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“Vimos la muerte 100 veces”: la desconocida hazaña del Ejército que completó las Seven Summits

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Cristian Leighton Miranda
Por : Cristian Leighton Miranda Periodista El Mostrador
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El Ejército de Chile completó las Seven Summits tras alcanzar el Puncak Jaya, en Indonesia, un logro que posiciona a la institución entre las pocas Fuerzas Armadas del mundo que han logrado esta hazaña. Uno de los protagonistas, Ricardo Jara, relata los riesgos, decisiones y motivaciones.


Resumen
Síntesis generada con OpenAI
La Escuela de Montaña del Ejército chileno completó el desafío de las Seven Summits tras alcanzar la cumbre del Puncak Jaya (4.884 metros), en Indonesia. La expedición estuvo integrada por el capitán Gonzalo Villagra, el general Luis I. Rojas, el subteniente en retiro Ricardo Jara y el guía civil Gabriel Becker, quienes enfrentaron condiciones extremas en Papúa. En conversación con El Mostrador, Jara describió los momentos más críticos de la ascensión, la preparación militar del equipo y el significado de lograr un récord documentado que posiciona a Chile entre los pocos países que lo logró.
Desarrollado por El Mostrador

El pasado 29 de octubre, el Ejército chileno, sin bombos ni platillos, logró una hazaña destinada solo para unos pocos: alcanzó la cumbre del Puncak Jaya, en Indonesia. Con esta ascensión, la Escuela de Montaña de la institución completó las denominadas Seven Summits, las cumbres más altas de cada continente, junto a los dos polos, y se posiciona entre las tres Fuerzas Armadas del mundo que alcanzaron este logro, junto con Canadá e India.

La expedición estuvo integrada por el capitán Gonzalo Villagra Cusevich, general de Brigada Luis I. Rojas Edwards, el subteniente en retiro Ricardo Jara Ayala y el guía civil Gabriel Becker Mardones. Los cuatro montañistas superaron condiciones extremas en la isla de Papúa, incluyendo glaciares en retroceso y terrenos técnicos, para plantar en la cima de 4.884 metros las banderas de Chile e Indonesia, junto a un banderín conmemorativo por el 60° aniversario de las relaciones diplomáticas entre ambos países.

De este hito, sin embargo, se conoce poco, para lo relevante que fue, tanto a nivel institucional como a nivel deportivo. Uno de sus protagonistas, Ricardo Jara, conversó con El Mostrador para narrar esta hazaña, sus temores y el hecho histórico de dejar a Chile en lo más alto del mundo, lo que fue documentado y publicado hace algunas semanas. A “dar la vida por la patria”, como indicó.

-Se dice que con esta cumbre el Ejército logró entrar en un grupo de élite mundial. ¿Qué sentiste con este hecho? ¿Qué sientes de ser parte de esta historia?
-Es mucho mejor que eso, porque nosotros como Ejército de Chile lo documentamos. Canadá se supone que lo hizo, pero no lo documentó, e India también. Por lo tanto, nosotros, documentados, somos el segundo. Además tenemos el Polo Norte y el Polo Sur, entonces, hablando con el embajador de Indonesia, dijo: “Se cumplen además 60 años de relaciones diplomáticas entre Indonesia y Chile”. Entonces perdimos el anonimato, dije yo al embajador. Veníamos tranquilos y esto se empezó a meter también en la diplomacia. Hicimos una bandera de los 60 años, la que llevamos a la cumbre, que recorrió todo Indonesia. Allá se volvieron locos con eso. Acá no te pesca nadie, porque nadie es profeta en su tierra.

Es un logro patriota, es un récord mundial. Y pocas veces un chileno o un grupo chileno puede alcanzar algo así. Alegrías en Chile son pocas. Chino Ríos, la Copa América, guardando proporciones, pero también se supo en el resto del mundo. Nosotros nunca ganamos nada. Entonces, que haya un chileno… nosotros dijimos: no deberíamos haber subido ese día, pero bueno, ya lo hicimos. La motivación fue tan superior que dijimos: estamos a cuatro horas de hacer un récord mundial.

