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La pieza clave del piñerismo en el TC: la carrera contra el tiempo de María Luisa Brahm por la presidencia del tribunal

por 22 julio, 2019

La pieza clave del piñerismo en el TC: la carrera contra el tiempo de María Luisa Brahm por la presidencia del tribunal
Al interior del Tribunal Constitucional reconocen el intenso lobby que se ha desplegado a favor de la abogada, para alinear la votación -que debería ocurrir a fines de agosto- para definir a la persona que encabezará la institución por los próximos dos años. La antigua asesora del Mandatario, reconocida transversalmente por su rigor y probidad, igualmente genera resquemor en la derecha por su perfil liberal en lo valórico. Al interior del tribunal cuestionan que no sea la persona más especialista entre los que están en carrera, y que el impulso a su nombre responda, sobre todo, a una gran jugada política, justo cuando la instancia se enfrenta a momentos claves, de cara a una reforma.
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Más de un ministro del Tribunal Constitucional se enteró por la prensa que su voto en la elección del próximo presidente del criticado organismo sería para María Luisa Brahm (60). El 28 de agosto se cumple el período correspondiente al de Iván Aróstica, el actual timonel del TC, y el despliegue de los candidatos ya comenzó. Brahm es la más política y mediática de los otros nombres que han surgido para encabezar el tribunal: Juan José Romero, Gonzalo García y José Ignacio Vásquez, todos con un sello académico y especialistas en Derecho Constitucional.

A diferencia de Brahm, cuya carrera la mayor parte del tiempo ha corrido por otras pistas: directora ejecutiva del Instituto Libertad, el centro de estudios ligado a RN, lugar desde donde profundizó su cercanía con el Presidente Sebastián Piñera, trabajando como su asesora legislativa desde que era senador por Santiago Oriente. Entre sus siete hermanos están Joaquín Brahm, director de empresas inmobiliarias e histórico militante de la UDI, y Jaime Brahm, actual core de la provincia de Llanquihue por RN. Ambos durante el primer gobierno de Piñera ocuparon cargos de confianza presidencial: el primero fue director de EFE y el segundo, intendente de la X región.

Brahm sabe que la elección por la presidencia del TC se juega también en los medios. Y si uno de los diarios de conglomerado publica que es la carta segura para liderarlo, otro de los diarios de cadena, El Mercurio, aprovechó la descripción que la apuntaba como “los ojos y oídos de Piñera” en La Tercera para poner el foco en que su elección sería, al menos, una falta de prudencia. En su columna dominical, el abogado Joaquín García Huidobro alabó los méritos profesionales de Brahm, pero advirtió que “si ya era cuestionable que una persona pasara del segundo piso de La Moneda al TC, ahora ya no sería solo un voto más en un gremio de diez jueces (…) ese defecto se multiplicaría por dos”, escribió aludiendo a que de convertirse en presidenta del tribunal, su voto define situaciones extremas y podría involucrar al Ejecutivo cuando el TC deba ejercer algún tipo de control.

Pero en otras áreas, como la económica, Brahm no se pierde en coqueteos con la centroizquierda. Su voto estuvo entre los que impidió progresar el proyecto de ley que buscaba darle más atribuciones al Sernac y que preocupaba mucho al empresariado. Además, en enero de este año votó a favor de un requerimiento presentado por parlamentarios de Chile Vamos para declarar inconstitucional las glosas de presupuesto que buscaban permitir a las universidades del Cruch sacar un porcentaje del Fondo Solidario para invertir en becas y créditos para alumnos regulares. “Es habitual que apoye los fallos pro empresa, a veces más por una 'tincada' que por elementos estrictamente jurídicos”, afirman al interior del tribunal un integrante de la “disidencia”, en relación con el acuerdo tácito que la dejaría en la presidencia del TC.

La cuenta entre Brahm y El Mercurio es antigua. En 2013, la recién designada ministra del TC dejó consignada en las actas del tribunal las “presiones fácticas” que a través de su página editorial ejerció el diario, según ella, para que votara por Marisol Peña a la presidencia y no por Carlos Carmona, por quien se inclinó finalmente. Algo parecido a esas “presiones fácticas” estarían operando ahora a favor de la abogada, para que sea presidenta “inhibiendo la disidencia”, según reconocen al interior del tribunal, donde describen un intenso lobby para alinear la votación fijada para fines de agosto.

