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¿Seremos gobernados por la inteligencia artificial?

por 14 julio, 2018

¿Seremos gobernados por la inteligencia artificial?
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Es difícil pensar en algún sector en donde la Inteligencia Artificial no influya o no vaya a influir. Hemos visto tecnologías que a través de esta herramienta están generando mejoras impensadas en industrias como el retail, la salud, el transporte o la educación, entre muchas otras. No cabe duda que lo que hoy es un tema de moda -sólo en EE.UU se han invertido más $12 billones de dólares en proyectos de inteligencia artificial en etapa temprana- pasará a ser parte de nuestro día a día en el futuro.

Sin embargo, aún no está claro cuál es el rol que cumplirá la inteligencia artificial en la política. ¿Ayudará a los gobiernos a tomar mejores decisiones o creará una democracia supervisada? ¿Nos permitirá eliminar la desigualdad o se generarán mayores brechas? ¿Creará nuevas y mejoras formas de cooperación o incentivará la competencia y el conflicto? Claramente es un tema que debe ser discutido en profundidad, sobre todo después de la experiencia del caso de Cambridge Analytica, donde quedó demostrado que a raíz de la información que compartimos en Facebook, la inteligencia artificial atentó contra la confianza y las libertades de las personas, usando su información para tratar de influir en su opinión referente a los candidatos presidenciales de EE.UU.

Sin embargo, es innegable que si se encuentra el equilibrio, los beneficios pueden ser mucho mayores, ya que sabemos que con el uso del reconocimiento de patrones, el análisis de imagen o el procesamiento del lenguaje, la inteligencia artificial puede resolver una multitud de problemas: desde asistir a profesores y a estudiantes en escuelas remotas, mantener la limpieza de las calles o detección de fraude fiscal, hasta estrategias de defensa y seguridad.

Lo que hace esta tecnología es que nos permite acumular datos de múltiples formas, desde cualquier parte del mundo y centralizarlos en un mismo repositorio para que sean analizados, lo que mirado desde un punto político nos ayudaría a mejorar el relacionamiento con la gente, entender sus necesidades concretas y entregar servicios personalizados.

Las decisiones no se tomarán únicamente en base a favores políticos, poderes individuales o conveniencia del gobierno de turno, sino que será el modelo de inteligencia artificial el encargado de determinar la mejor decisión basado en lo que dice la gente. ¿Será necesario tener políticos en 20 años más? En Nueva Zelanda, ya podemos ver al primer político virtual -”SAM”- que es capaz de recibir solicitudes y preguntas de cualquier ciudadano, y en base a estas generar una opinión objetiva en diversos temas.

Supongamos que estamos en el 2040 y se ha detectado una caída de la popularidad del presidente en la opinión pública. Un modelo algorítmico podrá analizar todas las variables para determinar formas que nos permitirían mejorar su imagen, y automáticamente ejecutará la que más beneficios traería: por ejemplo, una rebaja de impuestos. El presidente no ha hecho nada, sino que fue el software el que se encargó de satisfacer a los ciudadanos, entendiendo las implicancias negativas que podría tener su decisión, ya que su constante aprendizaje le permitirá encontrar el equilibrio perfecto.

Claramente, la gran discusión está en si es razonable dejar tales decisiones a una máquina que no tiene la capacidad de integrar a sus análisis habilidades blandas. Pero puede que ese momento llegue y el gran desafío será definir las variables que intervienen en el oficio político y traducirlas a un algoritmo, algo sumamente complejo.

Entonces, será el gobernante de turno quien tendrá que definir qué es lo político: ¿bienestar social? ¿democracia? ¿libertad? ¿poder? Es a raíz de esta subjetividad y de este componente humano que hoy en día la inteligencia artificial no cumple un rol claro en la política. Quizás aún estamos lejos de lograr que la gestión de “big data” reemplace a los políticos en la toma de decisiones de un país, pero también puede ser que estamos más cerca de un cambio de lo que creemos.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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