-¿Sentiste que la montaña les ganaba? ¿Cómo fue hacer caso más al corazón que a la razón?
-Nosotros somos súper prudentes en eso. Cuando hicimos la planificación, cuando entrenamos, siempre fue en seco, de noche, con frío. Pero si llovía, no, porque lo que dijo el general Rojas, que es mi compañero de curso, fue: “Si llueve un milímetro, nos bajamos”. Porque roca mojada, peligro de muerte, o sea, seguro.

Llegamos allá, estábamos con el jefe del campamento y dijimos: “Vamos a subir a las 11”. Dijo: “Bueno, entre las 2 de la tarde y las 3 de la tarde va a llover un poquito”. Entonces Luis dijo: “No, por ningún motivo. Si va a llover, nos va a pillar más o menos quizás dónde, las cuerdas mojadas, no, ni una posibilidad”. Dijimos: “Bueno, a las 2 de la mañana”. Pero esta montaña siempre está húmeda. Entonces, con lluvia ya, ¿para qué seguir con el tema? Entonces dijo: “Entre las 2 de la mañana es peor, porque ahí va a llover torrencialmente entre las 2 y las 6”.

-¿Por qué llueve a pesar de los 4.000 metros?
-Porque está en una zona tropical. Entonces es agua con nieve, peor todavía. Y como uno va escalando, no es como cuando tú vas haciendo trekking: uno va agitado y el cuerpo calentito. Cuando vas escalando, el cuerpo va frío. Entonces el agua, en la parte peligrosa, la posibilidad de hipotermia, es muy alta.

Íbamos subiendo como a las 11 o 10 para las 11. A los 15 minutos empezó una lloviznita suave. Después de media hora, una gotita. A la hora y media estábamos mojados. Íbamos con el mejor equipo del mundo, del mundo, o sea, lo mejor. No aguantó nada. Yo llevé mi mochila, aguantó bien. Y los zapatos, los botines, aguantaron como 8 horas. Y después, ya cuando se desató la lluvia, es como que te están tirando agua con un grifo de bombero. Esa lluvia, entonces no aguantó nada.

Pasamos el puente y dijimos: “Bueno, esto era lo más peligroso”, se supone, pero nosotros practicamos abajo. Después vinieron cuatro pasadas donde yo me caí, se cayó Gonzalo, el capitán, se cayó el general varias veces. Y si me decías “volvamos” y nos cae la noche y viene otra lluvia así, pero mala… Esa agua caía como cascada.

Entonces eso fue de noche. Fue eterno, porque el rapel, en teoría, es rápido, porque tú bajas rápido, y decíamos “tac, tac, tac”, porque las cuerdas estaban mojadas, entonces se resbalaba, retenía, te volcabas. Y entendimos: no, bajar así, moriríamos. Fue una locura. Entonces abajo había dos personas que eran estrellas mundiales. Hay uno que hizo los 14 ocho miles, que hizo la película en Netflix, y hay otro gallo que hizo otra película, una estrella de Nepal. Y estos gallos dijeron: “Lo que ustedes hicieron, nosotros, ni una posibilidad. Ni una”. Estaban todos impactados con lo que hacíamos. Veían las luces nomás arriba y nosotros ahí.

Si no se despeja, no suben los helicópteros y no vamos a poder bajar, porque hay guerrilla. Entonces teníamos una ventana al día siguiente. O lo hacemos ahora o nos vamos a quedar acá arriba quién sabe cuánto tiempo. Y quedarse arriba a 4.300 metros con ese clima es como otra opción de tentar a la muerte.

La montaña nos hizo muy malas pasadas, tanto para subir como para bajar, y también incluye el campamento base. El campamento base fue una odisea. Nos enfermamos. Yo me enfermé en el campamento base. Si no bajábamos el último día, yo creo que no bajábamos; estaba enfermo.

