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OPINIÓN

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Propuestas para un salto adelante

por 24 diciembre, 2019

Propuestas para un salto adelante
Sostengo que la gran mayoría de los chilenos –todavía sin expresarlo articuladamente– desea un país con capitalismo de mercado, pero más solidario, menos voraz, sin oligopolios o monopolios, a menos que estén severamente regulados y con elevados componentes de protección social. En otras palabras, los chilenos queremos mayoritariamente navegar en dirección al desarrollo del norte de Europa, Canadá o Nueva Zelanda, es decir, con diversos sabores de capitalismo socialdemocrático, dentro de los cuales tendremos que obligadamente desarrollar nuestra propia versión con sabor a vino carmenere –la única cepa nacional– y mote con huesillos.
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(Aclaración previa: hacer propuestas para Chile en esta compleja situación no se puede reducir a una paginita de consignas. Este texto tiene seis páginas, y si siente que no tiene el tiempo o la paciencia, es preferible saltárselo. Creo que ha llegado la hora de las discusiones serenas y meditadas.)

¿Quedarnos en el barro de la mediocridad, o recuperar una visión de futuro y dar un salto para “salir jugando”? Chile está en un momento de gran incertidumbre para esta revolución socialdemócrata de la ciudadanía contra las élites políticas y económicas, que han generado nuestra profunda inequidad de ingresos y oportunidades, individualismo extremo y abusos varios, por los últimos 40 años. Mi amiga Evelyn Matthei está instalada en el pesimismo galopante, “ya nos fregamos” , dice. Espero refutarla con propuestas concretas y lo más documentadas posibles acerca de cómo dar el salto adelante.

Salvo en las mentes de los PC, de algunos FA, o de los aterrados JAKastistas y UDIólogos, esta NO es una revolución marxista, “chilezuélica”, o populistamente “argentínica”. El propio Presidente Piñera no parece concebir ni entender que, entre su creencia cuasi religiosa en el neoliberalismo extremo, y Chilezuela, puedan existir otros modelos posibles de desarrollo. No es de extrañar que un eje comunicacional clave de su campaña presidencial fue precisamente esta odiosa palabra.

Los chilenos creemos mayoritariamente en el esfuerzo individual como la principal manera de prosperar. Así lo muestran muchas encuestas. El estudio PNUD 2017 señaló que: “el alto valor del mérito y la importancia de las credenciales educativas en el progreso individual se contrastan con la relativa menor importancia de un principio de solidaridad en el discurso público”.

Sostengo que la gran mayoría de los chilenos, todavía sin expresarlo articuladamente, desean un país con capitalismo de mercado, pero más solidario, menos voraz, sin oligopolios o monopolios a menos que estén severamente regulados, y con elevados componentes de protección social. En otras palabras, los chilenos queremos mayoritariamente navegar en dirección al desarrollo del norte de Europa, Canadá, o Nueva Zelanda, es decir, con diversos sabores de capitalismo social democrático, dentro de los cuales tendremos que obligadamente desarrollar nuestra propia versión con sabor a vino Carmenere, la única cepa nacional, y mote con huesillos.

Eso es exactamente lo que los chilenos demandan al exigir – esta vez golpeando la mesa - mejor salud pública, mejores pensiones, educación pública gratuita y de calidad, mejores salarios, menos delincuencia física pero también menos delincuencia de cuello blanco, y autopistas sin peajes como en Suecia, aunque olvidan que la carga tributaria de aquel país es el doble que la nuestra. No estamos pidiendo la propiedad estatal de todos los medios de producción, pero a la vez, no queremos que algunos grandes monopolios u oligopolios sean dueños a perpetuidad de nuestros recursos naturales o del manejo de los fondos de las AFP, que en realidad son otro “recurso natural”. Tampoco queremos concentraciones aberrantes del ingreso y el capital en muy pocas manos.

Esta es la misma mayoría silenciosa que mira – miramos - con horror las insensatas violaciones de DDHH de los Carabineros, y también los incendios, saqueos y violencia desquiciada que se observa, a estas alturas con regularidad preocupante, en las calles de Santiago, con o sin manifestaciones, con o sin narcos en sus territorios “ocupados”.

Aclaremos que, a la vez, ésta también es la misma mayoría silenciosa que sigue apoyando o participando en las manifestaciones, huelgas o marchas pacíficas, hasta que a la elite “le caiga la chaucha” de que su modelito neoliberal extremo made in Chicago ya está agonizando aunque todavía se resista a morir. En la encuesta CADEM de la 1a semana de Diciembre, las mayores preocupaciones de la gente, con más de 60%, fueron:

  1. Que decaiga la movilización y nada cambie realmente.
  2. Que la economía chilena caiga en recesión.
  3. La violencia de los manifestantes.
  4. La forma como actúa Carabineros.

