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Machismo de cuello blanco

por 4 junio, 2019

Machismo de cuello blanco
Es necesario ampliar nuestra mirada y ver más allá de la versión troglodita del machismo, porque también es tremendamente violento que hombres influyentes sigan abusando y tomando decisiones que nos competen, en mesas de poder en las que aún somos minoría. Ninguna cuota de género va a funcionar si en la sociedad, y especialmente en las empresas, no trabajamos para que los hombres patrocinen el crecimiento y desarrollo de las mujeres.
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Mucho se habla del machismo obrero, de señores que gritan desde la construcción y dan miradas lascivas mientras mujeres de todas las edades caminamos por la calle. Hablamos del tipo que pasa en la bicicleta y te silva o incluso trata de darte un agarrón, pero del que no se habla es de ese machismo de cuello y corbata.

Porque hay un perfil de machista elegante que jamás va a caer tan bajo como para piropearte, pero que sí puede usar su influencia para destruir o evitar tu avance en la vida, en tus proyectos y en las organizaciones.

Desde Inspiring Girls, todas las semanas escuchamos testimonios de mujeres tremendamente capaces que se topan con este "machismo de cuello blanco". Hombres perpetuando y recordando que la posición adecuada para las mujeres es de sumisión: que sea ambiciosa pero no tanto, que demuestre su inteligencia pero no tanto, que ascienda en la empresa… pero no tanto, que emprenda… pero no tanto como para dejar de ser la mujer que la sociedad tiene tan idealizada.

Y ese es precisamente el machismo al que apuntamos desde nuestra organización, porque creo firmemente que para construir equidad necesitamos la participación de las mujeres y, aunque suene tan arcaico, el “permiso” de algunos hombres que se sienten nuestros padres probablemente.

Ninguna cuota de género va a funcionar si en la sociedad, y especialmente en las empresas, no trabajamos para que los hombres patrocinen el crecimiento y desarrollo de las mujeres. Un hombre comprometido con la equidad de género no va a considerar nunca que su esposa, pareja, amiga, compañera de trabajo, líder o subordinada es una amenaza para él. 

Si bien es cierto, en Chile recién estamos comenzando a implementar procesos de mentoría para que mujeres en cargos corporativos desarrollen mejores redes y competencias para ascender, aún es complejo implementar procesos mixtos.

Esto se debe a que hay una carga cultural implícita que nos hace pensar mal de las relaciones de trabajo de mujeres y hombres en la oficina, sobre todo si son a puerta cerrada.

Ninguna cuota de género va a funcionar si en la sociedad, y especialmente en las empresas, no trabajamos para que los hombres patrocinen el crecimiento y desarrollo de las mujeres. Un hombre comprometido con la equidad de género no va a considerar nunca que su esposa, pareja, amiga, compañera de trabajo, líder o subordinada es una amenaza para él.

Creo que es necesario ampliar nuestra mirada y ver más allá de la versión troglodita del machismo, porque también es tremendamente violento que hombres influyentes sigan abusando y tomando decisiones que nos competen, en mesas de poder en las que aún somos minoría.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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