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Viajes

Vivir con menos

por 20 junio, 2019

Vivir con menos
Más allá de Marie Kondo, hacer “limpieza” de nuestras posesiones es un ejercicio violento. En especial, porque te das cuenta de que conservas muchos objetos que no usas, a veces los encuentras hasta con etiqueta. ¿Consuelo? Hasta a quienes viajamos en campervan nos sobran cosas.
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Eres feliz con poco o simplemente no lo eres. Lo dice Pepe Mujica y cada vez me convenzo más de su reflexión, desde la experiencia de vivir viajando en una campervan desde hace un año.

Hay una fotografía muy graciosa que se toman los viajeros, sacan todo el contenido de su mochila y se acuestan a un lado, luciendo sin lugar a dudas, una sobriedad material que impacta. ¿Te imaginas? Yo sí, me imagino haciendo ese ejercicio con mi novio, con todo lo que teníamos en nuestro departamento en 2017 y nos veo debajo de un cerro de cosas.

Siempre me consideré una persona más bien austera, sin embargo aquella percepción no era del todo cierta. Lo descubrí haciendo una de las actividades más estresantes en la vida de todo ser humano; cambiarse de casa. Nunca entendí de dónde salían todas esas pertenencias, así que en mi nuevo hogar, procuré llevar un estilo de vida más minimalista. Ni siquiera tenía lo que se podría entender comúnmente como “cama”, dormía estilo japonés, en un colchón plegable, directamente en el suelo. Incluso en estas condiciones - que a algunas personas, le parecían del todo aberrantes - no supe que había fallado en la implementación de mi santuario al minimalismo, hasta que nos dedicamos a la trabajosa tarea de desocupar el departamento para nuestro viaje y debimos reducir nuestro equipaje a un gran cajón, dentro de nuestro vehículo adaptado como camper.

Hoy, más consciente y con mucho menos espacio que antes, aunque no lo crean, seguimos cargando más de lo que necesitamos, somos una especie de bola de nieve, conforme avanzamos, sumamos carga. Por ello, cada cierto tiempo, hacemos limpieza y orden profundo, tipo Marie Kondo, porque es la única manera de evitar la tendencia de entregarnos al culto de Diógenes. Y no se trata de mezquindad, es más bien sentido común: ¿Para qué quieres 10 pares de zapatillas si siempre usas las mismas?

A veces, cuando tenemos demasiado, nos perdemos entre tanto bulto. Cargamos más peso del que podemos llevar y lo arrastramos por años, como el abuelito de la película Up que viaja con su casa completa a cuestas. Yo por ejemplo, me perdía entre tanta ropa, zapatos y libros. Y un par de cosas con tan poco uso que me da vergüenza recordar. ¡Ah! ¡Y cuántos aros! Ni siquiera sé cuántos tenía y ustedes lo sospecharán; había muchos que no usaba. Hoy todo, se ha transformado en no más de 30 prendas, 3 pares de zapatos, un par de aros y un Kindle.

¿En serio usarás todos esos vestidos?, ¿comerás toda esa mercadería orgánica antes que se pudra?, ¿alguna vez usarás esos palillos chinos con forma de lightsabers de Darth Vader?, ¿en serio necesitas todo eso? Y la respuesta casi siempre es: Sí, lo necesito. Si ésa es su respuesta, por favor pregúntese 5 veces por qué.

¿Listo? Sin hacer trampa, haga el ejercicio.

Al menos en mi caso, siempre creí que todo eso me ayudaba a ser yo misma. Ahora ya no tengo todo lo que creía necesitar. Y esto me ha hecho entender una gran verdad: No lo necesito.

No sé si lleguemos a ser ascetas con este viaje que recién comienza. Aún sentimos dependencia a varios objetos, pero lo cierto es que vivir con menos, es un ejercicio constante de desprendimiento. Con cada “marikondeada” se esclarece más: Cuanto menos deseas, cuanto menos necesitas, más en paz te encuentras, más libre, más uno mismo.

Todavía no sé en qué punto de nuestras vidas, aprendimos a dar tanto valor a las cosas. Bueno, no solo a las cosas, sino todo lo que podemos comprar con el tiempo que vendemos. No es fácil, estamos en busca del equilibrio. Porque no somos lo que compramos, somos lo que hacemos con nuestro tiempo. Ese tiempo, que como dice Mujica, no se compra, solo se gasta.

Postdata: En honor a la verdad, los palillos tipo lightsabers, aún resisten en nuestra pequeña cocina, eso sí, con un uso poco habitual, no obstante, clave para los bebestibles que amamos, pues son los revolvedores de jugo natural más perfectos que hemos tenido. Júzguenos con amor, vivimos en un furgón, algún lujo hay que darse.

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