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Crédito: El Mostrador.
Violencia digital: cómo el odio en redes busca silenciar a las mujeres
Expertas advierten que el odio en redes sociales no es solo un problema tecnológico, sino una extensión de desigualdades estructurales que se amplifican en el entorno digital.
La violencia digital contra las mujeres se ha convertido en una de las expresiones más visibles de las desigualdades de género en el entorno tecnológico. Discursos de odio, amenazas, difusión de información privada y ataques coordinados forman parte de un fenómeno que especialistas describen como “tecnosocial”: una interacción entre tecnología y sociedad que amplifica prácticas discriminatorias ya existentes.
Laura Flores, experta en performance digital, tendencias digitales, data mining y Analytics, explica que “la violencia de género como fenómenos tecnosocial se refiere al resultado de la interacción entre la tecnología y la sociedad. No es sólo un problema tecnológico, ni únicamente un reflejo de las desigualdades sociales, sino que una combinación de ambos. Nos ayuda también a evitar la trampa del determinismo tecnológico, que es un error común cuando se analiza la ciberviolencia de género o cualquier otro fenómeno digital. Se trata de la creencia que la tecnología por sí sola es la causa o puede ser la solución del caso o del problema. Es una idea engañosa porque ignora el papel central de la sociedad en la forma en que se usa la tecnología”.
Odio en línea y mujeres con voz pública
Las principales víctimas de la ciberviolencia de género son mujeres activas políticamente o con presencia pública. Según datos de Naciones Unidas, en América Latina las mujeres con voz pública reciben un número exponencialmente mayor de ataques en línea.
Los mensajes suelen centrarse en el cuerpo, la apariencia o la vida privada, con el objetivo de desacreditar y desincentivar su participación. “El odio que se ve en Internet tiene el mismo objetivo en el mundo: Silenciar a las mujeres comprometidas políticamente”, señala la especialista.
La agresividad digital no suele enfocarse en el debate ideológico. “Una mujer raramente será trolleada por temas ideológicos. Lo primero que hacen es atacar su cuerpo, hablar sobre violencia física o sexual contra ella, atacar a sus hijos”, advierte.

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Gamificación del odio y “cazas de brujas” digitales
Entre las características más preocupantes del fenómeno está la llamada “gamificación del odio”.
“Cuando la ciberviolencia adopta dinámicas similares a las de un juego en línea. El acoso digital se transforma en una actividad con reglas, objetivos, recompensas, con la participación colectiva, lo que lo hace ser más atractivo para los agresores”, explica Flores.
Un ejemplo son las “cazas de brujas” digitales, donde se difunde información privada —práctica conocida como doxing— para incentivar ataques masivos. La filtración de direcciones, teléfonos o la creación de hashtags coordinados intensifican el acoso.
La política argentina Myriam Bregman ha señalado que no basta con resistir el odio en internet, sino que es necesario cambiar la narrativa para que las próximas generaciones puedan participar sin miedo.
Libertad de expresión y responsabilidad de plataformas
Uno de los debates centrales gira en torno a los límites entre libertad de expresión y violencia digital. “La mayoría de las democracias reconoce que la libertad de expresión no ampara violencia, acoso, ni incitación a la violencia, y muchas plataformas apelan a la libertad de expresión para evadir su responsabilidad en la moderación de contenido violento. Muchas veces se dice que denunciar la ciberviolencia es censura, pero es una distorsión, ya que no es la violencia no es un tema de censura, sino que de Derechos Humanos. Defender la libertad de expresión no significa permitir el acoso impune. Al contrario”, sostiene Flores.
El cuestionamiento también apunta al modelo de negocio de las redes sociales. El contenido polémico y los ataques generan altos niveles de interacción, lo que se traduce en mayor permanencia de usuarios y, potencialmente, más ingresos publicitarios. Según la experta, las medidas contra el acoso suelen aplicarse tarde o de forma inconsistente, salvo cuando existe fuerte presión política o social.
La violencia digital no surge aislada del contexto social. “Se habla de un continium de violencia, ya que la violencia en internet no surge de la nada. NO es in problema tecnológico, sino que una extensión, una ampliación y una transformación de la violencia que ya existe en la sociedad y los dos fenómenos se refuerzan mutuamente”, afirma.
El fenómeno combina discriminación de género en el ámbito político con el uso de herramientas digitales para amplificar ataques. No se trata solo de agresiones personales, sino de mensajes que buscan desalentar la participación femenina en la esfera pública.