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Valor Empresario: Algramo, el emprendimiento social que busca terminar con "el impuesto a la pobreza"

por 12 julio, 2016

Valor Empresario: Algramo, el emprendimiento social que busca terminar con
José Manuel Muller y Salvador Achondo se abocaron a terminar con el denominado "impuesto a la pobreza", luego de constatar que las familias de bajos recursos que compran pequeñas cantidades de productos básicos en almacenes de barrio, pagan hasta 40% más que si lo hicieran por un volumen más alto en los supermercados. Para tal efecto diseñaron un sistema de máquinas dispensadoras y envases retornables que ya funciona en varias comunas.
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Fue una realidad que José Manuel Muller pudo vivir en carne propia: el alto precio que deben pagar en alimentación las personas que no tienen la posibilidad de hacer compras de volúmenes mayores en el supermercado y que deben recurrir a la adquisición de productos al menudeo en los almacenes de barrio.

En 2012, cuando era estudiante de ingeniería comercial de la Universidad Católica, se fue a vivir con un grupo de amigos a la comuna de La Granja y constató que la gente de menos recursos paga hasta 40 por ciento más por la compra de legumbres, arroz y detergente cuando los adquiere en pequeñas cantidades.

Esta problemática lo llevó a idear un modelo social que permitiera poner freno a esta situación, el que desarrolló finalmente junto a su socio Salvador Achondo, a quien conoció en un concurso de  la incubadora de negocios Social Lab que les aportó un capital de poco más de 70 mil dólares para partir. Fue así como nació Algramo, uno de los emprendimientos seleccionados en 2015 por el programa Valor Empresario, una mirada diferente, de BCI.

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Se trata de un sistema que trabaja directamente con los dueños de almacenes de barrio y que permite a los consumidores pagar un precio justo mediante un sistema de envases retornables y máquinas dispensadoras.

“Algramo comienza bajo una problemática, que bautizamos como el ‘impuesto a la pobreza’. Esto significa que cuando las familias compran en pequeños formatos, como un cuarto litro de aceite, medio kilo de arroz o un cuarto de azúcar, paga aproximadamente el 40% más que las familias a las que les alcanza para los formatos más grandes. Eso genera que las personas con menos plata estén pagando mucho más por productos básicos”, explicó.

Achondo complementó lo anterior, indicando que “el impuesto a la pobreza, en el fondo es la manera formal de decir ‘castigo’, porque es  un castigo en la medida que las familias no tienen otra opción de comprar de manera más barata. Ellos saben que están comprando más caro, pero no tienen alternativa de comprar el mismo producto en un formato distinto y a un precio más económico y justo. Están siendo castigados, sin elección”.

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Tecnología al servicio de la gente

Muller explicó que no fue fácil en un comienzo instalar las máquinas expendedoras en los distintos almacenes. De hecho, los propios locatarios debían primero convencerse de que el asunto no tenía letra chica y que efectivamente recibían una ganancia mayor. Los clientes, por su parte, sólo deben comprar los envases retornables para los distintos productos, que pueden obtener desde la máquina dispensadora, como en el mesón, con un sistema de envases retornables similar al que utilizan las bebidas gaseosas.

Algramo, por su parte, se encarga de reabastecer las máquinas que tienen  una capacidad de hasta 35 kilos por cada uno de los productos, que corresponden a arroz, porotos, lentejas, garbanzos, azúcar, puré deshidratado y detergente en polvo y líquido.

Empresa B

Algramo recibió una certificación como Empresa B que se otorga a las empresas que generan un triple impacto de carácter social, económico y medioambiental.

“Social, porque reducimos el costo de las familias; medioambiental porque redujimos la huella de carbono al no  utilizar más plástico; y económico porque somos una empresa que busca ser sustentable y al mismo tiempo entregamos un muy buen margen de ganancia al almacenero”, dice Achondo, quien destacó que ello llevó a que cambiaran los estatutos de la empresa. “Una empresa tradicional dice que está constituida para maximizar utilidades, en cambio la nuestra fue constituida para generar impacto social, esa es nuestra meta”.

