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Escritor Francisco García Mendoza: “Sin contactos ni movidas, en este país, vas a seguir siendo un don nadie”

por 8 abril, 2020

Escritor Francisco García Mendoza: “Sin contactos ni movidas, en este país, vas a seguir siendo un don nadie”
Francisco García Mendoza (Santiago, 1989) es un joven escritor que aparte de tener nombre de gobernador colonial, es Profesor de Estado en Castellano y Magíster en Literatura Latinoamericana y Chilena de la USACH. Autor de las novelas Morir de Amor (2012) y A ti siempre te gustaron las niñas (2017), ambas publicadas por Libros de Mentira, donde también participó en la antología Ciudad muda (2015). Formó parte de otras dos antologías de cuentos Santiago en el ojo y Todo se derrumbó, de Santiago-Ander (2017 y 2018, respectivamente), cuyos cuentos, “aumentados y corregidos” aparecen en Grita que nadie te escucha (2020), su nuevo libro publicado por esta última editorial, que ha dado mucho de qué hablar en el último tiempo. 
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“Los niños no son ángeles ni seres asexuados, sino pequeños cuerpos habitados por una mente, una lengua”, Eugenia Prado Bassi.

“No siento dolor. No siento nada más que ruido y unas manos moviéndose, hurgando, abriendo, cortando, quemando grasa, cauterizando capilares. Olor a carne chamuscada. Huesos. Huesos machacados y reacomodados tratando de fijar una posición para proceder a rearmar desde ahí. El hueso es el punto de partida. El hueso es el comienzo de todo, el final de todo”, fragmento del libro.   

- ¿Cuál es el proceso creativo detrás de los cuentos que conforman Grita que nadie te escucha, considerando que muchos de estos fueron cambiando, tanto en su extensión como en sus títulos. ¿En qué momento dices: basta, se publica?

Partieron de la idea en un taller de escritura. Juan Pablo Sutherland sugirió el ejercicio de buscar alguna noticia en la sección policial y ficcionalizar a partir de ese hecho. Así nació uno de los cuentos. Otro surgió en el taller de Andrea Jeftanovic, un ejercicio sobre la obsesión con un determinado color y objeto. El rojo y la pelota del cuento de los niños que desaparecen. Me aferré a esos principios y así fueron apareciendo otras imágenes, otras posibilidades de ficcionalizar hechos de la crónica roja. Sobre la extensión y mutación, pienso que un texto nunca termina por agotarse. En un momento lo sueltas por desgaste emocional, porque no te da para continuar. Lo dejas. Que se vaya. Te duele. No lo quieres volver a ver. Es ahí cuando aparecen los editores.

-¿Cómo eliges el título de tus cuentos?

Por lo general es una frase. Una imagen. Una apelación a un lector imaginario.

Una niñez incómoda

-Uno piensa en antologías y piensa en Enrique Lafourcade (y por añadidura: la década del 50) como un espacio de difusión generacional de una nueva camada de escritores, como un trampolín, como un impulso inicial y no menos polémico. En este sentido, has participado en varias antologías con mayor o menor éxito, ¿qué has podido sacar en limpio? ¿Te ha ayudado a pulir tu escritura? ¿A generar visibilidad acerca de tu obra? ¿Qué piensas de las antologías en general?

De visibilidad nada. Con suerte me leen mis amigos. Las antologías sirven para eso, justamente para probar el ejercicio textual. Como dije, un cuento no se agota. Siempre queda abierta la posibilidad de mutar hacia otros lugares, otras fisuras explotables que el mismo texto es capaz de plantear. La antología ayuda a establecer una distancia crítica. Es una suerte de descanso, una separación traumática que obliga a reflexionar sobre el propio ejercicio de escritura. Las antologías quedan ahí, como objeto delator del crimen que fue publicar un cuento del que nunca estuviste tan seguro. Un cuento que hoy en día ya no es, del que reniegas y al que ojalá nadie nunca llegue.

-Hay un tema con la niñez, pero una niñez incómoda, problemática, ¿cómo se forja este interés? ¿Te da pudor que los lectores malinterpreten estas historias? 

Distanciarse de los personajes es articular una narrativa poco creíble. Funcional, pero fría. Conectar es esencial y uno siempre es sus personajes. Algo hay. Nadie parte escribiendo de la nada. Estoy consciente de que algunos cuentos tocan ciertos temas delicados. Ojalá me censuren. Ojalá incomoden. El interés por abordar la ficción desde la niñez me surgió desde otras lecturas. Andrea Jeftanovic y Eugenia Prado Bassi. Ambas con un manejo envidiable de esa perspectiva. Pero como dice la misma Andrea, ya desde un lugar más crítico, la voz infantil, que es siempre un artificio de un escritor adulto, permite adentrarse y explorar lugares que para los mayores permanecen vedados, inaccesibles si se quiere. Desde la perspectiva visual, mirar todo desde abajo, hasta el lugar simbólico que ocupan los niños en nuestra sociedad. Sujetos en formación, sujetos disciplinables. La sociedad adulta narrada desde esa altura menor es mucho más caótica, las reglas no son tan claras, y eso permite moverse con mayor libertad desde un punto de vista crítico y literario. Los niños no tienen los mismos filtros que tenemos los adultos. Los mismo se puede trasladar a la escritura.

