Publicidad
Día del Reciclador de Base: el eslabón indispensable que sostiene la economía circular en Chile Sostenibilidad

Día del Reciclador de Base: el eslabón indispensable que sostiene la economía circular en Chile

Publicidad

Mientras Chile avanza hacia metas más exigentes de reciclaje y reducción de emisiones, los recicladores de base son el primer eslabón del sistema. Reconocerlos, profesionalizarlos y fortalecerlos no es solo una política ambiental, sino una decisión estratégica para el desarrollo sostenible.


Cada 1 de marzo se conmemora el Día Internacional del Reciclador de Base, una fecha que recuerda a once trabajadores del reciclaje asesinados en 1992 en la Universidad Libre de Barranquilla, en Colombia. Más allá del homenaje, la jornada busca visibilizar el rol fundamental —y muchas veces invisibilizado— de quienes recorren barrios y ciudades recolectando, clasificando y valorizando residuos reciclables.

En Chile, su aporte es estructural: se estima que más de 60 mil recicladores y recicladoras de base operan a lo largo del país. Un 60% son mujeres y son responsables de gestionar cerca del 70% de los residuos domiciliarios que hoy se valorizan. Sin ellos, la economía circular simplemente no funciona.

De la informalidad al reconocimiento

Históricamente, el reciclaje de base ha estado marcado por la informalidad, la precariedad laboral y la falta de reconocimiento social. Sin embargo, el escenario ha comenzado a cambiar con la implementación de la Ley REP (Responsabilidad Extendida del Productor), que exige la inscripción en el Registro Nacional del Ministerio del Medio Ambiente como requisito para operar dentro del sistema formal.

Este proceso ha abierto una brecha: miles de recicladores aún deben avanzar en su formalización, capacitación y certificación de competencias laborales para poder integrarse plenamente a la cadena de gestión de residuos.

La certificación no es solo un trámite administrativo. Implica reconocer conocimientos adquiridos por años de experiencia, mejorar estándares de seguridad, abrir nuevas oportunidades laborales y fortalecer su posición dentro del sistema.

Certificación y acompañamiento: una oportunidad concreta

En ese contexto, programas como Vivamos Circular, impulsado por PepsiCo Chile en alianza con Kyklos y con el apoyo de partners como CCU y Walmart, han promovido durante cinco años procesos de acompañamiento orientados a la certificación de recicladores de base.

El programa contempla:

  • Formación inicial sobre el rol social y ambiental del reciclador.
  • Capacitación técnica junto a ChileValora y Bureau Veritas.
  • Apoyo en gestión documental.
  • Coordinación del proceso de evaluación.
  • Entrega de kits de seguridad.
  • Seguimiento para potenciar la empleabilidad.

Desde su inicio, más de 60 recicladores han logrado certificarse, y el programa se ha expandido a la Región de Valparaíso. Además, ha incorporado a personas con discapacidad cognitiva, quienes registraron 100% de asistencia y aprobación en las sesiones realizadas en el Centro Inclusivo R (CIR) de Kyklos.

Carlos Crisóstomo, uno de los participantes certificados, resume el impacto: comenzó como reciclador de materiales y hoy trabaja con residuos electrónicos. “He mejorado mi autoestima y siento mi contribución al planeta”, señala.

Durante 2025, Vivamos Circular también desarrolló asesorías dirigidas a agrupaciones de recicladores como Reciclaje Integral Start, Reciclaje We Küyen SpA, Cooperativa de Trabajo Concón Recicla, Reciclaje Clean Planet SpA y Silex, entregando herramientas para mejorar gestión, procesos operativos y sostenibilidad organizacional.

El fortalecimiento colectivo es clave: la economía circular requiere redes articuladas, no esfuerzos aislados.

La red más grande del país

Otro ejemplo del impacto estructural del reciclaje de base es el modelo desarrollado por Aceros AZA, principal productor de acero del país.

En 2025, la compañía fabricó 511 mil toneladas de acero utilizando chatarra ferrosa como materia prima. El año pasado, la chatarra reciclada superó las 640 mil toneladas, y un 23% provino directamente de su red de recicladores de base.

En solo cinco años, esta red creció de 5 mil a más de 20 mil recicladores a lo largo del país. Muchos de ellos venden el material recolectado en centros de acopio de la empresa, que luego lo procesa en sus centros de reciclaje en Antofagasta, Concepción, Temuco y Puerto Montt, antes de transformarlo en acero en su planta de Colina.

Para recicladoras como María Del Soto Aguayo, el trabajo permitió pasar de recolectar en triciclo a adquirir un camión propio. Manuel Ponce, otro integrante de la red, destaca que la certificación y el pago diario le dieron estabilidad y formalidad laboral.

Actualmente, AZA figura entre las cinco siderúrgicas más verdes del mundo según WorldSteel, con una huella de carbono de 0,24 toneladas de CO₂ por tonelada de acero producido, cifra hasta diez veces menor que el promedio global de la industria.

Publicidad