Nada fácil lo que pide la gente: que sigan las movilizaciones, pero sin violencia de parte de manifestantes y policías, y al mismo tiempo tranquilizando a los pequeños, medianos y grandes empresarios de modo que retomen sus actividades y no caigamos en recesión.

De igual manera, más de la mitad de la gente vio como positivos, con más del 50% de opiniones, los siguientes anuncios:

  1. El paquete económico por US$ 5 mil millones anunciado por el gobierno para enfrentar los efectos económicos que ha generado la crisis.
  2. La condonación del 80% de las deudas y multas cursadas a conductores por no pago del TAG de las carreteras. (En mi opinión, la eliminación total del TAG sería hoy una medida populista a favor de automovilistas de clase media y alta, y regresiva para los más pobres.)
  3. El bono de 100 mil pesos promedio para más de un millón de familias.
  4. El aumento del pilar solidario de pensiones en un 50% de forma gradual hasta el 2022.

Estos son pasos positivos, pero que están muy lejos de solucionar los problemas de la gente. Forman parte de la estrategia de La Moneda de ir de a poco dando un poco de “alpiste para el loro” en su esperanza de que la situación se descomprima gradualmente y esta pesadilla se les acabe. No quieren creer ni aceptar que van a tener que anunciar tarde o temprano un nuevo aumento gradual de los tributos para el pacto social, cosa que la mayoría de los propios empresarios están dispuestos a hacer. Eso sería para nuestro creyente Presidente Piñera el equivalente a atentar contra la Virgen de la Iglesia de San Milton Friedman, sacrilegio puro.

Hay otros datos muy relevantes para comprender la situación actual: la información de Fiscalía en cuanto a que, en los meses de Octubre y Noviembre, desde el inicio del estallido, la cifra de personas que pasaron por audiencias de control de detención y que acabaron siendo formalizados es de nada menos que 20.217, con 1.957 en prisión preventiva. Asimismo, se han abierto 2.670 investigaciones penales contra las fuerzas de seguridad por presuntas violaciones a los derechos humanos, entre las que se encuentran lesiones por armas de fuego, torturas, violencia sexual y la comisión de graves lesiones por el empleo de escopetas.

En suma, la Fiscalía ha estado más activa de lo que muchos creíamos, se ha detenido y formalizado a un gran número de violentistas – lo cual puede explicar en parte el importante descenso reciente de su actividad – y el desprestigio de Carabineros ya está completamente avalado, no solo por 4 informes internacionales, sino por el sistema chileno de persecución penal. Las instituciones a veces SI funcionan. Aplausos para los Fiscales, incluso cuando paran en seco a La Moneda en sus afirmaciones. El Fiscal venezolano ya estaría encarcelado por insubordinación a Maduro.

Entonces…

¿Qué hacer?

La situación actual es endemoniadamente compleja y peligrosa, tanto así que un escenario muy posible es que Chile, aun con nueva Constitución, inicie un proceso de deterioro progresivo por muchos años; de mediocridad rampante; con universidades capturadas por alumnos aun más mediocres pero hábiles operadores del asambleísmo; con decrecimiento económico sostenido; caída en la inversión y el empleo; deterioro urbano en las grandes ciudades; un deterioro aun más profundo del sistema político que incurriría en una propuesta populista tras otra; con el matonaje y la funa política como práctica cotidiana en el Congreso, las universidades y las redes sociales, y con “el que baila pasa” en las calles; con réplicas periódicas del terremoto de violencia urbana que estamos viviendo; y narcos que en esta pasada, si es que no lo planearon u organizaron al inicio, a lo menos se “subieron por el chorro” de los desmanes y podrían terminar adueñándose de cerca del 20% del territorio habitado, con su secuela de corrupción a niveles nunca vistos, de policías, fiscales, políticos, jueces, militares y empresarios que les colaboren por la fuerza del dinero o de las amenazas.

Si alguien cree que exagero, recuerde lo que significó para Colombia el narco máximo, Pablo Escobar Gaviria, o bien lo invito a darse una vuelta por México, donde ya quedan pocos territorios libres de esta pesadilla de violencia. No vamos a llegar nunca a ese nivel, por su cercanía con EEUU, el principal mercado, pero ya tenemos bandas internacionalizadas que importan, manufacturan y exportan cocaína y drogas sintéticas. Ya han caído un concejal de RN, un alcalde PS, y hay carabineros involucrados. El sueño dorado de los narcos es aliarse con alcaldes para lavar dinero. Ya se detuvieron además dos containers con armas ligeras en la primera quincena de octubre, justo antes del primer estallido. Curiosa coincidencia.

