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Libro "El sótano del Perro Vagabundo": memorias de la literatura rusa

por 14 junio, 2020

Libro
Esta obra contiene anécdotas jocosas llenas de alegría y admiración donde la hermandad era amplia: “Este sotanito ubicado en la plaza de Mijailovski, con pinturas de Sudeikin en las paredes, se volvió legendario gracias a numerosas anécdotas y recuerdos” escribe Georgy Adamovich.
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Si existe en el mundo un país desconocido e inexplorado, incomprendido e incomprensible para los demás países, este es, con respecto a sus vecinos occidentales, Rusia. Su literatura ha sido obstaculizada por el relato histórico y marginada de los movimientos del poniente. No obstante, antes del periodo revolucionario existía un bullicioso circuito artístico donde se discutían las propuestas estéticas, ideológicas de los escritores y escritoras. Es decir, la literatura iba a la par con el cotidiano y los festejos, por lo que había que defenderla la construcción literaria frente a otros autores críticos.

Es en este espacio en la que transitaban, mostraban y se exhibían los acmeístas, los simbolistas y los futuristas, los críticos literarios (que no eran pocos), los pintores, la gente de teatro, bailarinas, músicos y los cantantes. Ciertamente, en aquella época “vivíamos por entonces con la literatura en todo” afirma Boris Zaitsev, de igual modo, las polémicas eran analizadas, criticadas, y defensivas con el texto a mano.

Esta experiencia aparece en El sótano del Perro Vagabundo (Ediciones UACh, 2020) del mexicano Jorge Bustamante García (tiene a su haber seis estudios sobre la literatura rusa), recoge en 176 páginas las memorias de diecinueve notables artistas que conformaron la Edad de Plata rusa, y que convergieron en animadas fiestas los lunes, miércoles y sábado entre 1911 y 1915. Según registros fotográficos de la época, la afluencia de intelectuales repletaba el lugar, pero observamos que las sillas de las creadoras están en el centro de la confraternización. Así, en sus páginas encontramos a Marina Tsvetáieva, Sergéi Esenin, Máximo Gorki, Osip Mandelstam, Boris Partenak, Alexandr Blok, Mijaíl Bulgákov, Andréi Bieli, Isaac Bábel, Viacheslav Ivánov, Georgi Ivánov, Georgi Adamóvch, Boris Zaitsev, Kostantín Balmont, Nadeshda Teffi, Anna Ajmátova, Arthur Lurie, Igor Severianin, Vladislav Jodasievich, Ilyá Ehrenburg, Vladimir Mayakovski, Osip Brik, Velimir Jlébnik, Nikolai Rakitski, productores un tanto difíciles de encontrar en buenas traducciones.

Despierta al nochero, camina tres patios en completa oscuridad, pisa la nieve escarchada y siente el ardor del crudo invierno ruso en las mejillas con la gorra ushanka. Después, toma la izquierda, y si eres nuevo, acuérdate de bajar diez escalones para abrir una puerta que da al subterráneo de la denominada taberna de El perro Vagabundo entre la esquina de la calle Italia y la Plaza de Mijailovski de San Petersburgo durante la monarquía del zar Nicolás II. Hoy en día, aquel sitio intenta mantener el espíritu originario en la calle Plaza de Arte número 5 para el turismo literario.

El sótano contaba con tres áreas: el bar, otro lugar grande y el otro reducido. Hecho de ladrillo tiene una leve curvatura en sus extremos, el atosigante humo de los cigarrillos quedaba impregnado en las paredes y en las pinturas de Sudeikin, Belkin y Kulbin. Es en este espacio en la que transitaban, mostraban y se exhibían los acmeístas, los simbolistas y los futuristas, los críticos literarios (que no eran pocos), los pintores, la gente de teatro, bailarinas, músicos y los cantantes. Ciertamente, en aquella época “vivíamos por entonces con la literatura en todo” afirma Boris Zaitsev, de igual modo, las polémicas eran analizadas, criticadas, y defensivas con el texto a mano. 

Esta obra contiene anécdotas jocosas llenas de alegría y admiración donde la hermandad era amplia: “Este sotanito ubicado en la plaza de Mijailovski, con pinturas de Sudeikin en las paredes, se volvió legendario gracias a numerosas anécdotas y recuerdos” escribe Georgy Adamovich. En ese lugar, lleno de vitalidad y energía al son del alcohol y el canto aparecieron: el poeta futurista Filippo Marinetti, el poeta de Montparnasse Paul Fort, el músico alemán Richard Strauss, el poeta modernista Émile Verhaeren, por nombrar algunos. Además, una temprana Anna Ajmátova deslumbraba por sus poemas, dedicando “todos estamos aquí ebrios, perdidos” y “Sí, yo amaba aquellos encuentros nocturnos” al Perro Vagabundo. Incluso, el poeta simbolista Alexander Blok era bastante apreciado entre sus pares, aunque era el único que no visitaba el dicho tugurio.

Sin embargo, de lo bueno poco, pronto la primera guerra mundial disminuiría la afluencia de público, y enseguida, sería forzado a cerrar por venta ilegal alcohol. Otros espacios se intentaron abrir, pero sin la llama que caracterizaba la cantina. Sus dueños, entonces, caerían por la influencia de la guerra y posteriormente, por el proceso revolucionario.

Las crónicas del sótano del Perro Vagabundo, edición revisada y ampliada, es el tránsito por el inquietante mundo literario y que permite observar otra perspectiva a la Rusia pre-revolucionaria. Si bien la edición del volumen es limpia pues no utiliza, en exceso, el pie de página, ocurre una tremenda falta al no presentar referencias bibliográficas de la traducción sobre los mencionados autores.

Bustamante García, Jorge. El sótano del perro vagabundo. Valdivia, UACh: 2020.

Por Gonzalo Schwenke. Profesor y crítico literario.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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