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¿Emprendedores, emperdedores o aprendedores?

por 5 septiembre, 2012

Siempre vale la pena hacer la experiencia; e independientemente de cómo a uno le haya ido, hay un 99% de probabilidades de que uno vaya a emprender nuevamente. Y es que uno es víctima de sí mismo. Y de sus sueños, que tarde o temprano se hacen realidad. Y de las maneras más insólitas.
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Emprender.. a veces un sueño, a veces una pesadilla. ¿Cuál es el imaginario asociado a emprender? ¿Qué lleva a pobres almas incautas, en un minuto de debilidad, a destinar sus fondos de ahorro, o incluso endeudarse, bajo la premisa de que, al menos, mantendrán o duplicarán esa inversión? Porque, reconozcámoslo: todos quienes hemos puesto locales, hecho negocios o iniciado alguna actividad independiente de algún tipo, hemos pensado que de alguna manera “eso”, será mejor que lo que actualmente estamos viviendo: un trabajo agobiante, un sueldo que no alcanza, un jefe tarado, o una necesidad real de hacer algo que, a nuestro parecer, no está hecho. Inventar la rueda o, al menos, hacerla girar en otro camino o pintarla de otro color. ¡Ser dueño de tu tiempo! ¡Qué lindo! ¡Qué cuentas, si es taaan poquito!

En fin: ya pisamos el palito.

Una vez adentro, comenzamos a cranear qué es lo que haremos, dónde, cuándo y para qué. “Para quiénes”, dicen los manuales de marketing, “dónde y por cuánto” dice el amigo del amigo que se metió a arrendar un local carísimo que no rentó ni la mitad de lo que esperaba. Pero a ese amigo ¿quién lo conoce? ¿Alguien habló con él? Bueno, es información y ya la tenemos, decimos. En contraste está el tío de un amigo que empezó con un negocio chiquitito y ahora tiene “la media empresa”. Y bueno, esa es la raíz del problema, que uno oye lo que quiere oír. Algo hay en la naturaleza emprendedora que hace que, quienes emprendemos, al menos la primera vez, vayamos más guiados por el instinto y el impulso vital del cazador, que por cualquier otro análisis más racional y aterrizado. Muchas veces ni siquiera conocemos bien el negocio, pero cuando uno quiere hacer algo todo parece ser una gran oportunidad y como tal, hay que aprovecharla, ya, ya, YA.

A estas alturas, ya le hemos contado a medio mundo que vamos a comenzar algo, aunque no digamos qué, porque juramos que todos nos quieren copiar. O sea, ya llevamos tres típicos síntomas del emprendedor, fácil presa de la ensoñación del novato: creemos que tenemos un muy buen negocio entre manos, creemos que a nadie más se le ha ocurrido exactamente como a nosotros y que hay que hacerlo ahora, antes de que otro lo haga. ¿Les suena eso conocido? Pues bien, ¡bienvenidos al club!

¿Cómo se llamaba la página? ¡Ah! ¡Trámite Fácil! 

De fácil, poco. No tiene gran dificultad, más bien se trata de orden y paciencia, mucha paciencia. Meterse en la tramitación que implica arrendar un local, sacar patente, buscar una vendedora, abrir el giro, timbrar boletas y ¿facturas? ¿Vamos a dar factura? ¿Vamos a vender también al por mayor? ¿Vamos a comprar por volumen? ¿Y dónde lo guardaremos? ¿En la bodega de la casa? ¿En la bodega del departamento de mi mamá? ¡Si mi hermana ya la tiene llena de cachivaches! Y bueno, arrendemos una bodega o un local más grande. En fin. La lista de caminos hacia donde conducen las tramitaciones del local que pensamos poner es casi infinita. Es una relación directamente proporcional: mientras más servicios y más productos, más trámites y más papeles. Lo que no sabemos es el tiempo que deberemos destinar a mantener en orden todos esos papeles, porque cada área tiene su fiscalizador y si pensábamos que sólo bastaba vender con boleta, bueno, es algo más complejo que eso. El hecho es que una vez que tenemos todo para poder abrir el local, abrimos un vinito y celebramos: ¡Lo hicimos! ¿Qué hicimos?¡Avanzamos un paso más hacia el precipicio! Lo lindo es que aún no lo sabemos… so, let’scelebrate!!

¡Ya abrimos! 