En suma, este escenario negativo se expresaría como una regresión a los peores rasgos de América Latina en materia de mediocridad, populismo, vaivenes económicos, violencia y delincuencia, una cruza entre lo peor de México, Venezuela y Argentina. Chimexargezuela. De nuestro sueño de algún día alcanzar el desarrollo, podríamos irnos olvidando, como afirma con certeza absoluta la alcaldesa de Providencia.

¿Está todo perdido? No! Aun hay patria ciudadanos, aunque la posible solución es muy multidimensional, compleja y difícil de lograr. Requerirá de sangre, sudor y lágrimas como dijo Mr. Winston C. En la jerga de políticas públicas, Chile está frente a un wicked problem, o problema maligno, en que interactúan múltiples causas, cada una con consecuencias que empeoran a otras de las causas en un círculo perversamente vicioso. La experiencia mundial es que para estos casos no hay bala de plata posible (la renuncia de Piñera, una nueva constitución, etc.) sino que es necesario un conjunto articulado de acciones en a lo menos ocho dimensiones:

  1. Las manifestaciones ya lograron correr el cerco a niveles impensables hace tres meses, con una reforma tributaria re-reformada recientemente, mejoras a pensiones y salarios, proceso constituyente (reguleque), otros anuncios promisorios en materia de salud y medicamentos, y algunas señales anti-abusos (aunque faltan las verdaderamente importantes: cárcel para todas las ratas y no solo algunas; y Registro de Dueños Finales de empresas para evitar grisáceas “cascadas” de dueños). Sin embargo, el pacto social es aun muy insuficiente y el cerco debe correrse mucho más. Debemos denunciar las falacias de la derecha de que esto no se puede ni debe profundizar. Chile tiene una deuda pública de 32% del PIB, vs. Dinamarca y Noruega de 47% y 45%, con cargas tributarias el doble de las chilenas. ¿Porqué inventan que esta deuda o esta tributación sería sacrílego aumentarlas en un momento como el actual? Hay que convencer “por la razón o por la fuerza de las movilizaciones pacíficas” a la derecha dura, que hoy incluye a Piñera y su segundo piso, para que acepten modificar significativamente su modelo made in Chicago para convertirlo en made in Ottawa o Copenhagen. Si Piñera sigue escuchando a sus Larroulets y UDIólogos en lugar de sus Desbordes, Ossandones o Briones, estamos todos fritos, comenzando por el mismo, ya que en un próximo estallido es posible que tenga que agarrar sus maletas y partir igualito que Evo Morales. Esa sería una verdadera paradoja del destino, encontrarse ambos en algún elegante hotel argentino. El documental se llamaría: “De La Haya a Buenos Aires en un año”.
  2. Ya es indesmentible: 2670 investigaciones penales confirman que aquí hay serias responsabilidades políticas, procedimentales y administrativas sobre violaciones a los DDHH. Hay que intervenir urgentemente Carabineros, en profundidad, haciéndolos además verdadera y no cosméticamente subordinados al poder civil, para que puedan recuperar su credibilidad frente a la ciudadanía y así permitirles actuar como la ley lo exige frente a la violencia, con respuestas auténticamente proporcionales al nivel de la agresión. Con Rozas a la cabeza ya no queda posibilidad alguna, habría que sacarlo ahora mismo. Con la dañada imagen institucional actual, refrendada por cuatro investigaciones internacionales, lo único que se logrará es continuar justificando los actos de los violentistas a los ojos de los ciudadanos y del mundo entero. Que los expertos nos digan cómo reorganizarlos, y que el gobierno cese de defenderlos como si fueran niños que se pueden ofender. Recordemos eso si que, aunque en el extremo haya 2670 carabineros condenados por estos graves delitos, el total nacional de carabineros y carabineras supera los 50 mil. Por cada carabinero desquiciado, hay 19 pagando las consecuencias en su imagen, con sus familias sufriendo funas, con su cuota de heridos por molotovs y pedradas, y en el desánimo total. Una de las instituciones más respetadas de Chile colapsó en su imagen a ojos de la ciudadanía en tan solo dos meses.
  3. Hay que separar completamente, en la realidad física pero también en la percepción ciudadana, la manifestación pacífica del acto violentista. No habrá manera de reconstruir la paz, concordar una nueva Constitución, o detener la caída económica y de la inversión, mientras la violencia nihilista persista en nuestras calles, y que esta violencia se siga montando en el chasis de las marchas pacíficas para dificultar su contención y captura. ¿Qué los detiene hoy si quieren re-incendiar las estaciones de Metro, los bosques, o seguir saqueando supermercados? Es necesario continuar deteniendo y encarcelando con aun mayor efectividad a los violentistas que persistan en su agresión, dentro de los protocolos legales y sin violación a los DDHH. Como lo he señalado antes, ellos no aterrizaron desde Marte, es nuestra sociedad la que los incubó. Los jóvenes violentistas de hoy se encontraron con una causa y una épica que por primera vez en sus vidas les da un sentido de existir y una afinidad grupal, luego no van a parar por muchos acuerdos constitucionales o sociales que se anuncien, y no escucharán razones. Están quemando un país que sienten que no les perteneció nunca.