-El factor respeto a la montaña, ¿cómo lo viviste?
-Cuando partí entrenando en la Escuela de Montaña, en Río Blanco, en la frontera con Mendoza, la primera vez que estuve colgado dije “No quiero depender de un mosquetón”. No al equipo, pero al final terminé confiando. Hoy esta cuestión está certificada, entonces lo que me enseñaron mis instructores militares fue: “Confíe en su equipo”. Tuve muchos antes. Cuando caminamos por la orilla y volvemos subiendo y miramos las cuerdas… Entonces voy a ir caminando por un acantilado, bordeando el cerro. Entonces las cuerdas tienen que estar firmes. Pero las cuerdas no existían: estaban sueltas. Hay muchas cuerdas que deja gente que fue antes.

Entonces nosotros íbamos escalando por el lado, y yo miraba y agarraba así un pedacito y para abajo era curvo. O sea, no había ni una posibilidad de que me cayera y cayera blandito en alguna parte. Entonces yo calculo –esa es la sensación que te quiero transmitir– que vimos la muerte como 100 veces, en subida y en bajada.

Por eso cuando tú decías “me mantengo vivo”, yo di mi máximo, mi máximo. O sea, yo era físicamente súper apto y yo creo que físicamente era el mejorcito. Y dije: si yo di mi 120%, ¿qué va a pasar? Entonces sí tuve temor, sí, pero temor con respeto. Porque el temor se puede transformar en una debilidad arriba. Entonces mejor tener respeto y hacer las cosas bien. Estar muy concentrado, pero obviamente con la conciencia de que no puedo pensar en que me va a pasar algo. Mejor me concentro en lo mío, porque, si no, empiezo a temblar o algo más.

-Fuiste en un grupo del Ejército, ¿sentiste el desafío como un “tengo que llegar por la institución”?
-Es una montaña mixta; técnicamente es más difícil que otras. Pero nuestro equipo tenía una preparación tan buena que todas las variables que existieron las superamos gracias a la preparación. Obviamente la motivación, el espíritu militar, y el espíritu militar es mucho más fuerte a veces que el civil, porque están preparados para la guerra y morir, y el civil no. Pero eso contagia un poquito. Entonces, oye, estoy representando a una institución que es la que le dio la independencia a este país, que es garante, entonces no nos podemos aflojar con esto. Entonces tenía una motivación que iba un poquito más allá.

La institución y, claro, el legado de todos estos viejos que hicieron las otras cumbres con otros equipamientos. Unos héroes. Nosotros ya venimos con lo mejor de lo mejor y así y todo estuvimos ahí. Es que la montaña… hay que pedir permiso. Yo mismo también lo aprendí. En el Aconcagua dije “esto es una tontera” y después la montaña me puso en mi lugar. Y dije: voy a pedir permiso. Con montañita, mucha fe. Lo usamos bastante.

Había muchos que tenían que hacer las Seven Summits. Pero suben de noche o de día, pero en seco. Y nosotros subimos desafiando el tiempo. No ha subido nadie en esa montaña así para nosotros. De hecho, hay muchos que te ven subiendo y te dicen: “¿Estás loco? ¿Cómo van a subir?”. Eso nos dijeron. Pero como son militares, sobrepreparados, fue tanto así que dos militares que estaban allá se sumaron a nuestra cordada. Se motivaron. Eran de Indonesia y querían subir con nosotros. Y subieron ellos y dos guías de Indonesia, se armó el team completo. Yo no lo haría con mucha preparación; quizás no partiría con gente de Indonesia si no la conociera.

