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Un culebrón llamado Amado

por 11 abril, 2012

Un culebrón llamado Amado
Se dice que hoy nadie olvida que Boudou era un outsider del kirchnerismo, y de todo el justicialismo, y que CFK lo promovió primero a ministro de Economía durante su primer mandato y luego lo escogió como compañero de fórmula sin grandes explicaciones. Los líderes K libraban hasta ese minuto una dura batalla por el cupo de Vicepresidente, pero bajaron sus sables aceptando lo que se estimó una decisión íntima de la viuda. “Necesito a mi lado un hombre que no tenga miedo” fue la sentencia cristinista que acabó con la disputa entre sus leales.
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El actual Vicepresidente argentino es un economista de rebosantes 49 años; diez menos que su Presidenta, y pasará a la historia política de su país por varias razones. Primero, por una llegada a lo menos sorpresiva al entorno de CFK tras la muerte de Néstor Kirchner, y, segundo, por un cúmulo de razones harto prosaicas. Por ejemplo, es un híper fanático del rock y del fútbol, como rara vez se ve en un político. Igualmente poco usual es la predilección que tiene este solterón empedernido por mujeres algo mayores que él (con ciertas excepciones a la regla, de cuando en cuando). Poco dudan. Es un Vicepresidente sui generis. Sin embargo, el mayor recuerdo que se podría tener de él a futuro es una caída llena de truenos y relámpagos. Por ahora, Buenos Aires vive un culebrón de aquellos. Lo protagoniza Amado Boudou.

Con el allanamiento de una de sus viviendas (en Argentina es normal que los políticos tengan varias y en los sectores más acomodados de la ciudad), la justicia de ese país protagonizó un hecho que algunos analistas han calificado como absolutamente excepcional desde el restablecimiento de la democracia hace ya 30 años. El juez federal Daniel Rafecas, que investiga el caso de corrupción al más alto nivel político, tiene deslizándose por la cornisa a quien es considerado el delfín de la Presidenta.

Las aristas son varias. Por de pronto, el espectro del fiasco vivido por la ex señora K con su anterior Vicepresidente, Julio Cobos, quien por variaciones climáticas menores si se comparan con el caso Boudou, pasó de amigo entrañable de la familia a execrable traidor, de aliado distinguido a criatura despreciable. Otra arista que permanece en la retina de los argentinos es esa mirada cálida que CFK —dejando de lado la frialdad institucional— obsequió a Amado antes de ingresar al pabellón quirúrgico acompañada de un “¡cuidado con lo que hacés, Amado!”. Hoy en día, los amigos del desaparecido Néstor se preguntan cómo fue posible tamaño descuido de no averiguar adecuadamente sobre la trayectoria de Amado en su rumbo hacia la Casa Rosada.

Nadie quiso seguir escarbando en aquello que viejos zorros sottovoce advertían, que el pasado de Boudou estaba más vinculado a la derecha neoliberal que a la “izquierda kirchnerista” y que su largo catálogo en materia de líos de faldas, excentricidades y ambiciones grises, podrían traer problemas muy graves. Sicofantes replicaron que sus gustos juveniles y “buena facha” calzaban con la idea de un gobierno fundacional (como todos en Argentina), que tanto soñaba CFK.

Se dice que hoy nadie olvida que Boudou era un outsider del kirchnerismo, y de todo el justicialismo, y que CFK lo promovió primero a ministro de Economía durante su primer mandato y luego lo escogió como compañero de fórmula sin grandes explicaciones. Los líderes K libraban hasta ese minuto una dura batalla por el cupo de Vicepresidente, pero bajaron sus sables aceptando lo que se estimó una decisión íntima de la viuda. “Necesito a mi lado un hombre que no tenga miedo” fue la sentencia cristinista que acabó con la disputa entre sus leales. Luego, nadie quiso seguir escarbando en aquello que viejos zorros sottovoce advertían, que el pasado de Boudou estaba más vinculado a la derecha neoliberal que a la “izquierda kirchnerista” y que su largo catálogo en materia de líos de faldas, excentricidades y ambiciones grises, podrían traer problemas muy graves. Sicofantes replicaron que sus gustos juveniles y “buena facha” calzaban con la idea de un gobierno fundacional (como todos en Argentina), que tanto soñaba CFK.