  4. Mandar a estos violentistas a las cárceles convencionales sólo garantizará que vuelvan a las calles, más temprano que tarde, con violencia y rabia triplicadas. Aunque suene contradictorio, son ellos los que más han sufrido desde su infancia hasta el día de la explosión. Hay que constituir una Comisión de Verdad y Reconciliación para todos los damnificados en esta guerrilla urbana, sean ellos pymes, carabineros, o violentistas. Imagino para estos últimos, en vez de la cárcel convencional, una figura rural tipo cárcel-granja-liceo técnico, por cara que sea, con apoyo siquiátrico, de asistentes sociales y profesores, para que puedan retornar a la sociedad con posibilidades reales de reinserción laboral. Debe también formularse a la brevedad un Plan Nacional de Reinserción Juvenil, con muchos recursos y un gran profesionalismo. Recordemos que, mucho antes de este estallido, los datos ya eran amenazantes: Chile es un país que enferma a sus niños. 26% sufre violencia física o sexual grave en el hogar; 20 mil sentencias condenatorias a adolescentes por año; 47% de la población penal inicia su carrera delictual a los 13 años; y la prevalencia total para cualquier trastorno psiquiátrico + discapacidad psicosocial en niños y adolescentes es de 22,5%. Esto equivale a 1.2 millones de niños, niñas y adolescentes con patologías severas! Los dramas e insuficiencias del SENAME son la mera punta del iceberg. Muchos de ellos pasaron después a ser, no únicamente violentistas, sino también policías desquiciados con una escopeta en la mano. El país estaba y está sentado arriba de un volcán de violencia, que hoy estalló y puede seguir estallando. Decir que somos un país pacífico es casi un chiste: matanzas como las de Santa María de Iquique, el Seguro Obrero y el Gobierno Militar con su Caravana de la Muerte así lo atestiguan. De 1891 en adelante hay un recuento de 16 masacres
  5. Como declaró Mónica Gonzalez, de CIPER: “La corrupción y el narcotráfico es la ecuación perfecta para demoler la democracia”. Lo mismo ha escrito recientemente el ex Canciller Hernán Felipe Errazuriz. Una de las evidencias más concretas hoy: El Fiscal Sur Miguel Villavicencio, que indaga casos de saqueos, indicó que los detenidos tienen antecedentes por tráfico de drogas. “Ellos estarían organizando y dirigiendo los delitos”. Debemos parar el tumor narco con quimioterapia, antes que sus metástasis terminen avanzando hacia la mexicanización de la nación, no sólo por el tráfico de drogas, sino por un aumento de la delincuencia, violencia, asesinatos y corrupción, al punto que se podría hacer irreversible. Que los expertos nos digan cómo, y que se asignen todos los recursos financieros y políticos necesarios.
  6. Tal como será difícil pero imprescindible convencer a las fuerzas derechistanas de que hay que cambiar su modelito, es necesario pedirle y convencer al núcleo duro izquierdistano que clarifique el “límite izquierdo” de sus posturas constitucionales. En otras palabras, ¿hasta donde quisieran llegar Atria, Vallejo, Beatriz Sanchez, Jackson o Boric? ¿A un estado marxista, a uno chilezuélico, o a uno social democrático donde los derechos de propiedad se respeten? Si permanece en el aire el “cuco” constitucional por los próximos dos años, no podemos esperar que los empresarios pequeños, medianos o grandes se decidan a reparar los daños de los saqueos o invertir para generar empleo. Hay que terminar con la incertidumbre para volver a crecer, y también entender que una nueva constitución, la que sea, no será una pócima mágica. Las constituciones de México y Turquía garantizan el derecho a la salud y la educación, y no pasan de ser un saludo a la bandera pues los recursos nunca han estado disponibles.
  7. Hay que reimpulsar el crecimiento económico, término un poco sucio para algunos oídos izquierdistanos. Superados sus legítimos temores a la violencia, o a excesos constitucionales irracionales, las empresas, de la mano con el gobierno, deben retomar lo antes que se pueda un razonable crecimiento del PIB del orden del 3% anual, cuidando por supuesto el medio ambiente y la sustentabilidad. En caso contrario, no podremos generar los empleos necesarios ni financiar el pacto social, por mucho que se concuerde una nueva reforma tributaria, adicional a la actual que está recaudando US$ 2.500 millones más. Y si llegamos a tener crecimiento negativo, olvidemos todo, esos US$ 2.500 millones van a ser tragados por el hoyo negro del déficit fiscal. Un plan masivo de infraestructura, especialmente hídrica y de combate a la desertificación, podría ser un excelente y dinamizador punto de partida, bienvenido por todos. El gobierno ya atinó anunciando un paquete económico de US$ 5 mil millones para reactivar la economía, ahora le toca triplicar la apuesta. Los fondos de reserva y la capacidad de endeudamiento deben precisamente gastarse en las épocas de crisis. Si no es en esta, entonces ¿en cual? ¿es tan difícil entender eso?
  8. Finalmente… hay que intervenir las condenadas AFP, que se han convertido en un elemento de discordia nacional ya intolerable. 800 mil personas en la calle – las del #NoMasAFP - así lo han demostrado. Las utilidades 2017 de los administradores, la friolera de $347 mil millones, representaron 25% sobre su patrimonio, señal nítida de un oligopolio desbocado. Por contraste, la rentabilidad de los bancos es 12.5%. Peor aun, solo ocho personas, sus Gerentes de Finanzas, manejan a su antojo activos cuyo valor es US$220 mil millones, equivalentes a nada menos que 83% del PIB. El potencial de colusión y manejo de información privilegiada es enorme, así como el de invertir en las empresas de sus amigachos, o manejar a su antojo los precios de las acciones cotizadas en la Bolsa de Valores. Ni siquiera me estoy refiriendo por ahora a modelos previsionales de reparto vs. ahorro individual u otras reformas profundas. Como mínimo, habría que crear ahora una AFP estatal, que ejerza en este mercado el mismo rol que Bancoestado tiene en la banca. Ojalá todos los manifestantes mandaran sus ahorros a este nuevo competidor. Así, nadie se podría “arrancar con los tarros” con las comisiones. Para evitar suspicacias, su directorio debería ser seleccionado por Alta Dirección Pública, con un nivel y dedicación semejante al Consejo del Banco Central, y aprobado además por el Senado. Manejar aunque sea parte de esa monumental cifra dando confianza al país y los ahorrantes así lo exige. Asimismo, hay que poner ahora mismo límites a las utilidades de las AFP privadas, como si fueran empresas reguladas estilo telecomunicaciones o sanitarias. Bastaría una ley corta de un par de páginas.