-¿Cómo se mantuvo la moral tan alta?
-Ahí viene un tema militar. Ahí sí es 100%. Porque los militares piensan que los oficiales, en particular, no pueden tener a alguien que les diga “vamos, vamos”. El militar tiene que motivar a la tropa para dar la vida por la patria. Eso nos enseñan a nosotros en la Escuela Militar. Yo estuve en la Escuela Militar hasta los 18 años, egresé, ascendí a subteniente y me retiré a los 19. Entré a los 15. Pero me quedé con esa enseñanza de la automotivación y la autoconvicción.

Ahora, cuando hay una cordada, se llama espíritu de cuerpo. Uno habla mucho del espíritu de cuerpo, la unión. Y la verdad es que teníamos una unión, porque yo creo que a la semana habríamos estado peleados. Porque esa espera, esa incertidumbre, fue brutal. Hicieron todo para desmotivarnos y siempre estuvimos ahí: “Vamos”. Yo, en lo personal, le ponía música, cambiaba el ambiente, decía “vamos a hacer otra cosa”, cambiaba un poco el lugar y el escenario. Hicimos muchas cosas para motivar al equipo.

Con las comidas era difícil, porque yo sufrí, bajé 8 kilos, porque era mala la comida. Y nadie hablaba inglés. Solo comía arroz con ketchup. Me conseguí ketchup, que ellos le decían “tomato sauce”. Pero las cosas como que uno las veía raras.

-A pesar de la preparación, casi te quebraste un pie…
-Sí, sentí que me dio en la rodilla un dolor bien fuerte, porque bajando, en una transición después del puente, llegando a la punta, estamos a 20 minutos, entonces hay que bajar una roca y saltar una quebradita. Pero para abajo eran dos kilómetros. De vuelta se cayó Gonzalo también, que es el capitán especialista. Y en esa parte no tengo posibilidad ni de sentir dolor, ni de sentir que me vengan a ayudar, así que para adelante nomás. Me levanté, me afirmé, crucé, dije: “No aguanto”. Y como que por adrenalina, con el dolor, pasó nada. Me afirmé después y se me olvidó, porque además me quedaban nueve horas. Entonces dije: “¿Qué voy a hacer acá? Si me quedo ahí, me muero”.

Esa sensación era la sensación de una dolencia física importante, pero también tuve algo de agotamiento en algún minuto, como en el rapel. Entonces ahí comprendí por qué hay muertes en esta montaña. En esta montaña hay muertes porque a la gente le da hipotermia principalmente, más que por temas técnicos.

Y hubo un momento en que yo estaba realmente cansado. De noche, congelado, las manos, no podía chasquear ni los dedos. Pero dije: “Claro, si descanso un poquitito acá, me quedo dormido, chao, no despierto más”. Entonces dije: “No, tengo que seguir”. Todo el momento, desde que partimos, fue sobrevivencia. Todo el rato: “Tengo que sobrevivir, no me la puede ganar”. Es distinto a “tengo que superar el cansancio de escalar”. Acá era sobrevivir. Un error, chao. Es increíble.

-Tú juegas golf y polo, ¿de qué te sirvieron esos deportes para enfrentar a la montaña?
-El golf es el deporte más desgraciado, porque un día puedes estar tocando el cielo y al día siguiente te quieres cortar las manos. Hay muchos videos de eso. Entonces te ayuda mucho con la paciencia. El golf en Chile, la cancha es con subida. Entonces son 5 horas, 18 hoyos. Son 5 horas que físicamente te ayudan a entender caminar en montaña, y con paciencia, y sin el mismo equipo. Entonces me dio mucho en lo que es capacidad de aguante.

Después viene el polo, porque son decisiones rápidas. Son 500, 600 kilos que se mueven para todos lados y pestañeas y pierdes rápidamente. Y si te equivocas, te mata, porque te puedes caer. Entonces, por lo que me mantiene vivo, me ayudó mucho estar con mis amigos del polo, que son muy rápidos, entonces me mantenía con la motivación alta. Porque uno dice: “¿Qué hago yo a los 57 años entrenando para esto?”. Cuando tú te cansas, el agotamiento es que tienes que encontrar de dónde seguir. Pero tú sigues con eso, con la motivación alta.