-Abordas la relación padres-hijos, en particular madre-hijo y madre-hija, ¿cuánto de realidad y cuánto de ficción hay en esto? Pareciera que los roles parentales están bien trastocados.

No hay mucha ficción. Hay más bien cierta particularidad de la escritura. Todos los cuentos incluidos en Grita que nadie te escucha surgieron de hechos absolutamente comprobables en diversos medios de comunicación. ¿Cuántos hijos e hijas están siendo abusados en estos momentos por sus padres? Cientos ¿Cuántos solo en Chile? Muchos todavía. Los roles parentales siempre han estado trastocados, hay ciertos deseos que es necesario reprimir. Cuando niños queríamos casarnos con nuestra madre. En este libro me interesó adentrarme en esas zonas grises, en transición. Pensar un poco las tensiones entre sujetos subordinados y dominantes, fisurar el orden social representado por el mundo de los adultos.

La historia es fundamental

-Me llama la atención tu forma de narrar: simple, sin preciosismo retórico, con una descripción adecuada de ambientes y sensaciones, y zass embate lo cruel o lo monstruoso (por ejemplo, la violencia y el abuso infantil en No, mamita, nunca más y Suicida de pies mojados o en el mismo cuento que le da el título al libro), ¿cómo equilibras lo que dices y lo que dejas de decir? 

En la narrativa la historia es fundamental. Siempre nos han dicho que lo que prima en la construcción de una novela o un cuento es la articulación de un relato. Saber contar una historia. Sin embargo, ese núcleo, que de alguna manera funciona como columna de la narración, puede dejar de ser universal en la medida en que se le otorgue más protagonismo a la forma, al lenguaje. El estilo nunca es políticamente neutro. No me interesa seguir relevando la historia. Apunto más bien a la subversión de los márgenes, de la letra. Todo el mundo sabe contar historias y en mi escritura estoy tratando de ir más allá. Sigo explorando, por supuesto. Agotar el ejercicio narrativo a saber contar una buena historia me parece irrelevante en estos tiempos, poco interesante. Los tres libros publicados hasta el momento pueden leerse como proceso de exploración escritural. Todavía no estoy conforme con mi literatura. Me interesa seguir tensionando las posibilidades de la narración hasta llegar a un punto que, de alguna manera, me satisfaga.

-¿Por qué incluyes un epílogo explicativo y genealógico de los cuentos incorporados en este libro? 

Lo incluyo porque este libro es la culminación de un proceso que empezó en 2012. Con el primer taller al que asistí, con la primera novela que publiqué. Quería cerrar. No volver a escribir más cuentos. Porque me dolió, porque me agotó. Siempre es interesante pensar tus propias genealogías, tus orígenes. En este caso, articular mis influencias. El epílogo es un gesto. Para mí el mejor texto del libro es justamente ese, el que me deja expuesto.

-¿Qué tanto de guiño o plagio está presente en tu literatura, y en general, en toda literatura, al menos la chilena, considerando el epígrafe de Alberto Fuguet? 

En este libro de cuentos el plagio funciona como andamiaje escritural. No es plagio en la medida en que lo reconozco. Más bien es homenaje, develar un poco los procesos creativos, exponer mis propias experiencias estéticas y políticas en torno a la escritura. Fuguet dice que todo escritor es un copión, un groupie. Desde el colegio vamos acumulando lecturas y todas ellas, unas más otras menos, nos van construyendo como sujetos. Algunos tenemos la posibilidad de encauzarlas en la escritura y yo quise ponerlas al descubierto. Exponerme. Esa es la palabra.

-¿Los libros son como los ex o no son como los ex? 

Definitivamente. Cada vez que publico cierro una relación y comienzo otra. Literalmente se ha dado esa coincidencia con mis dos libros anteriores. 

-En una presentación hablaste de que debería existir una ecología del libro. Bajo esa lógica, ¿qué filtro debería haber? ¿Es justo que existan Juan Pérez escritor o Rodrigo Torres escritor? 

Dije que las editoriales debían pensar ecológicamente antes de publicar un libro, que, después de todo, son cientos de árboles los talados para sostener la circulación de libros que responden más bien a intereses del mercado. Estoy pensando en los libros que funcionan bajo esas lógicas y operaciones, de esos que Random y Planeta mandan a las librerías sin preguntar. Cajas y cajas que se acumulan para luego pedir las devoluciones y cobrar los extravíos. Tiene que ver con mercantilizar la ausencia, con la especulación, que es lo que finalmente sostiene al mercado. Hoy en día no es posible pensar al libro como un bien cultural, porque primero es un bien de consumo. La misma transición que supuso la neoliberalización de la salud o de la educación, por ejemplo. Libros hay para todos los gustos. Las grandes editoriales apuestan por la masa consumista; las independientes creen más bien en los proyectos. Da lo mismo si es Juanita Pérez, Joannes Lillo o Francisco García Mendoza. Sin contactos ni movidas, en este país, vas a seguir siendo un don nadie. 

 

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