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La decisión de La Moneda que dio cancha a la extrema derecha y arrinconó al sector más liberal

por 15 octubre, 2019

La decisión de La Moneda que dio cancha a la extrema derecha y arrinconó al sector más liberal
Desde que en La Moneda, y sin consulta previa, llamaran a su conglomerado a abrir las fronteras con miras a las próximas elecciones de gobernadores regionales y alcaldes, en el mundo liberal de Chile Vamos resintieron la jugada, porque "le abrieron la cancha" al mundo de José Antonio Kast, en un intento por expandir el oficialismo hacia el centro y también hacia la extrema derecha. Con la maniobra –aseguran fuentes del sector– el Ejecutivo abrió un flanco que volvió a remecer las nunca tranquilas aguas de la coalición gobernante. Desde la oposición, más precisamente desde la DC, la movida del Gobierno fue identificada como algo que se veía venir, pero estaría siendo contrarrestada con el intento de lograr pactar con Ciudadanos, de Andrés Velasco, que –estimaron– significaría la instalación de un polo atractivo para los escindidos falangistas, y así ganarle el gallito por el centro al oficialismo.
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Desde la UDI aseguraron que este era el momento que tenía La Moneda para intentar abarcar a todos lo que se pudiese, aprovechando el descrédito de la oposición, y sin Michelle Bachelet en el camino. La lectura que se hizo fue que con Beatriz Sánchez a la cabeza, el ingreso –a modo de pacto– del movimiento republicano de José Antonio Kast a Chile Vamos, no constituiría un factor de tan amplia relevancia para el mundo de centro. Con esta jugada, lo que buscaría es mayor estabilidad, pero la determinación del Gobierno de aplicar el “abrazo del oso” hizo carne el refrán que dice que "el que mucho abarca, poco aprieta", ya que en el mundo liberal del oficialismo, encasillado principalmente en Evópoli, resintieron la maniobra y no cayó nada de bien. La calificaron de una intromisión y resultó un balde de agua fría.

Sabida es la tensión que genera, desde iniciado el Gobierno, la presencia del ex-UDI José Antonio Kast en el mapa político de la derecha chilena, conminando primero al pinochetismo a dejar el silencio, defendiendo a los condenados por delitos de lesa humanidad recluidos en Punta Peuco, pero además con un discurso agresivo que no tiene contemplaciones ni con el Gobierno –al que acusa de falto de convicciones– ni con los miembros de Chile Vamos –a los que apunta como representantes de la “derecha light”–.

Por todo aquello, el sector liberal del conglomerado gobernante –representado principalmente por Evópoli, pero con varias figuras al interior de Renovación Nacional, y también, aunque menos (pero representantes al fin y al cabo), dentro de la UDI– desde un inicio le ha hecho la cruz al hombre que logró el 8% de los votos en la última elección presidencial. Todos recordaron las palabras de Cecilia Morel en diciembre del 2018, cuando señaló que “JA Kast está representando una sensibilidad que no quisiera que siguiera agrandándose”, palabras refrendadas por el propio Mandatario, quien cinco días después agregó: “Una vez más estoy de acuerdo con mi mujer”.

Pero si existe una definición para el historial político que arrastra el Jefe de Estado, es el del pragmatismo, que en su expresión más evidente se vio cuando decidió borrar con el codo lo que escribió con su propia mano, al llamar a Chile Vamos –a través de su ministro del Interior, Andrés Chadwick, y de su vocera, Cecilia Pérez– a “ampliar el margen de la centroderecha”. Esta jugada, que tuvo la firma presidencial, dejó su impronta el domingo cuando la primera dama, Cecilia Morel, en entrevista con La Tercera, selló el discurso al señalar que “son más las cosas que nos unen que las que nos separan”, en referencia al exdiputado. Esta vuelta en U se explicó en varios sectores oficialistas por el cálculo electoral ante los próximos comicios para elegir a gobernadores regionales y alcaldes, en cuyo contexto concluyeron que, de ir en listas separadas, la probabilidad de que la oposición se haga de más faroles sube en un alto porcentaje.

Y como en toda gran decisión, existen beneficiados y también afectados, y el principal caído de esta pasada fue el mundo liberal de la centroderecha, cuyos miembros se definen como aquellos que ocupan en la vereda de la derecha el espacio de “la defensa de la libertad a través de un mercado activo, pero controlado, con las restricciones que tiene que tener, un Estado facilitador, no solamente regulador”. Para el diputado de Evópoli, Luciano Cruz Coke, “el liberalismo clásico o liberalismo conservador es, sin duda, hoy una corriente que atraviesa a Chile Vamos, representa los valores de la libertad, el respeto al Estado de derecho, a la autodeterminación de los individuos respecto a la realización de su proyecto de vida y el sentido de la justicia en la sociedad. Si lo queremos personificar, lo podemos encontrar en personas como Jorge Alessandri en la UDI, en Marcela Sabat en RN y en Evópoli mayoritariamente, sin embargo, es hoy en día un sentimiento mayoritario en Chile de quienes creen que avanzar en la vida depende principalmente de ellos y no de terceros”.

Para el analista Víctor Maldonado, el liberalismo es “una plantita que crece cuando la tolerancia predomina, cuando en temas valóricos se abren a las distintas opciones, por eso es tan repelente Republicanos, porque los limita a una especie de autoritarismo”, el mismo –advierte– que, de controlar el Gobierno una agenda pro diversidad, se va a terminar ahogando.

