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Cine unisex: las películas no entienden de género

por 5 abril, 2020

Cine unisex: las películas no entienden de género
El concepto de target (el objetivo de audiencia al que se dirige determinado producto) resulta siempre confuso. La idea de público objetivo, es decir, aquel que se prevé interesado en determinada película, tiende a asimilarse con la audiencia a la que finalmente llega una cinta. Pero los datos y, sobre todo, la realidad, suelen refutar las ideas preconcebidas.
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Uno de los ejemplos paradigmáticos de esta divergencia entre expectativa y realidad se encuentra en los años cuarenta. Por aquel entonces, se creyó que Soldado negro (1944, Stuart Heisler) era un documental útil exclusivamente para los ciudadanos afroamericanos, de manera que su proyección pudiera motivar a parte de su población a enrolarse para combatir en la II Guerra Mundial. No obstante, la intencionalidad de la productora pronto se vio superada por la realidad: Soldado negro fue un éxito de público y desbancó toda expectativa.

A quién va dirigida una película

En la actualidad, siguen vigentes los tópicos acerca del público ‘natural’ de una película dependiendo de su enfoque, de su temática o de su autoría. La norma parece dictar que las creaciones masculinas son el estándar, mientras que las cintas realizadas por mujeres están dirigidas al público femenino.

Curiosamente, se cree que el modelo general, léase masculino, también puede calar en los públicos minoritarios. Sin embargo, se supone complicado, casi imposible, el proceso inverso. Con este prejuicio no solo se incurre en un profundo error de base, presuponiendo que las mujeres, el 50% de la población, constituyen una minoría. También se limita el disfrute de estas películas a los hombres, al no dirigirse a ellos la promoción de las cintas con una temática más emocional.

Un estereotipo de género con una larga historia

De este estereotipo de género la psicología social ha dado cuenta desde hace décadas. En los años cincuenta, antes incluso de la revolución sexual, ya se conocían aspectos que actualmente parecen ignorarse. Estudiosos como Parsons y Bales detectaron sesgos vinculados a dimensiones prototípicamente femeninas o masculinas. Unas dimensiones que, no por casualidad, se mantienen a día de hoy.

Autores posteriores como Sandra Bem, en los setenta, o López-Sáez y Morales en los noventa, determinaron que las características asociadas a las mujeres eran eminentemente expresivas. Dentro de estas, agruparon rasgos como ser emocionales, afectuosas, compasivas o sensibles. Por el contrario, detectaron que los hombres estaban más frecuentemente asociados con rasgos instrumentales, los cuales incluían aspectos como ser competitivos, independientes, agresivos o combativos.

Lo más sorprendente de estas ideas es que, traducidas en términos de cinefilia, implican que las mujeres se sienten identificadas bien con el prototípico chick-flick, bien con dramas de trasfondo social o humano. En el lado opuesto se encontrarían las películas bélicas, violentas, de acción o thrillers, todas ellas destinadas a un público masculino. Sin embargo, ¿cuánta verdad hay en ello?

Las películas más taquilleras, infantiles

Las cifras indican que las películas más taquilleras de 2019 fueron, en orden de recaudación, Los vengadores: Endgame (2 797 millones de dólares), El rey león (1 656 millones), Frozen II ( 1 228 millones), Spider-Man: Lejos de casa (1 131 millones), Capitana Marvel (1 128 millones), JokerToy Story 4Star Wars: Episodio IX - El ascenso de Skywalker, y Aladdín (con algo más de mil millones), y Fast & Furious: Hobbs & Shaw y Star Wars: El ascenso de Skywalker (con alrededor de 800 millones de dólares).

De las diez cintas, seis son deliberadamente infantiles y, por ello, aptas para todo tipo de público y género. Lo realmente llamativo no es tanto su temática cuanto la autoría, eminentemente masculina.

El problema entonces no está en que las películas aborden géneros de acción, romance, thriller o drama, sino en el acceso de la mujer a la dirección de temáticas diversas.

Grandes presupuestos en manos masculinas

Como indica la directora Inés París “el motivo por el que tantas mujeres optan por hacer películas intimistas es por razones de presupuesto”. En general, los productores son poco tendentes a ofrecer grandes proyectos a mujeres, quedando ellas limitadas al reducto del drama intimista por motivos exclusivamente financieros.

Teniendo en cuenta que en 2018 solo el 14.3% de películas españolas fueron dirigidas por mujeres, y que de las diez películas más taquilleras de 2019 solo dos fueron realizadas por cineastas femeninas, encontramos un síntoma muy superior de desigualdad en el acceso a la dirección, que en la querencia de distintos géneros por parte de la audiencia.

Si esta disparidad se acortara, la diferencia entre las películas dirigidas por hombres y mujeres sería menor, así como el interés que puedan suscitar las cintas realizadas por cineastas femeninas. El dilema no radicaría entonces en si el público femenino siente querencia por películas como 1917 (bélica), Lemans'66 (acción) o Historia de un matrimonio (drama romántico), de los directores Sam Mendes, James Mangold o Noah Baumbach, sino por qué solo una directora, Greta Gerwig, pudo rodar una gran producción como Mujercitas o por qué Olivia Wilde no recibió ninguna nominación por una comedia como Súper empollonas.

Al margen de los estereotipos asociados al género, que dividen la sociedad entre mujeres emocionales y hombres orientados a la acción, sería necesario hacer una revisión de los postulados sobre los que se sustenta la industria y comprobar si, realmente, la cultura que consumimos parte de una situación de igualdad. Nos sorprendería el resultado.

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