El yoga me sirvió para entender mi cuerpo, escucharlo. En el yoga se escucha el cuerpo, eso es lo que aprendí a hacer. Todo eso es preparación personal. También tuve un entrenador físico, que lo tengo, con un triatleta profesional, y ese gallo me dejó como de 20. Fuerte, me sentí muy fuerte.

Y después viene la técnica. Y la técnica fue en la Escuela de Montaña. Extraordinario. Tres instructores, tres suboficiales, de lo mejor. Tipos que fueron el fin de semana a trabajar con nosotros. Ahí nos empaparon de esto. Nos enseñaron todo. Yo creo que si no es por ellos, chao. Ellos nos ayudaron a mantenernos vivos; lo que nos enseñaron fue súper potente.

Y después, el otro entrenamiento, que también el Ejército se portó bien con nosotros, nos dio las instalaciones en Putre y nos fuimos al lago Chungará para no matarnos de cero a cinco mil de golpe, porque lo vimos ya pasar allá. Nos fuimos a 5.250 el primer día, bajamos a Putre y de ahí nos fuimos al lago Chungará. Dormimos en Chungará, nos apunamos mal. Nos despertamos en la noche sin poder respirar.

Entonces con eso entendimos… Mira, todos los entrenamientos y la preparación, en la parte física y técnica, nos hicieron sentir bien pequeños con respecto a la montaña y que teníamos que estar muy atentos a todas las cosas. Entonces éramos débiles porque dependíamos de un físico, dependíamos de la técnica, dependíamos de todo.

-Y en Indonesia, ¿cómo mantuvieron esa preparación, con las guerrillas?
-Cuando llegamos, después de 29 horas, llegamos allá y lo primero que nos reciben: helicóptero de guerra, la policía, que es una policía más de combate, por la guerrilla. Una locura. Después estuvimos esos 4 o 5 días de incertidumbre, que no podíamos hacer nada. Entonces nos manteníamos en gimnasio en la mañana, entrenando, moviendo el cuerpo, comiendo, visitando lo poco que se podía visitar. Pero nos mantuvimos adaptando nuestro horario en la cabeza también, pero siempre en estado físico.

Todas las mañanas hacíamos activación de media hora. Nunca perdimos eso hasta que llegamos al campamento base de montaña y no podíamos hacerlo. Y después el campamento base fueron 4 días de terror. Yo creo que la verdadera tranquilidad fue cuando estuvimos en Yakarta, en la residencia de la embajada, y volvimos a la patria.

-¿Cómo ayudó el embajador Mario Artaza?
-Fue una gran ayuda. Porque si el embajador pide un helicóptero, “lo pago yo, por favor”. “No había nada, contrate a alguien, hable con la empresa, un helicóptero militar, inventemos algo. Algo se puede hacer. Que nos vengan a rescatar”. Un permiso por la salida de la mina. Y nos consiguió el permiso por la mina. Un amigo era vicepresidente de la mina, porque había un accidente y había muerto un chileno. Entonces yo le decía a un amigo y la mina nos permitió la pasada. Entonces, o bajábamos en helicóptero o bajábamos por la mina.

Pero la bajada por la mina era escalar nuevamente. Después el embajador se manejó con las comunicaciones. Tuvo contacto con la gente, teníamos comunicación por WhatsApp, informaba a 400 personas, entre ellas mi mamá. Yo no siquiera podía decir que estaba enfermo ni nada, que era todo bonito, pero Mario sabía todo. Y después dijo, cuando llegamos a la embajada: “Bueno, les llevamos estos cuadros”. Fuimos uniformados y él dijo: “Bueno, bienvenidos a la patria”.