 

Estas son las ocho propuestas, ni tan pobres pero muy honradas. Fiel a mis convicciones, en su conjunto caminan equilibradamente por el ancho y amarillo camino del medio. Con todo, cada una de ellas es de gran dificultad, y es la suma de ellas la necesaria para darle viabilidad y dar un salto adelante para nuestra amenazada nación. Ninguna es una bala de plata por separado. Si no son estas, entonces que alguien proponga otras mejores, pero llegó la hora de que comencemos a consensuar calmadamente algún camino ordenado de salida hacia adelante, no para el lado o peor aún, hacia atrás.

Esto también requiere disminuir la grave crispación y polarización nacional, alimentada por delirantes redes sociales, y que nuestros próceres políticos dejen de dar sus tristes espectáculos en el Congreso, funándose entre si, mirando a sus redes afines en su celular, comportándose como barras bravas. Comiencen por favor a discutir entre todos una salida seria y estructurada, y ojalá, se lo pido a San Expedito, que el Presidente Piñera atine de una vez por todas escuchando a sus Desbordes, Briones y Ossandones, y dándole un honroso retiro del segundo piso a Larroulet.

Veamos ahora el vaso medio lleno. Salir de esta crisis con un verdadero salto adelante, recuperando la paz e iniciando la navegación hacia el mundo socialdemocrático, sería un motivo de orgullo y prosperidad nacional de carácter histórico.

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Envíada por Valentina Terra Polanco, Observatorio Niñez y Adolescencia | 16 enero, 2021

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