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El camino de Paula Dinamarca a los Premios Goya: “Fui terca, siempre quise ser actriz”
“La Misteriosa Mirada del Flamenco” será parte de los Premios Goya, que se entregan este sábado, donde compite como Mejor Película Iberoamericana. En conversación con El Mostrador, la actriz cuenta cómo construyó a Mamá Boa, su personaje en la película de Diego Céspedes.
Paula Dinamarca, construyó su camino a contracorriente, dice que se transformó en actriz tarde, a los 32 años. “Fui terca, siempre quise ser actriz”, comenta. Llegó a la pantalla grande en 2013 como protagonista de “Naomi Campbel”, largometraje de Camila José Donoso y Nicolás Videla. En 2022 colaboró por primera vez con Diego Céspedes en el cortometraje “Las criaturas que se derriten bajo el sol”, hoy vuelve a trabajar con el realizador en “La Misteriosa Mirada del Flamenco”, película ganadora del premio Una cierta mirada en Cannes.
A menos de un mes de su estreno en salas nacionales, la película llega precedida de un amplio reconocimiento internacional: fue elegida como la “Mejor Película en Español del 2025” por The Hollywood Reporter y será parte de los Premios Goya, donde compite como Mejor Película Iberoamericana, y que se entregan este sábado en Barcelona.
Producida por Quijote Films, la película mezcla realismo mágico, drama y una estética de western moderno en pleno desierto de Atacama. Ambientada a comienzos de los años 80, la historia sigue a Lidia, una niña que crece en una familia queer marginada en un pueblo minero, donde una misteriosa enfermedad comienza a propagarse y se dice que se transmite con una sola mirada cuando un hombre se enamora de otro. En el reparto destacan Tamara Cortés como Lidia, Matías Catalán como Flamenco, Paula Dinamarca como Boa y Luis Dubó como Clemente.
Para la actriz, el reconocimiento de la película tiene un significado importante.
“Para mí como actriz es gratificante decirte que al fin este país está valorando un poco, no digamos del todo, sino que un poco el trabajo de los actores de la corriente natural, que está valorando también el trabajo de los actores pobres, el trabajo de los actores que no somos visibles ni que estamos en esta élite de artistas”.
“Y eso también se lo de debemos a la gestión del director y la gestión de la productora”, agrega.
“Hacer cine es complicado, hacer cine, hacer artes complicados, tratar de hacerte notar es complicado. Si te se pones a pensar todo hasta salir a comprar pan es complicado. Entonces, sobre todo en esta época, después del 11 de marzo, hasta salir a comprar pan va a ser complicado. entonces si seguimos como en esa misma ola de que es tan difícil todo, claro que todo va a ser difícil, pues”, afirma.
La memoria marica
“La película habla de memoria, pero de la memoria marica, de la memoria de la cual nadie quiere hablar. Esto es algo transversal, ni la extrema derecha ni la extrema izquierda quieren saber nada de los maricas, pero sí somos cuerpos mediáticos cuando ellos quieren conseguir algo”, enfatiza.
En ese contexto, la cinta aborda de manera implícita el inicio de la crisis del VIH. “La película habla de memoria, pero de memoria marica, de la memoria cuando comienza el VIH, cuando no se tenía absolutamente ningún recurso para poder saber de esta enfermedad que no se pega, pero se adquiere, que existe y ahí es cuando se habla de este realismo mágico que se se contagia con el solo hecho de mirarte de frente. Esto entrega muchos mensajes. O sea, la gente ya no se mira a los ojos. La gente prefiere mirar un teléfono”, agrega.
Dinamarca también propone una lectura sobre comunidad y afectos. “Yo creo que la película habla de ternura, habla de trabajo colectivo, habla de la unión que puede existir de las tribus elegidas, porque yo con la palabra familia no me caso”. Y profundiza: “Mi amor, yo no hablo de familia, yo hablo de tribu, hablo de grupo, hablo de colectivo”, sostiene.
Desde su experiencia generacional, es categórica. “Porque como yo soy una traba vieja y mañosa, a mis 48 años te puedo decir que mi época fue muy distinta a la actual. Nuestras familias fueron las primeras que nos renegaron. Nuestras familias fueron las primeras que nos hicieron el asco Entonces, ¿para qué estar repitiendo el mismo con familias escogidas? Nosotras somos tribu”.

Créditos: Quijote Films
Mamá Boa
La construcción de “Boa” fue un ejercicio de memoria personal y colectiva. “Yo armé a la mamá Boa en mi cabeza con todas esas travas que a mí me tocó conocer cuando yo estaba cabra, cuando yo empecé recién a vestirme y cuando nuestros espacios eran súper limitados, cuando era la época en la que nos echaban de todos lados, bueno, eso sigue existiendo, pero de manera más solapada, ¿no? Antes, era el portazo en la cara y fuiste buena. Entonces, armé la mamá Boa con toda esa furia travesti ancestral de muchas compañeras que ya están fallecidas, que las tengo en mi recuerdo y también un también en en la memoria de mi abuela”.
En ese sentido, cuestiona la representación de cuerpos trans en el cine, el arte y la sociedad en general.
“Siempre seremos cuerpos marginados, siempre seremos cuerpos excluidos y de eso la juventud, no sé de dónde sacaron esa estadística de que nos morimos a los 37, entonces yo tengo un pacto con el diablo porque voy en 48 y no me pesca ni el resfrío. Entonces también eso responde a otra victimización. Ya el tema de que eso de que te de que te puedas liberar y sacarte de encima la cosificación de que eres una víctima, porque de víctima no tienes ni la vez. Porque si ya tuviste el temperamento de envolver tus genitales con la ropa interior del género opuesto, es porque tienes el temperamento para comerte al mundo”, concluye.
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