-Al embajador le entregaron una bandera con un mensaje, como el papel de los 33 mineros…
-La bandera llegó “averiada”, porque con la lluvia y mi caída, la bandera, que iba en la mochila, llegó cochina. Entonces le dije: “Miren, está igual que el cartel de los 33”. Y justo esa es la referencia. Y le quisimos traer la misma, y se la habíamos marcado. Entonces claro, está bonita porque está averiada. El embajador me dijo: “Esta es la bandera”. Yo llevé a la cumbre esa bandera. La traje desde Santiago, la llevé a la cumbre, no la puse nunca. Solamente la saqué si llegábamos a la cumbre. Nadie la vio ahí, yo nomás. De hecho yo la vi y la guardé con todo el tema de la lluvia.

-¿Y el regreso a Chile?
-Yo sentí que esto terminó como en diciembre. Tomé conciencia como en diciembre. Nosotros bajamos el 7 de noviembre y en diciembre recién al final, en Navidad. Podría haber pasado de todo entremedio. No tuve ni un descanso, nunca tuve tiempo para poder procesarlo.

-Es que arriesgaron la vida por Chile, básicamente.
-Eso es lo que hicimos, para que diga Chile que hizo un récord mundial. Yo no tomé esa conciencia al principio. Eso me lo fueron diciendo en la Escuela de Montaña, los antiguos montañeses, estos viejos. Y cuando empecé a encontrarme con ellos, “huy, este gallo fue al Polo Norte”. Y tú lo miras y comías con él, uno con vestuario como de oveja, piel, o sea, no es North Face. Y tú dices: “¿Cómo lo hicieron al Polo Norte, al Polo Sur?”, pero a los polos, no a la Antártica. Eso ya no es vivir esto. Realmente… y sin embargo ellos nos daban clase a nosotros.

Yo no sabía la repercusión que iba a tener, no lo sabía. No sabía que el Ejército nos iba a recibir de esa forma, con dos ceremonias distintas. No sabía que iba a pasar esto de hablar con gente como tú. No sabía que me iba a llamar gente de otros países para felicitarnos. No sabíamos que íbamos a conmover a tantas personas.

Nosotros fuimos con un objetivo súper claro por el Ejército, que podía quedar en cuatro paredes, y después se transformó en un reconocimiento mucho más amplio. Y después de eso nos fuimos dando cuenta de lo que habíamos hecho. Hay un tema de defensa internacional y salió: “El Ejército chileno hizo un récord”. En todas partes salió, pero dentro de Chile no, nada. Chile fue casi nada. Esperemos que esto cambie.

-Tú eres, además, empresario, ¿qué lecciones te dejó el mundo de los negocios para la planificación y preparación de este hito?
-Puedo dar cátedra de eso y hablar mucho con alumnos de posgrado. Porque a veces la planificación es una cosa: tú planificaste algo, pero es raro que resulte exactamente así. Es como decir: voy a planificar este negocio y voy a ganar plata seguro. No existe. Entonces aquí está el empresario: este es un camino que tú planificaste al norte, bien planificado, pero va a haber variables distintas que te pueden sacar de ese norte. Incluso se te puede caer el negocio. Por ejemplo, si yo me metí en un negocio exportador con China. China puede tomar alguna represalia por algún tema y mandarte todo abajo. ¿Qué pasa si le encuentran COVID a la cereza? Tuvimos dos cerezas con COVID y botaron toda la industria durante bastante tiempo. Entonces acá puede pasar lo mismo.

-¿Qué pasa si un empresario no está planificado para esas variables?
-Si su planificación es sólida, pase lo que pase, va a mantener el norte igual. Y eso fue lo que nos pasó a nosotros. Y eso fue porque hicimos una planificación muy buena. Ahí yo me metí bastante y le puse la parte civil a esto, la parte de motivación. Hay muchos detalles. No puede haber ni una variable que falle. Nos falló un poco el tema de los guantes, pero teníamos seis pares de guantes distintos. Distinto habría sido si fuéramos con un solo par, que era la lógica más básica. Dentro de las probabilidades estaban. Llevamos de todo, pero tampoco el peso nos permitía llevar de todo. Yo creo que todo lo que es planificación fue súper importante.

