos del Vaticano, Sodano también estuvo detrás del nombramiento del actual nuncio apostólico, Ivo Scapolo, a quien incluso se le ha conocido como “el pequeño Sodano”. Pero su poder se ha ido extinguiendo con los escándalos por los abusos sexuales, debido a su vínculo con varios de los involucrados y por la “desinformación” en la que mantuvo al Papa, la que permitió el papelón que hizo Francisco con su defensa a ultranza del otrora obispo de Osorno Juan Barros.

Al interior de la Iglesia nadie duda de que, más allá de Sodano, es el propio Papa quien no ha dejado caer a Francisco Javier Errázuriz. Por ello, también, lo más probable es que su salida no sea un escándalo, sino más bien un plácido tránsito, producto de su edad, para abandonar en septiembre, sin ninguna herida, el selecto grupo de cardenales.

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