CULTURA
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Gonzalo Serrano, escritor: “Nadie le preguntó al campesino peruano si quería ser liberado”
En su nuevo libro ¿Libertadores u opresores?, publicado por Editorial Universitaria, el historiador Gonzalo Serrano del Pozo revisita la intervención chilena en el Perú durante la Guerra contra la Confederación Perú-Boliviana (1837-1839), uno de los episodios más olvidados y más complejos del siglo.
En medio de un creciente interés por revisar críticamente los episodios menos conocidos del siglo XIX, el historiador chileno Gonzalo Serrano del Pozo (48) publica una investigación que ilumina uno de los capítulos más olvidados de la historia: la intervención chilena en el Perú durante la Guerra contra la Confederación Perú-Boliviana (1837-1839).
Doctor en Historia por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y académico de la Universidad Adolfo Ibáñez, Serrano lleva más de quince años dedicados a estudiar este conflicto y su impacto político, social y cultural en la región. Su nuevo libro ¿Libertadores u opresores? publicado por Editorial Universitaria busca acercar este episodio a un público amplio, dejando de lado el exceso de cita erudita para recuperar hechos anecdóticos, tensiones locales y perspectivas poco exploradas.
En esta conversación, el historiador propone releer la guerra desde una mirada crítica que desestabiliza narrativas nacionalistas, replantea el rol de las ocupaciones militares y conecta este conflicto con debates contemporáneos sobre soberanía e intervenciones extranjeras. Una invitación -dice- a volver sobre un pasaje que alguna vez fue popular y hoy permanece casi borrado del imaginario chileno.

—¿En qué medida la intervención chilena en el Perú entre 1837 y 1839 anticipa tensiones diplomáticas que aún persisten en la región?
—Más que centrarme en la parte del conflicto entre Chile y Perú, hay una relación de amistad y tensión permanente desde la época colonial en adelante. Y, como toda relación vecinal, tiene momentos buenos y momentos malos.
En el caso específico de la Guerra de la Confederación, que es el proceso que estudié, existe una tensión, pero no una tensión de carácter entre Estados nacionales, como ocurre en la Guerra del Pacífico, sino que, en realidad, podemos ver una zona o una región dividida en distintos bandos y con diferentes aspiraciones.
Por eso el Ejército Restaurador es una fuerza compuesta por el ejército chileno y por parte de algunos peruanos, y no un ejército chileno que pelea esta guerra.
—Usted plantea que la ocupación fue larga y silenciosa. ¿Por qué cree que este episodio ha sido relegado en el imaginario histórico chileno?
—Yo creo que ha sido relegado no porque sea poco importante, sino porque finalmente la Guerra del Pacífico terminó consolidándose como el principal hecho de armas.
Entonces, fue tan impactante en términos sociales, económicos y culturales que terminó absorbiendo muchos otros acontecimientos relevantes dentro de la historia de Chile. Por eso varios se olvidan de que 40 años antes de la ocupación del ejército chileno en Lima, eso ya se había hecho durante la Guerra de la Confederación.
E incluso hay personajes como Manuel Baquedano -que ha sido tan polémico- que participaron en ambas guerras, en una siendo muy joven, pero estuvo ahí, y fue clave después en la segunda ocupación.
—¿Hubo documentos especialmente incómodos o reveladores para la historiografía tradicional?
—No hay. Uno partía del supuesto de que iba a ser una ocupación bastante más violenta de lo que realmente fue. A mí me tocó revisar en el archivo de Lima y también en el archivo de Sucre, en Bolivia, y no, no es por hacer una defensa nacionalista, pero sí hubo una preocupación porque no ocurrieran excesos, como sí ocurrió durante la Guerra del Pacífico.
Uno de los testimonios más importantes que recojo a lo largo del libro son las crónicas del soldado Antonio Barrena, quien escribió después de la Guerra del Pacífico sobre su participación en la Guerra de la Confederación. Y claramente hay una crítica velada hacia cómo se comportaron las fuerzas durante la ocupación de Perú en la Guerra del Pacífico, en contraposición a este ejército de la primera guerra.
