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La necesaria reconexión con la naturaleza

por 24 junio, 2020

La necesaria reconexión con la naturaleza

Crédito: Nicolás Lagos Silva

Hace ya varios años en la ciencia se habla del concepto de la “extinción de la experiencia”, que no es nada más que esto mismo: la vida en la ciudad y la virtualización de la vida cotidiana nos ha hecho perder esa conexión profunda con los paisajes, los ecosistemas y especies.
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Entre las tantas cosas de las que esta pandemia nos ha hecho tomar conciencia, está la de que el bienestar humano se encuentra estrechamente relacionado con el bienestar de la naturaleza. Una sociedad como la actual, divorciada de su entorno natural, está destinada a seguir viviendo pandemias como la del coronavirus y otros efectos catastróficos de la crisis socioambiental y climática. Y como hemos sido testigos, nuestro sistema económico y estilo de vida actual nos empuja cada vez más lejos de los ríos, montañas, peces, anfibios y de toda la biodiversidad que nos rodea y de la que dependemos.

Sin duda la pandemia nos ha mostrado en la cara que esta desconexión no es natural. Hoy en día son muchas las personas que claman por volver a sentir la brisa en el bosque, meter los pies al agua del río o el mar, o simplemente contemplar un atardecer en la montaña. Y es que, a pesar de todo, nos estamos dando cuenta que tenemos una conexión intrínseca con la naturaleza, la misma que Edward Wilson llamó “Biofilia”, una conexión emocional que está metida en nuestros genes y de la que no podemos hacer la vista gorda.

Hace ya varios años en la ciencia se habla del concepto de la “extinción de la experiencia”, que no es nada más que esto mismo: la vida en la ciudad y la virtualización de la vida cotidiana nos ha hecho perder esa conexión profunda con los paisajes, los ecosistemas y especies. Hoy los niños que viven en la ciudad apenas reconocen un puñado de las especies que están ahí afuera, a pocos kilómetros de sus casas. Y esta falta de contacto directo con la naturaleza no se traduce solo en una escasez de conocimiento, sino que nos lleva también a una desconexión emocional con el entorno natural. 

Existe una frase muy conocida de un ecólogo senegalés, Baba Dioum, que dice:

“Al final conservaremos solo lo que amemos

amaremos solo lo que entendamos

entenderemos solo lo que nos enseñe” 

De la frase se desprenden tres conceptos fundamentales: enseñar, entender, amar. Nuestra sociedad se ha esforzado mucho (aunque no lo suficiente) en enseñar y entender, ambos procesos forzadamente racionales. Y digo forzadamente porque tanto la comprensión de nuestro entorno como la enseñanza debieran tener una cuota importante de emocionalidad. Pero para lograr el fin último, el de conservar, Dioum postula que debemos amar. Y es aquí cuando esta falta de emocionalidad en la enseñanza y la comprensión de nuestro entorno natural se hace evidente. Dioum nos invita a dar un salto gigantesco entre estos dos conceptos que hemos trabajado desde el ámbito de la razón, para luego llegar a algo que está estrechamente ligado al mundo de las emociones. ¿Y cómo logramos generar este amor por la naturaleza si estamos cada día más desconectados de ella?.

Sin duda la pandemia nos ha mostrado en la cara que esta desconexión no es natural. Hoy en día son muchas las personas que claman por volver a sentir la brisa en el bosque, meter los pies al agua del río o el mar, o simplemente contemplar un atardecer en la montaña. Y es que, a pesar de todo, nos estamos dando cuenta que tenemos una conexión intrínseca con la naturaleza, la misma que Edward Wilson llamó “Biofilia”, una conexión emocional que está metida en nuestros genes y de la que no podemos hacer la vista gorda.

Luego de la pandemia, un cambio radical es necesario. Necesitamos retomar esta relación con la naturaleza y enseñarla a nuestros niños. Nuestra educación cada día nos aleja más del entorno natural, generando desde temprana edad esta “extinción de la experiencia”. Nunca antes en toda la historia de la humanidad los niños habían tenido menos contacto con la naturaleza como ahora. Para dar una vuelta atrás es necesario un proceso de apropiación de la naturaleza: que la sintamos nuestra, que nos sintamos parte de ella. Y con todo esto, también cabe preguntarnos ¿Hoy en día, necesitamos más mentes brillantes, o más seres sintientes y conectados con la naturaleza?  

Nicolás Lagos Silva. Ingeniero en Recursos Naturales Renovables, Msc. en Áreas Silvestres y Conservación de la Naturaleza. Alianza Gato Andino (AGA). Sociedad Chilena de Socioecología y Etnoecología (SOSOET).

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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Envíada por Gloria Elgueta Pinto | 4 julio, 2020

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