La Cenicienta de la derecha

Brahm, a pesar de su hermano gremialista histórico, es vista con sospecha por la derecha más dura. En 2013, Jovino Novoa escribió un manifiesto ideológico titulado “Con la fuerza de la libertad”, en el que se refirió –sin mencionarla explícitamente– a la “derecha avergonzada que se instaló en el segundo piso”, aludiendo a su papel de asesora en Piñera I, haciendo lo posible por “camuflarse con la Concertación".

En efecto, Brahm ha logrado posicionarse como una figura bien evaluada por la ex-Concertación y Nueva Mayoría, no solo porque escuchaba a Pablo Milanés y Silvio Rodríguez cuando estudiaba Derecho en la Universidad Católica a fines de los 70, sino por su perfil riguroso y “mateo” en asuntos de Derecho Administrativo. El expresidente, Ricardo Lagos, la nombró en la Comisión Asesora Presidencial que en 2003 armó las bases de la reforma a la administración del Estado, en medio del escándalo por el caso Mop-Gate y, al año siguiente, la puso en el Consejo de Alta Dirección Pública, donde estuvo hasta 2010 cuando se convirtió en la jefa de asesores de Piñera en La Moneda.

De esos días quedan postales de su carácter áspero, expresado en las duras reprimendas dadas en público a sus subalternos, un rasgo que tampoco es ajeno a Piñera, con quien no tiene una relación de amistad fuera de los espacios de trabajo, pero sí de mucha confianza política. No es casualidad que en esos años haya ejercido, también, como integrante del Consejo de Auditoría Interna General de Gobierno, hasta junio de 2013, cuando Piñera la nombró como ministra del TC.

En la derecha más dura no les basta que Brahm haya trabajado en el área legal de Odeplan –la usina del modelo neoliberal chileno en tiempos de Hernán Buchi, Sergio Melnick y Luis Larraín– hasta el retorno a la democracia, para considerarla realmente “de derecha”. Eso, porque la abogada es, ante todo, piñerista.

Fallos para las masas

En la derecha está más fresca su votación en contra del requerimiento que quería detener la ley de aborto en tres causales, en línea con el gobierno de Michelle Bachelet. Brahm sabe que la política también incluye enganchar a las masas, y ese proyecto tenía un apoyo mayoritario de la población. Lo mismo pasó con la modificación al sistema electoral binominal, sobre la cual se mostró a favor y rechazó un requerimiento de parlamentarios UDI, entre los que estaba el actual ministro de Justicia, Hernán Larraín, que pretendía detener la reforma.

En estos días durante los cuales el TC nuevamente está bajo la lupa de la crítica pública por el rechazo que genera la figura de Aróstica al exacerbar el rol de “tercera cámara” del tribunal y empantanar la investigación por fraude contra el exgeneral Humberto Oviedo, la abogada se ha preocupado que se haga pública su distancia con el cuestionado presidente del Tribunal Constitucional.

Pero en otras áreas, como la económica, Brahm no se pierde en coqueteos con la centroizquierda. Su voto estuvo entre los que impidió progresar el proyecto de ley que buscaba darle más atribuciones al Sernac y que preocupaba mucho al empresariado. Además, en enero de este año votó a favor de un requerimiento presentado por parlamentarios de Chile Vamos para declarar inconstitucional las glosas de presupuesto que buscaban permitir a las universidades del Cruch sacar un porcentaje del Fondo Solidario para invertir en becas y créditos para alumnos regulares. “Es habitual que apoye los fallos pro empresa, a veces más por una 'tincada' que por elementos estrictamente jurídicos”, afirman al interior del tribunal un integrante de la “disidencia”, en relación con el acuerdo tácito que la dejaría en la presidencia del TC.

Para el Presidente Piñera sería una gran noticia que la votación de los ministros se inclinara por su exasesora. Brahm es garantía de rigor y probidad a ojos de la clase política, pero también con su voto puede ser pieza clave en caso de empantanarse algún proyecto de la agenda legislativa de la actual administración.

Precisamente, uno de ellos tiene que ver con la reforma al Tribunal Constitucional. En marzo, el Gobierno anunció modificaciones al organismo, que incluyen bajar la cantidad de ministros a un número impar para, de esta forma, evitar conflictos como los de la “era Aróstica”. Pero la propuesta de La Moneda aún no es oficial y todavía se está cocinando en la etapa de consulta con los partidos. En este contexto, un grupo de diputados de la comisión de Constitución anunció a comienzos de julio que comenzará a discutir un proyecto de reforma que se basa en otras mociones parlamentarias, poniendo presión al Gobierno. La misma que Piñera busca bajar con María Luisa Brahm a la cabeza del Tribunal Constitucional.

 

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