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Chile postmovimiento estudiantil

por 22 julio, 2012

Pero además mirando el largo plazo: ¿cómo afectará al desarrollo social y político la participación de cientos de miles de estudiantes, tanto secundarios como universitarios que se incorporan a la vida pública en grandes acciones de masas, con un nivel cultural superior al de los viejos movimientos populares existentes tanto antes como después de la dictadura?
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En este 2012 el movimiento estudiantil se ha renovado con fuerza y en torno a la reivindicación que se maduró en el 2011. “Educación Pública Gratuita de Calidad, NO al lucro en la educación”. ¿Qué seguirá después?

Dos grandes tendencias se aprecian en las organizaciones juveniles que tuvieron su origen en 2011: una la de organizarse como movimientos o partidos y tratar de participar activamente en los procesos electorales que se avecinan: las municipales de Octubre y las parlamentarias del 2013.

Otra tendencia se centra por seguir sin estructura orgánica definida y confiar principalmente en el trabajo en asambleas siguiendo a líderes transitorios. Se orienta a no participar en el sistema electoral y aprovechar el voto voluntario, para “funar” las elecciones y jugarse por una abstención masiva en los próximos procesos electorales. Como se han incorporado 5 millones de nuevos electores, en su mayoría jóvenes quienes completan un padrón total de 13 millones de electores, si todos los nuevos actuaran “funando”, habría una abstención base del 40%, que sumada a la abstención  tradicional antigua, sobrepasaría el 60% y contribuiría aún más al desprestigio de la clase política y de los mandatarios elegidos.

Pero además mirando el largo plazo: ¿cómo afectará al desarrollo social y político la participación de cientos de miles de estudiantes, tanto secundarios como universitarios que se incorporan a la vida pública en grandes acciones de masas, con un nivel cultural superior al de los viejos movimientos populares existentes tanto antes como después de la dictadura?

Poco pesan en estas decisiones y alternativas las voces socialistas y comunistas que se han ido marginando del grueso del movimiento estudiantil. Tampoco se advierten las influencias de la Iglesia Católica y de sus organizaciones juveniles. Las Federaciones de estudiantes que mayoritariamente controlaban los comunistas y sus aliados en 2011 se redujeron  notablemente. Las elecciones de este año, favorecieron a los grupos más radicales de izquierda y de derecha. Los “autónomos” que ganaron la elección en la FECH, con Gabriel Boric no repitieron ese avance en ninguna otra federación .

La incógnita es cuanto influyen los estudiantes en la masa de jóvenes menores de 25 años que se mantuvieron marginados de los registros electorales.

Hay quienes piensan que se ha iniciado una desintegración de la clase política que dominó a Chile durante 20 años y que una abstención masiva solo apresurará su disolución.

Existe la experiencia histórica de cómo el gran movimiento juvenil europeo de Mayo de 1968 se transformó en una serie de grupos antisistema que, usando extrema violencia se fueron separando de la gente y terminaron por desaparecer o ser aniquilados.

¿Serán esos los destinos del movimiento estudiantil chileno?

Pero además mirando el largo plazo: ¿cómo afectará al desarrollo social y político la participación de cientos de miles de estudiantes, tanto secundarios como universitarios que se incorporan a la vida pública en grandes acciones de masas, con un nivel cultural superior al de los viejos movimientos populares existentes tanto antes como después de la dictadura? Y hay que tomar en cuenta que una buena parte de los actuales universitarios estuvieron hace 6 años en el movimiento de los pingüinos y que se consideran traicionados y engañados por el gobierno de la Sra. Bachelet.

¿Se transformará este movimiento en nuevos partidos políticos alejados de la vieja diferenciación entre izquierdas y derechas? ¿Influirá en ellos la aparición de los gobiernos nacionalistas y populistas en el resto de América del Sur?

El millón de estudiantes de la educación superior, es un conjunto con nuevas características. Gracias a la movilidad social entre las capas bajas de la población, existe una gran cantidad de estudiantes que se autocalifican como de capas medias bajas y que conviven con gente proveniente de familias de mayores recursos.

Eso ha producido una sana convivencia social, a veces ocurre eso a pesar de vivir en barrios  diferentes y segregados en las ciudades. Además en las movilizaciones hay una parte apreciable de jóvenes criados en hogares mono parentales, situación que ha dejado de ser el estigma de épocas recientes. Con solo mirar los desfiles y manifestaciones se observa la creciente participación femenina, tan escasa hasta ahora.

Incluso puede notarse la inclusión de padres y apoderados y de minorías étnicas y sexuales antes ocultas. Todos comparten el uso activo de las redes sociales que les permiten auto convocarse sin recurrir a los medios de publicidad tradicionales.

Este conjunto abigarrado deberá incorporarse al mercado laboral, a razón de 200 o 300 mil jóvenes por año. ¿Adónde lo harán en este país sin industrias, con pocas alternativas en investigación, desarrollo y emprendimiento?

No hay que descartar en este análisis la posible formación de nuevos partidos monotemáticos: el partido de los jóvenes desempleados el de los pensionados, el de los pequeños agricultores, el de los endeudados, el de los ecologistas y otros más que reivindiquen lo que no recojan con acierto los partidos tradicionales. Y por cierto que también aparecerán movimientos ciudadanos especializados en diferente causas.

Lo que es irrefutable es la falta de ideología política que caracteriza al movimiento estudiantil y que a pesar de ser masivamente partidario del cambio social al no tener propuestas concretas que vayan más allá del campo educacional se puede estancar en su marcha. Mientras esa sea la situación, lo probable es que el sistema económico, al margen de la debacle política siga su curso aceptando solo pequeñas reformas. Chile seguirá siendo una democracia protegida y un paraíso para los monopolios y grandes empresas.

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