Segundo, mantener un equipo unido. El equipo unido, o una empresa unida, imagínate lo que es. Porque acá el civil o el ejecutivo se enoja con cualquier cosa y se deprime. Y tira licencia. Entonces, ¿cómo mantienes la motivación alta en una empresa con ingenieros jóvenes o no tan jóvenes? ¿Cómo les explicas que a veces se puede trabajar con ruido o sin ruido? Yo a mis alumnos cuando les hacía clases en la universidad les ponía ruido. Les decía: “No nos podemos concentrar solo cuando todo está perfecto. ¿Cómo lo hacen en la oficina con sus compañeros y los teclados?”.

Después, el tema de mantener la motivación pase lo que pase. Eso es súper difícil. Por eso también el liderazgo de un empresario es importante. A mí, por ejemplo, me han pasado un montón de cosas, pero he mantenido la motivación alta. Pero es difícil educarlo. Tú no te puedes caer en copas, en alguna droga o cualquier cosa para no enfrentar la realidad. Acá, cuando hay un tema relacionado con desmotivación, etcétera, lo que hicimos nosotros fue enfrentar la realidad. Y enfrentar la realidad es distinto a hacerle la esquiva.

Si yo tengo un problema, lo más fácil es arrancarme. Los problemas se tienen que enfrentar y con la mejor fuerza que tú puedas tener. Coco Legrand contaba hace muchos años que, cuando se murió su hija, dijo: “Pescamos con mi señora y nos fuimos a Miami”. En ese tiempo. Entró a la primera farmacia y vio unos zapatos de guagua. Entonces, al final, los problemas tienes que enfrentarlos.

Si tienes una buena preparación, mantienes la motivación alta, cualquier variable, en base a esa preparación y esa formación que tuviste antes, te va a permitir tomar decisiones rápidas, buenas, frente a la adversidad. Y eso te ayuda en cualquier ámbito. Y si tienes alguna de esas variables desordenadas, las decisiones van a ser malas. Pueden ser decisiones emocionales y puedes perder el negocio, el norte y cuánta cosa más. En términos empresariales esto fue fundamental.

-Finalmente, el rol de la cordada…
-Es súper importante mencionar la cordada. Mencionar la cordada es súper importante. Yo siempre digo la broma de que la próxima vez que me llame Luis para decirme que tiene una idea, le voy a cortar el teléfono. Así parten los videos. Porque yo le dije: “Bueno, si me está llamando Luis…”. Luis es el general, compañero de curso mío, pero es la primera antigüedad, el número uno. Entonces le dije: “Si me está llamando y me va a pedir algo, yo no lo acepto”. Entonces le dije que sí, sin saber. Le dije: “Sí, ya. Ahora planifiquemos”.

Y él cuenta que, de forma sorprendente, Ricardo le dijo que sí, vamos. No le alcancé a explicar bien de qué se trataba. Es que con Luis hicimos muy buena dupla. Entonces, con su experiencia de montaña y todo, con mi energía, y aparte somos amigos, entre los dos yo creo que llevamos a flote esta expedición.

Después yo sumé a Gabriel Becker, que por un tema Everest acompañó al Ejército chileno la primera vez al Everest, y a él le faltaba solamente esta para completar su Seven Summits personal. Y él se sumó. Imagínate que todavía no subía a ningún summit de esos con nosotros.

Después sumamos al capitán, porque para que fuera también muy oficial dentro del Ejército, tenía que ser un oficial de servicio activo. Dijimos: “Bueno, ¿cuál es el mejor oficial de la Escuela de Montaña?”. Y fue él. Nos tocó casi en periodo de verano, vacaciones, etcétera. Hicimos como una minipostulación de 24 horas y quedó este capitán. Lo elegimos por sus condiciones físicas, por sus condiciones personales, que es muy importante, y por sus ganas, su humildad. Entonces formamos un equipo muy bueno.

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