viernes, 22 de octubre de 2021 Actualizado a las 13:05

Yo opino

Transformar el presente, soñar el futuro

por 10 octubre, 2021

Transformar el presente, soñar el futuro

Créditos Imagen: Anna Shvets/Pexels

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Es el lema de un grupo de niñas y mujeres soñadoras que buscan promover una ética del cuidado y el respeto mutuo, valorando la diversidad natural, social y cultural. Inspiradas por la conciencia del urgente cambio que como humanidad debemos hacer. Se llama Green Please for the Kids, fundación en la que mi hija y yo participamos hace varios años, en la que hemos aprendido a reciclar, a hacer huertas, a escuchar las experiencias y los sueños de otras niñas, a maravillarnos con la lucidez de la juventud. La claridad con la que distinguen lo que está bien para la comunidad y para sí mismas, de lo que las daña y pasa a llevar. Debe ser que aún sintonizan con su corazón, están conectadas con la naturaleza y son sensibles al impacto del amor en su entorno.

Que existan estas instancias, personas, grupos y colectividades nos da esperanza en tiempos en los que se polarizan las tendencias y nos encontramos con tantos discursos y acciones de odio hacia lo diferente; migrantes, diversidad sexual, pueblos originarios, etc. En estos días he visto con espanto como familias venezolanas son expulsadas de lo que han podido construir y llamar “hogar” sin ninguna compasión. Por mi trabajo, todos los días escucho relatos y soy testigo de la violencia de género. Durante el estallido social no podía creer que otra vez en mi país se violaran derechos humanos con total impunidad. Para qué hablar de persecución política a los mapuches y el atropello a la comunidad LGBTQ+.

Pensamos que la Pandemia sería suficiente para recuperar nuestra humanidad extraviada, pero al parecer no lo es. ¿Qué nos pasa?

Necesitamos indignarnos ante la injusticia, para hacer una revolución social que, como tantas otras, obligue a las autoridades a mirar, actuar, hacerse cargo de este problema que se llama violencia social y que afecta a tantas personas hoy día.

Creo que nos falta espiritualidad y no me refiero a religión, dogmas ni a ninguna institución que nos diga lo que debemos pensar, sentir o hacer. Hablo de esa experiencia en la que sabemos que somos parte de algo más grande, que estamos unidos por conexiones invisibles, que el otro es parte de mí. Nos falta humildad para reconocer nuestra pequeñez y simpleza. Estamos inflados de un ego capitalista y patriarcal que se piensa dueño y señor, que expulsa lo que no puede comprar, que desecha lo que le cuesta comprender, que reprime lo que no puede controlar.

Estamos desconectados de la existencia, llenos de temores, juicios y prejuicios, confundiendo las prioridades. Pensamos que la propiedad es más importante que la humanidad. Estamos viviendo un apocalipsis, en el que lo peor de nosotros sale a la luz, para que podamos verlo, hacernos cargo y transformarlo.

La espiritualidad no es otra cosa que conectar con el amor, la sensibilidad, el afecto, para volvernos más amables y respetuosos con nuestros hermanos, con la tierra que nos sostiene, con la vida que tanto nos ha dado.

Que despierten almas sensibles, se agrupen y den a luz instancias como la de estas niñas y mujeres, nos dice que no todo está perdido, pero que necesitamos ponernos en acción, encender la luz de la conciencia, disipar la oscuridad y decir no a todas las formas de violencia. Dejar que estas cosas sigan sucediendo y solo mirar como si el problema fuese de otro, esta pasiva indolencia es también parte del problema. Necesitamos indignarnos ante la injusticia, para hacer una revolución social que, como tantas otras, obligue a las autoridades a mirar, actuar, hacerse cargo de este problema que se llama violencia social y que afecta a tantas personas hoy día.

Cambiemos la historia, cambiando nuestra manera de relacionarnos con nosotros mismos, nuestra familia, comunidad y entorno social, cultural y natural.

Mi invitación es a conocer, participar y crear instancias, agrupaciones y colectivos que cambien las reglas del juego.

Les propongo una ética del cuidado y el amor, transformando el presente, soñando el futuro.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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