Fondos de innovación

Algramo contaba en 2013 con 20 puntos de venta, los que se incrementaron a 100 en 2014, y a cerca de 400 en 2015. El sistema sentó sus bases en las comunas del sector norte de Santiago como Recoleta, Huechuraba, Independencia y Conchalí, y continuó en el último año en Quinta Normal y en otros sectores de la capital.

Para lograr esta expansión, además de los recursos que entregó  Social Lab, el emprendimiento ganó fondos de Startup Chile, y logró instalarse en Colombia gracias al fondo Semilla de Expansión de Corfo. En 2015 también se adjudicaron US$ 300 mil al obtener el primer lugar del concurso internacional The Venture que organiza Chivas Regal, en el que participan Startups de todo el mundo que utilizan sus negocios para generar un cambio positivo.

Internet para todos

Pero estos emprendedores no sólo están preocupados de aliviarle el bolsillo a los sectores más vulnerables al momento de comprar productos básicos. También lo hacen con el acceso a Internet a través de la empresa Alcom, la que también funciona en alianza con los dueños de almacenes. Ellos le venden a sus vecinos planes de prepago para navegar. Previamente deben adquirir una antena y un modem que instalan los técnicos de la empresa.

“Muchas veces nos damos vueltas en cosas súper sofisticadas que no tienen ninguna realidad. El arroz y los porotos se venden desde hace mil años, pero la forma con la que hay que llegar es con una crítica  a lo que está sucediendo, con un sentido de urgencia y con un sentido de realidad. No hay que inventar otro smartphone, no hay que inventar el nuevo celular, inventemos cosas que son mucho más simples pero que solucionen problemas reales”.

Y tienen éxito, porque se trata de sectores que las grandes firmas de telecomunicaciones han definido como zonas rojas en las que se declaran sin cobertura argumentando que presentan altas tasas de no pago y el robo de cables.

“Usamos tecnología Wimax que es antigua, pero la aplicamos con un sentido distinto. El acceso a Internet  es un derecho que la ONU declaró en 2012. No tener acceso a esta información pone a la gente dos peldaños debajo de la que sí tiene”, dice Achondo.

Y Muller agrega: “Le estamos dando Internet a familias que de otra manera no tendrían, porque hoy en día ya no es para hacer las tareas como lo hacíamos antes con el Icarito, sino que hasta las movilizaciones se preparan en Internet. Hoy tenemos a gran parte de las familias más pobres sin conexión. Cuando a ellos les demos Internet veremos cómo empieza a cambiar la situación”.

Emprendimiento y problemas reales

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José Manuel Muller, socio fundador junto a Salvador Achondo de Algramo y Alcom.

Muller está consciente de que el emprendimiento en cierta medida está “de moda” y que supieron aprovechar esa coyuntura. Sin embargo, cree que los nuevos emprendedores, más que preocuparse de buscar soluciones sofisticadas para maximizar sus utilidades, debieran enfocarse en resolver los “problemas reales” y cambiar un paradigma empresarial que arrastra la desigualdad desde hace medio siglo.

“La desigualdad, que creo que es el problema más grave que tenemos como país, no viene porque sí, es consecuencia de las  empresas que tenemos. Yo creo que las empresas hoy en día han empezado a incorporar temas sociales, pero como un anexo, no como un problema central y eso es hoy día lo que hace falta”.

Y sobre los emprendedores, afirmó que “muchas veces nos damos vueltas en cosas súper sofisticadas que no tienen ninguna realidad. El arroz y los porotos se venden desde hace mil años, pero la forma con la que hay que llegar es con una crítica  a lo que está sucediendo, con un sentido de urgencia y con un sentido de realidad. No hay que inventar otro smartphone, no hay que inventar el nuevo celular, inventemos cosas que son mucho más simples pero que solucionen problemas reales”.

Finalmente, considera que él es parte de una generación que está empeñada en materializar estos cambios estructurales. "Hoy en día Algramo no se entiende por sí sólo, sino como parte de una generación que, en nuestro caso se involucra en el emprendimiento, pero también hay otros que se meten en política, gobiernos locales, educación, etcétera".

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