Y ese, específicamente, fue el primer sentir en Evópoli, la tercera fuerza de la coalición gobernante, desde donde manifestaron sentir que con su presencia se le dio a la derecha, “después de 50 años”, la posibilidad de presentar un proyecto renovado, más liberal, más de centro y con mayoría social, aludiendo al 55% de los votos con los que se eligió al actual Mandatario. Desde el partido liderado por Hernán Larraín Matte insistieron en que la base que hoy sustenta al Gobierno sería mayoritariamente la que representa los valores democráticos y republicanos, por lo que señalaron no poder entender que se tenga que hacer el sacrificio, pensando en todo lo que le costó a la derecha “superar el pinochetismo”.

Cabe consignar que en la vereda ligada al oficialismo también se encuentra la Fundación para el Progreso, financiada por el controvertido empresario Nicolás Ibáñez, y que ya tuvo a dos de sus representantes siendo miembros del primer tiempo del Gobierno, como los exministros de Cultura, Mauricio Rojas, y de Educación, Gerardo Varela. Esta rama de los autodenominados miembros del “liberalismo clásico”, como se señala en la nota de El Mostrador “Fundación para el Progreso: los socios del Gobierno que más problemas han traído a Piñera”, responden a un perfil más duro y crítico del trabajo de la centroizquierda , pero también de la derecha, y que tiene como uno de sus máximos exponentes a Axel Kaiser, proclive a la vía del individualismo y la reducción del Estado.

En noviembre del 2018, el laboratorio Constitucional de la Escuela de Ciencia Política de la UDP realizó una encuesta que buscó responder "¿Qué tan liberal es este nuevo Parlamento?", un estudio que se realizó bajo el anonimato de los participantes. Una de las conclusiones que se pudo ver fue que el partido más liberal del Congreso es justamente Evópoli. Las razones detalladas apuntaron, en ese entonces, a que ninguno de sus miembros en el Parlamento estaba a favor de que las AFP sean estatales, tampoco, bajo ningún escenario, que sea el Estado el que administre los servicios públicos, y tampoco los naturales. En el escrito se destaca que, conjugando las dimensiones valóricas y económicas, el más liberal es el que hoy representa la tercera fuerza del oficialismo.

Desde Chile Vamos, sectores ligados a Renovación Nacional y también a la UDI, reconocieron en la maniobra realizada por el Gobierno una apuesta arriesgada, pero que tendría una explicación: Evópoli, como fuerza autónoma, aún no tendría el peso suficiente para escindirse de la coalición si así lo estimase, y que eso puesto hoy en la balanza con los “ladridos” de José Antonio Kast –en medio de las negociaciones para la definición de alianzas o pactos para las elecciones del 2020–, explicaría el riesgo que se corrió. Los mismos consultados añadieron que, si bien Evópoli logró en tiempo récord levantarse como partido, de igual manera la colectividad ha crecido a la sombra del Gobierno, que sus figuras son los rostros de la primera y segunda administración del Presidente Piñera, agregando no estar seguros de cuánto podría sustentarse su existencia fuera de la administración.

La estrategia opositora

Desde la oposición, pero más precisamente desde la Democracia Cristiana, es sabido el interés de las dos administraciones del Presidente Sebastián Piñera por acercarse al mundo de la falange a través de simbolismos, pero también de rostros, con los que ha buscado asentar su discurso de centro, de añoranza de la antigua Concertación, pero también de su relato de provenir de una “familia de clase media”, todo en el mismo paquete.

Si Piñera durante su primera administración logró sentar en su gabinete al exalcalde de Santiago, Jaime Ravinet, a cargo del Ministerio de Defensa, en esta segunda oportunidad inició su mandato con alusiones al ex-Presidente Patricio Aylwin, resaltando su espíritu de unidad, sumó a la exministra Mariana Aylwin a la mesa de Trabajo en Educación, y a la otrora primera dama Marta Larraechea en el Consejo Ciudadano de Personas Mayores.

Pequeños bloques que construyen puentes, afirmaron desde el interior de Palacio. Esa decisión es aquella que se imprime hoy en el llamado a ampliar Chile Vamos, y que también ha apuntado hacia el centro, a través del gesto que hizo el ministro de la Segpres, Gonzalo Blumel, de participar del homenaje que se hizo en el Centro de Estudios de Cieplan –ligado al mundo de la falange– a Edgardo Boeninger, figura emblemática DC. En la ocasión Blumel lo catalogó como un referente y recibió la vuelta de mano del exministro Alejandro Foxley, quien, por su parte, afirmó que veía algo de su propio legado en el actual jefe de cartera.

La posible expansión del centro de Chile Vamos también abarca a Comunidad en Movimiento y Progresismo con Progreso, de los ex DC Soledad Alvear y Gutenberg Martínez, y Mariana Aylwin, respectivamente.

Pero ante esta jugada, que la estaban esperando, desde la Democracia Cristiana señalaron tener la llave para evitar lo que sería considerado como una derrota ideológica de alto calibre. La estrategia diseñada, y en curso, apunta a lograr pactar con el partido Ciudadanos, que después de las escandalosas elecciones quedó cargo del exministro de Hacienda, Andrés Velasco, y cuya presidenta es Ignacia Gómez.

El objetivo estaría en conseguir hacer de Ciudadanos un portal donde los escindidos de la falange vuelvan a encontrar un espacio de convergencia, sin necesariamente tener que volver a firmar por la DC, pero que “vuelvan a su domicilio político”, y evitar al mismo tiempo la seducción de un mundo más arraigado a la centroderecha.

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