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Discurso, mentiras... y estadísticas

por 19 septiembre, 2012

La situación es grave, hoy el discurso político está aferrado a la verdad de las encuestas, en algunos casos creadas por ellos mismos, en otros casos aceptadas por conveniencia. Entremedio, los ciudadanos, pidiendo como Condorito, una explicación.
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Listas de espera AUGE, pobreza según Casen, población según el Censo, Estados financieros de universidades según el Mineduc, ignorancia política de jóvenes según Injuv. La lista es indudablemente preocupante. ¿Qué pasa con las estadísticas oficiales de Chile y las verdades que quieren comunicar?

Revisemos. El primer caso es la acusación de que las listas de espera AUGE habrían sido terminadas “por secretaría”, lo que se repite ahora con la medición de pobreza de la Casen —cuyos datos fueron cambiados a expensas de la CEPAL, incluyendo una pregunta aparentemente no comparable, según reveló una investigación de Ciper. Luego tenemos un atendible cuestionamiento metodológico del CRUCh por la medición de los Estados financieros de las Universidades, frente a una medición que asume algo equívoco: la cantidad de dinero gastado por alumno es indicador de eficiencia y calidad de la administración. A continuación, un Censo dudoso que deja preguntas como la real necesidad de cambiar el tiempo de aplicación del cuestionario o por qué aparecen menos chilenos que los esperados —mientras varios acusan que no fueron censados. Y, por último, una encuesta del Injuv que, en un periodo de duras manifestaciones sociales dice, en conclusión, que los jóvenes no saben nada de representación política y que la mayoría no participa en marchas.

La situación es grave, hoy el discurso político está aferrado a la verdad de las encuestas, en algunos casos creadas por ellos mismos, en otros casos aceptadas por conveniencia. Entremedio, los ciudadanos, pidiendo como Condorito, una explicación.

Es más fácil entender por qué incluir en esta lista la Casen, las listas AUGE, los Estados financieros o incluso el Censo: en todos esos casos hay una disputa metodológica que ya ha sido presentada en la prensa. En chileno: los datos no habrían sido bien tomados o interpretados. Un problema ya bastante grande si consideramos, como recordó un ex ministro, la reputación de Chile en materia de estadísticas. Pero, ¿por qué incluir el tema de la encuesta del Injuv?

También podríamos criticar la metodología de la  encuesta del Injuv —¿Por qué se excluyó de la encuesta a jóvenes de entre 15 y 17 años como sí se incluyen en la 6ta Encuesta Nacional de la juventud?—, pero no siendo especialista en el tema metodológico, la encuesta del Injuv sí permite también hablar de algo que al parecer se está haciendo lamentablemente costumbre para este gobierno: entregar cifras que tratan de convencernos de nuevas verdades.

¿No debería extrañarnos que en un bienio de movilizaciones estudiantiles aún fuertes, el gobierno —declarado contrario a las solicitudes de los estudiantes— publique una encuesta sobre “Disposición y actitudes hacia el sistema de representación política”, donde una minoría declara haber participado en una marcha pública, que ese porcentaje disminuya en 2012 y que se excluya de la encuesta a jóvenes menores de 18 años que justamente son los que más participan en las marchas? Pero más simple, ¿no debería extrañarnos que el INJUV publique con bombos y platillos una encuesta que no hace más que mostrar lo inútil que ha sido ese organismo incentivando la participación juvenil, pero que no se produzca mayor cuestión al respecto?

¿Qué verdad está tratando de hacernos creer el gobierno a través de las estadísticas? Las encuestas construyen realidades y por ello son materia de análisis crítico para áreas de estudio como la comunicación política. Y el problema es que ahora el río suena, acusando que nuestros principales actores políticos estarían aprovechándose del capital de respetabilidad de estadísticas nacionales, apreciadas por ser, si no neutrales, al menos constantes y comparables en el tiempo (Casen, Censo, etc.) ¿Tan poca respetabilidad ha alcanzado el gobierno que se ve obligado a usufructuar de la respetabilidad de tradicionales encuestas?

Y el problema de fondo es que por neutrales, esas estadísticas son consideradas además en la base de investigaciones y decisiones que tienen un alto impacto en el país. Los programas de televisión las difunden, se evalúan decisiones editoriales con ellas, se deciden gastos públicos para los próximos 10 años, se piensa el crecimiento, son el punto 0 de una buena investigación. Se construye verdad y país con la información que tenemos sobre sus ciudadanos, y cuánto más. Chile hasta ahora ha tenido el liderazgo a nivel latinoamericano en estas materias y no hace sentido que por la baja aprobación de un gobierno sacrifiquemos ese trabajo ganado. Hay un patrimonio estadístico construido por esforzados investigadores que no merece ser destruido por una realidad política circunstancial.

Lo grave es que llegamos a un punto en que la tradicional elite política, frente a los altos niveles de decepción que ha conseguido en la población, encontró como  única trinchera de protección las encuestas y así como aparecen dudosos trabajos estadísticos por parte del gobierno, del otro lado, los actores del Congreso y los partidos se parapetan en encuestas de opinión que se cierran a un número acotado de alternativas, dejando por ejemplo, a un 60 % de personas, precisamente jóvenes, sin representación. La situación es grave, hoy el discurso político está aferrado a la verdad de las encuestas, en algunos casos creadas por ellos mismos, en otros casos aceptadas por conveniencia. Entremedio, los ciudadanos, pidiendo como Condorito, una explicación.

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