Publicidad
Reconstitución de escena en “Crónica de una muerte obrera”, de Joaquín Rodríguez CULTURA|OPINIÓN

Reconstitución de escena en “Crónica de una muerte obrera”, de Joaquín Rodríguez

Publicidad
Gabriela Aguilera Valdivia
Por : Gabriela Aguilera Valdivia Escritora y tallerista.
Ver Más


“Apenas tenía veintidós años y parecía mucho mayor por su entrega y aprendizaje. Poco a poco fue subiendo de categoría, pasó de ser jornalero a ayudante de maestros, pero él quería ser y saber más”.

El libro de Joaquín Rodríguez es (como lo anuncia su título), una crónica, lo que le permite al autor escribir desde su propia perspectiva a partir de noticia o de la investigación del registro. En este caso, se trata del asesinato de José Ricardo Ahumada Vásquez, un obrero alcantarillero que cayó en una manifestación política convocada por la CUT, el 27 de abril de 1973.

Militante de las Juventudes Comunistas, José Ricardo, el “Rucio”, se levanta en la escritura de Joaquín Rodríguez como un personaje épico. El autor, sin ser testigo presencial, parece serlo, puesto que reconstruye lo ocurrido a partir de los documentos: certificados, entrevistas, notas de prensa, informes, fotos, etc. También están las conversaciones con la viuda, la familia y amigos que el autor realiza de manera directa, obteniendo datos invaluables y veraces.

El lector presiente que al hacer ese camino, el autor llega a admirar a la persona devenida en personaje, valora su andar político, su conciencia, su limpidez. El lector siente que el autor vive esas emociones y sentimientos, la ternura, el dolor de la pérdida, esa tristeza impotente ante la impunidad y la ausencia de la verdad.

Es una narración que informa acerca de los hechos ateniéndose al registro con el que cuenta el autor, con claridad y sencillez. Pero además, consigna elementos valorativos que atraviesan el relato y la cronología, para ir más allá del caso de José Ricardo, de modo que el lector piense en cada una de las personas que fueron asesinadas en circunstancias semejantes.

Es un relato sin pretensiones estéticas, aunque es posible constatar la existencia de metáforas, los insertos poéticos propios del autor y los fragmentos de la canción de Víctor Jara que ensamblan tan bien con quien fue José Ricardo. Tan bien, que el mismo Víctor Jara, en una presentación en Perú, habló de él y le dedicó la canción “Cuando voy al trabajo”, dato que queda dando vueltas en la mente aun cuando se ha terminado la lectura.

El libro cuenta con un prólogo que sirve para contextualizar y para introducir. Luego, hay cuatro capítulos titulados y un epílogo.

Los tres primeros capítulos dan cuenta de la biografía de José Ricardo e incluyen fotos de distintos momentos de su vida. El cuarto, subdividido en cinco apartados, detalla las circunstancias en que ocurrió su asesinato, la pesquisa que realizaron las instituciones del Estado y suma la investigación de Joaquín Rodríguez y sus conclusiones.

La lectura inicia por el final, precisamente recordando las palabras de Víctor Jara en su presentación en Perú. Luego da un salto al pasado para enmarcar el nacimiento de José Ricardo, sus primeros años en el panorama del país y algunos sucesos mundiales de importancia.

La biografía está construida a partir de los datos ya explicitados y algunas anécdotas obtenidas en las entrevistas que Joaquín Rodríguez realizó a los cercanos. Es así como el lector conoce las vicisitudes de la vida familiar de José Ricardo, de sus afanes y penas, el dolor por la pérdida de su madre siendo un niño pequeño, el abandono paterno, el hambre. Y posteriormente, el encuentro con amigos y familia que lo acogieron y cuidaron, sus inquietudes acerca de la inequidad, la injusticia y las ansias de hacer algo, de colaborar para hacer de Chile un mejor país para todos y todas.

José Ricardo era un tipo especial. Tal vez el sufrimiento le llevó a la sensibilidad, a la delicadeza de sus acciones, que lo hicieron tan querible, tan valorado. Le gustaba leer, quería aprender, saber más. Uno de sus amigos cuenta que unas semanas antes de su muerte, compró el libro “Pisagua”, de Volodia Teiltelboim, un libro que ansiaba tener. Lo llevaba con él el día de su muerte y se lo entregaron a la viuda, ensangrentado y junto a su última liquidación de sueldo.

Luego del recuento de la vida de José Ricardo, el autor, valiéndose del registro del que dispone, nos ubica en el momento y el lugar de la manifestación en la que fue asesinado el protagonista de esta historia. José Ricardo participaba en un mitin convocado por la CUT y camino a la Moneda, se halló en medio de una escaramuza con militantes democratacristianos, que desde la azotea del edificio donde estaba su sede, lanzaban piedras a la multitud, que les respondía desde abajo. Joaquín Rodríguez, usando los informes de los investigadores de la época, reconstruye la escena e hipotetiza acerca de quien habría sido el responsable de la muerte de José Ricardo.

Este trabajo es especialmente interesante, puesto que se adjuntan fotos de documentos y fotos del lugar, así como versiones de los testigos (porque los hubo), que hablan de un joven “…de pelo negro, patillas largas que vestía un chaquetón azul…”, quien corrió y se parapetó en el monolito a José Miguel Carrera en el bandejón central de la Alameda. Desde ahí lo vieron disparar. Sin embargo, nadie pudo reconocer a este tirador ni tampoco identificar el tipo de arma que usó.

La despedida a José Ricardo reunió a miles de personas. Las floristas, en el acto ritual de homenaje, lanzaron pétalos de flores al paso del cortejo y Gladys Marín habló destacando a este joven trabajador asesinado.

El caso se archivó, como tantos otros y la impunidad cerró el paso a la verdad y la justicia. El asesino de José Ricardo Ahumada Vásquez anda suelto o quizás ya esté muerto. Como sea, el libro de Joaquín Rodríguez trae al presente los hechos y los inscribe en la memoria colectiva que nos pertenece.

Ficha técnica:

“Crónica de una muerte obrera”, de Joaquín Rodríguez, editorial Forja, Santiago, junio 2025, 94 páginas.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
Publicidad