De hecho, hubo castigos ejemplares, por ejemplo, fusilamientos, por parte de los oficiales hacia aquellos soldados que no cumplieran con la regla oficial, que era mantener la disciplina y no involucrarse ni abusar del pueblo peruano.
—En el libro analiza abusos y tensiones entre tropas chilenas y poblaciones locales. ¿Cómo desestabiliza esto la narrativa nacionalista que suele enmarcar estas campañas?
—El punto no tiene que ver con que haya existido un abuso directo, humillaciones y ultrajes; hay situaciones muy particulares que fueron castigadas. Lo que trato de plantear aquí es que, para el pueblo peruano, durante gran parte de la primera mitad del siglo XIX, la experiencia fue la de estar constantemente siendo abusado por las distintas fuerzas que pasaban por ahí. Podía ser el ejército de Santa Cruz, que era boliviano, podía ser el mismo ejército peruano o el ejército chileno. A la larga, al campesino le da lo mismo cuáles son las ideas que están detrás.
Él ve que le queman la cosecha, que se llevan sus animales, que ocupan su casa. Entonces, no tiene que ver con una intencionalidad directa, sino con cómo la guerra termina haciendo la vida de estas personas mucho más miserable de lo que ya era, considerando las condiciones del mundo rural en el siglo XIX.
Además, hay una voluntad ideal de liberar a este pueblo, pero nadie le ha preguntado a ese campesino si quiere o no ser liberado.
—Desde su perspectiva, ¿qué similitudes encuentra entre este conflicto histórico y debates contemporáneos sobre intervenciones militares y soberanía en América Latina?
La principal similitud, o la constante que se da en estos casos, es que toda intervención se hace con el fin de “liberar” al pueblo de un determinado gobernante. Así vemos hoy la presión que está ejerciendo Donald Trump, con Estados Unidos, hacia Venezuela: el objetivo o la motivación declarada es la liberación del pueblo venezolano.
En el caso de la guerra de Chile contra la Confederación, también se plantea como una liberación; de hecho, en los discursos oficiales se habla de una liberación y se utiliza incluso el concepto de una “segunda independencia”. Pero eso nos lleva a un conflicto: ¿cómo se determina quién toma la decisión de que ese pueblo quiere o no ser, entre comillas, liberado o indemnizado?
Por lo tanto, es una constante que se da a lo largo de la historia y que podemos ver en distintas partes, y aquí tenemos un ejemplo más de ello.
—Usted ha investigado por más de 15 años la Guerra de la Confederación. ¿Qué cambio cree que debe hacer la educación chilena respecto a cómo se enseña este periodo?
Lo primero es volver a considerarla dentro de los planes y programas de estudio, de los que ha sido eliminada. Pero no por un afán nacionalista, sino porque es un conflicto que permite entender las complejidades que existen en la conformación de los Estados nacionales y también en las relaciones que tenemos con nuestros vecinos.
—¿Cómo dialoga este libro con el actual clima de revisión crítica de los nacionalismos del siglo XIX en la región?
Esto es algo que ya se venía realizando desde antes. Gabriel Cid, por ejemplo, escribió un libro sobre la Guerra de la Confederación y lo que hace es complejizar las dinámicas que existían en esa época.
Los Estados nacionales están en un proceso de formación; está en disputa el tema del patriotismo, y uno lo ve en muchas de las discusiones y en las fuentes que revisa: qué significa ser patriota, si hay que apoyar o no a un determinado bando según esa visión. Y un poco lo que se trata de hacer acá, más que poner en entredicho o contradecir, es complejizar. Esta guerra es bastante más difícil de entender de lo que muchas veces aparece en los manuales escolares.
—¿Qué invitación haría a las y los lectores para leer este libro?
La invitación es a revisar un pasaje que hoy en día es desconocido dentro de la historia de Chile.
Está pensado para un público general; se busca evitar la cita al pie de página, rescatar una serie de hechos anecdóticos, curiosos y llamativos, y volver a reencantar a la gente con esta guerra que hace un siglo fue sumamente popular, pero que hoy está olvidada.
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