Editorial: Incompatibilidad de caracteres
Las declaraciones de Pablo Longueira sosteniendo la incompatibilidad del proyecto gremialista con la propuesta presidencial de Sebastián Piñera, y su afirmación de que no estaba seguro de darle su voto en una eventual segunda vuelta, han desdibujado el efecto inicial de esta candidatura, y borrado de una plumada las expectativas de una disputa con amistad cívica por el liderazgo al interior de la derecha.
La animadversión entre ambos personeros ha revivido los fantasmas del caso Spiniak, las grabaciones telefónicas ilegales contra el mismo Piñera, las renuncias electorales bajo presión, las cercanías y distancias con la dictadura. El punto neurálgico sobre el que Longueira concentró ahora su artillería pesada es el tamaño de la cuenta corriente de Piñera, indicando claramente que su carácter de empresario activo en importantes rubros económicos, entre ellos un canal de televisión, lo inhabilitaría para ser candidato a Presidente de la República.
Si bien Joaquín Lavín y Jovino Novoa le restaron significación a lo dicho por Longueira, el vicepresidente de la UDI, Juan Antonio Coloma, señaló que sí compartía las palabras del diputado, y que ellas eran más que pertinentes, pues hacían referencia a un tema muy significativo para la transparencia democrática del país, evidenciando una vez más el encono de la UDI con Piñera.
Los dichos y las respuestas exhiben un rencor tan profundo que ha transformado el perfil de la derecha política en algo más parecido al cuadro de Saturno devorando a sus propios hijos, que a un pacto político que tiene una estrategia para llegar a La Moneda. Ello genera incertidumbre acerca de su capacidad para brindar un cuadro aceptable de gobernabilidad al país en el caso eventual que uno de sus dos candidatos obtuviera la victoria. Además, ha colocado de manera virulenta en la campaña el tema de la relación entre dinero y política.
La disputa tiene un tono mayor y es razonable preguntarse si ha sido la candidatura de Piñera lo que la ha provocado o ella sólo ha puesto en evidencia una hendidura más profunda que existen desde siempre en la base misma de la derecha política chilena, relacionada con su ethos democrático, grieta que nunca habría terminado por soldarse y hoy estaría acentuada por el vínculo de la UDI con la dictadura de Pinochet y su legado Constitucional. Lo que en opinión del candidato de RN le imposibilita crecer hacia el centro, que es el mundo de las libertades y la democracia, donde están los votos que precisan para ganar.
Que en la derecha se verifique una confrontación entre liberales y conservadores no es políticamente novedoso. La clave, sin embargo, parece estar en acreditar una vocación democrática que se refleje, entre otros aspectos, en propuestas constitucionales concordantes con ella.. No puede esperar la derecha que los ciudadanos mayoritariamente le den su confianza, si ella no propicia una Constitución que confíe en los ciudadanos.
El enfrentamiento se da en un curioso contrasentido ideológico, donde la UDI realiza un enorme esfuerzo por arrebatarle las banderas de la igualdad al oficialismo y representar a los más pobres, y su candidato Lavín trata de cumplir con la tarea pendiente de quitarse el estigma pinochetista, aprovechando el escándalo de las cuentas ocultas del dictador en el Banco Riggs y la conmoción social provocada por el informe Valech sobre Prisión Política y Tortura. Todo ello, ahora con una imagen lo más lejana posible al empresariado.
Lo anterior contrasta con lo sucedido hasta ahora en la Concertación, donde pese a la sorpresiva salida de competencia de Soledad Alvear, la cohesión del pacto parece asegurada. Es evidente que las ácidas declaraciones acerca de las lealtades partidarias desataron un debate interno con sordina en la DC, al cual el presidente del partido hizo una ágil verónica, derivando a la Junta Nacional la proclamación de Michelle Bachelet. Tal agilidad fue respondida, rápida y elegantemente, por los otros presidentes de partidos de la Concertación, quienes se apresuraron en designar como vocero de la coalición por el período de un mes a Adolfo Zaldívar.
La decisión de remitir a la Junta Nacional la designación formal de Michelle Bachelet como abanderada única de la coalición de gobierno, aparece como un efecto suspensivo de un tema ya resuelto en lo medular, como lo es la mantención de la coalición de gobierno, pero buscando una mejor posición negociadora en materia parlamentaria. Esta debiera significar importantes sacrificios para el eje PS-PPD-PRSD, con renuncias a algunas de sus candidaturas más esperadas, de lo contrario la DC podría "encabritarse" y poner todo su esfuerzo y recursos en la competencia parlamentaria contra sus propios aliados, despreocupándose de la elección presidencial, al sentirse amenazada y en riesgo de ser devorada.
Con todo, las declaraciones de Pablo Longueira dejan la atmósfera política enrarecida y llena de incertidumbres respecto del poder del dinero en la política nacional, sobre lo cual todos los candidatos deben ser claros y definitivos. Pues, tratándose de quien lo dice y la forma directa y tajante de referirse a la incompatibilidad entre ser empresario y aspirar a la Presidencia de la República, parece una admonición velada, un "yo sé de lo que estoy hablando". Esto no es un asunto menor, si se considera que en amplios sectores de la ciudadanía se ha manifestado desde hace mucho el temor de que el poder económico se apodere sin contrapeso del poder político. Ello no sólo incidiría negativamente en el interés público y las libertades, sino que podría amenazar seriamente la democracia.
_____________