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Una Constitución Moderna demanda responsabilidad

por 22 junio, 2013

Si quienes creen que las estructuras institucionales favorecen el abuso de sectores poderosos sobre la gran mayoría de ciudadanos, entonces, en vez de quedarse en casa reclamándole a la pantalla del televisor, debe levantarse, informarse acerca de lo que proponen los candidatos presidenciales y al Parlamento y votar en las primarias y en las elecciones generales de este año.
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Hay una buena dosis de impopularidad cuando se afirma que la Asamblea Constituyente parece no ser la mejor manera de afrontar los cambios y modernizaciones que la institucionalidad chilena requiere para el futuro. Los eslóganes son difíciles de neutralizar y a veces, grandes ideas y declaraciones parecer cautivar las legítimas ansias de los movimientos ciudadanos por conseguir cambios reales.

El tema de los abusos a las personas no se resuelve per se con borrar del mapa la actual Constitución. Ciertamente, ayuda el hecho de contar con una Carta que declare firmemente el respeto por la diversidad, el ejercicio efectivo de derechos y la protección de valores comunes a nuestra forma de vida.

He dicho que el debate en torno a una asamblea constituyente no tiene relevancia y que hay otras preocupaciones que me parecen más urgentes. Eso no implica ni lleva una secreta idea de mantener intocables algunos enclaves que desde hace años he denunciado como antidemocráticos. Quisiera una Constitución que refleje la identidad pluricultural de nuestro país, que favorezca la diversidad y sobre todo, que sea inflexible ante la discriminación y la segregación, que proteja en la misma proporción los derechos y las propiedades, sin el desbalance que hoy tenemos.

Hay mucho que avanzar en la descentralización de un sistema en exceso presidencialista, de modo de contar con mejores mecanismos de control por parte de los otros poderes del Estado. Hay que terminar con el sistema electoral binominal, debemos tener una ley de financiamiento de partidos y de la actividad política. ¿Son cambios menores? ¿Irrelevantes? No creo.

Lo que sí creo es que estos cambios deben hacerse con una legitimidad incontestable: la de las urnas. El ejercicio es simple. Si quienes creen que las estructuras institucionales favorecen el abuso de sectores poderosos sobre la gran mayoría de ciudadanos, entonces, en vez de quedarse en casa reclamándole a la pantalla del televisor, debe levantarse, informarse acerca de lo que proponen los candidatos presidenciales y al Parlamento y votar en las primarias y en las elecciones generales de este año.

De ese modo, quienes obtengan una mayoría suficiente en ambas cámaras del Congreso tendrán toda la legitimidad para hacer los cambios que la ciudadanía con toda justicia demanda. El resto, es teoría. Una Constitución moderna, ajustada a la nueva realidad del mundo y del país, demanda actitudes responsables de los ciudadanos y eso se hace participando.

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