El escándalo de corrupción que involucra a Boudou tiene que ver con el reflotamiento de una empresa quebrada, Ciccone Calcográfica, que, entre otras tareas, imprimía nada menos que papel moneda, un negocio que mueve millones de dólares. Boudou era el socio en las sombras del dueño de esa empresa, Daniel Ciccone y testaferro de Alejandro Vanderbroele, quien dirigía la empresa. Eso es lo que afirman la esposa de éste último (ante la prensa y la justicia) y varios amigos del grupo, al que pertenecía entre otros el futbolista Carlitos Teves. Boudou asegura que no los conoce. Sin embargo, los gastos del departamento de Boudou, y que fue allanado, los pagaba un señor llamado …. ¡oh, coincidencia!, Alejandro Vanderbroele. Luego apareció una foto de todo el grupo. Boudou se defiende, que un diario ofrecía US$ 3 millones por una foto que lo inculpase. Aunque él niega todo, es obvio que con la sola decisión de ordenar el allanamiento, en la opinión pública se ha instalado la sospecha en torno a su culpabilidad. Antes del allanamiento, una encuesta mostraba que el 43% de los argentinos pensaba que Boudou estaba envuelto en un claro caso de corrupción.

Aimé, como le dicen sus más cercanos, fue desde su juventud un tipo de simpatía y jovialidad arrolladoras, “entrador y encantador de serpientes”, “galán irresistible”,  coinciden prácticamente todos los medios de prensa bonaerenses. Al describir otras cualidades de Aimé, hay discrepancias, incluso entre los más reconocidos medios proclives al cristinismo. Por ejemplo, varias de las empresas donde tuvo cargos de responsabilidad, quebraron. En sus cargos de gobierno ha dejado una muy espesa estela de dudas sobre sus capacidades técnicas. Boudou tuvo un desempeño, a lo menos polémico, como administrador de una empresa de servicios de recolección de residuos en Mar del Plata, Pinamar y Villa Gesell llamada Venturino Eshiur SA, la cual quebró cuando le rescindieron el contrato de la basura. Otra de recolección de basura, Ecoplata, también quebró. Mas, a su haber, debe señalarse que en su natal Mar del Plata recuerdan el entusiasmo con que asumía cada noche la labor como DJ en la disco Frisko Bay.

Más allá del beneficio de la duda, hay una clara percepción que este tremendo desaguisado puede terminar afectando la credibilidad de toda la administración CFK. El enorme peligro que está tomando el caso explica que la buena sintonía inicial entre Boudou y La Cámpora, el movimiento liderado por Máximo Kirchner, hijo de Néstor y Cristina, se esté enfriando y que los leales a CFK estén divididos acerca de cómo abordar tan delicada situación. Existe el fundado temor que, si las cosas continúan deteriorándose, Boudou corre el riesgo de ser destituido, lo que pondría en jaque a la mismísima Presidenta, o bien arrastrar a núcleos sensibles del poder. El propio ministro del Interior, Florencio Randazzo dijo “uno no puede poner las manos en el fuego por nadie”. Por su lado, la poderosa Nilda Garré ha dicho que mantiene la confianza en Aimé.

Una cosa parece clara. Por tramas e intrigas, los villanos de este culebrón oficial que vive el país no se quedan atrás; es como si “Valientes” o “Alas, Pasión y Poder”, o cualquier otro melodrama reciente, se hubiese apoderado de la elite que gobierna. Para algunos, la tormenta ya se desató y la pregunta es si arrastrará o no a toda la administración CFK; otros creen que amainará en las próximas semanas. Pocos se quieren perder los próximos capítulos.

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