Ya. Aquí estamos. Nuestro sueño se ha cumplido. Está tan lindo el local. La señora del al lado está sorprendida con lo lindo que es. Dijo que aquí se habían puesto como tres locales antes y que ninguno funcionó. Pero que ninguno era como el nuestro. Por eso les fue mal. Nos deseó mucha suerte y nos compró algo. En la mañana entraron como cinco personas más, a conocer. Todas encontraron todo lindo. Pero ventas… bueno, dijeron que otro día volverían. Y qué, si recién llevamos una semana abierto. Nadie nos conoce todavía. Llevamos un mes abierto y ha entrado gente, hemos vendido, nos han hecho algunos pedidos, ¡bien! Estamos contentos. Creemos que tiene futuro. Llega fin de mes y tenemos para pagar las cuentas. O al menos casi. El mes siguiente debería ser mejor.

Dos meses después… 

Mmhhh… yo creo que el mensaje no se entiende bien, porque cómo me van a pedir siempre lo que no tengo. Bueno, al menos los proveedores me aguantaron un cheque a fecha, hay que reponer, si no la gente no vuelve más. También podríamos traer estas cosas que salían en la revista esa… hay que estar atentos a las tendencias. Y bueno, no bajar la calidad, la idea es diferenciarse del resto y no competir solo por precio. También está el servicio. Atendido por sus propios dueños no tiene precio. A la antigua.

A los seis meses…  

Mira, la verdad es que si hacemos un balance de las ventas, hemos ido de menos a más. El tema es que los márgenes que manejamos son muy bajos y para que sea un buen negocio deberíamos vender mucho más. Ni hablar detener ganancias, eso se ve lejos todavía. Yo creo que sería bueno buscar una pega para poder seguir pagando el colegio de los niños y poder seguir comiendo como siempre… en fin. Hay que hacer sacrificios. Más adelante se verán los resultados.

Ocho meses…

Menos mal que me encontré una pega, al menos ya no tenemos la urgencia. La vendedora que pusimos sí, no me convence mucho, pero bueno, así podemos conciliar el cuidado de los niños, la pega y nada, hay que estar supervisando nomás. La lata es que parece que para vivir como nos gusta necesitamos ganar bastante más de lo que da el negocio. Pasamos ya la primera temporada y si bien no fue mala, tampoco fue gran cosa. Podríamos buscar otro local, o traer otras cosas de venta más masiva. Ahora entiendo a qué se refieren cuando hablan de los negocios de nicho. Claro, parece que a la gente que le gustaba era menos de la que yo pensaba. Me siento especial. Qué choro.

Once meses… 

¿Y vamos a renovar el arriendo? ¿Para qué? Además siento que me estoy desprofesionalizando. No estudié cinco años para hacer arqueos y llevar el IVA, o sea, más acción, por favor. Esto se está poniendo latero. Y más encima, ando sin ni uno. Y si no estoy yo, la vendedora no vende nada. Lo único que le preocupa es cobrar su sueldo e irse para su casa, ¡súper! ¡Así cualquiera!

De emprendedores a emperdedores… ¡o con un Master of Business!

Y llegamos a los descuentos.

Las estadísticas dicen que la mitad de los emprendimientos fracasa antes de los tres años. También que la mayoría de los emprendedores exitosos han emprendido al menos dos veces antes negocios que no han dado buenos resultados. Pero el valor está en la experiencia. No cualquiera se atreve a emprender. Y es que emprender no es para cualquiera. A partir de mi experiencia, podría decir que es una carrera de largo aliento y que el negocio está en conocer el negocio. Pensar en una tienda equivale a eso, por lo que hay que considerar que toma tiempo hacerse conocidos y que para mantener la clientela hay que estar comunicándose constantemente y ajustándose a sus requerimientos. Hasta los artistas se deben a su público. La idea es que comprendamos eso, antes de deberle todo a los proveedores. Y que, bueno, Don Genaro no era millonario. Y tampoco profesional. Tal vez como ingeniero comercial se hubiese dejado seducir por un buen sueldo y una jaulita de oro, quién sabe y quién podría culparlo.

Siempre vale la pena hacer la experiencia; e independientemente de cómo a uno le haya ido, hay un 99% de probabilidades de que uno vaya a emprender nuevamente. Y es que uno es víctima de sí mismo. Y de sus sueños, que tarde o temprano se hacen realidad. Y de las maneras más insólitas.

(*) Texto publicado en El Quinto Poder.cl

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