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La jubilación olvidada de la mujer

por 21 julio, 2014

Todo lo anterior se puede traducir en una idea: las pensiones para las mujeres actualmente no alcanzan para financiar los 25 años promedio que se deben cubrir tras jubilar, incluso, cotizando responsablemente durante toda la vida laboral.
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Es cierto que el sistema de pensiones necesita modificaciones debido a que los parámetros que se fijaron para hacerlo sustentable han cambiado considerablemente. También es cierto que muchos de los problemas se deben a deficiencias del mercado laboral y a transiciones demográficas que han aumentado la expectativa de vida. Pero aún más cierto es que la mujer es la más perjudicada y no mucho se ha hecho al respecto.

El debate que ha surgido en torno a las pensiones deberá abordar este componente de forma urgente si queremos avanzar en una sociedad menos discriminadora y más inclusiva, pues la evidencia sugiere que, aun cotizando durante toda la vida laboral, la tasa de reemplazo para la mujer sigue estando apenas por encima del 50%.

¿Qué nos dicen los números? El monto promedio de pensión para una mujer es 40% menor que la de un hombre producto de la mayor esperanza de vida y la menor edad de jubilación. Sumado a aquello, las brechas salariales –que lejos de disminuir han aumentado con el tiempo– se han convertido en una causa directa del menor nivel de ahorro, donde el ingreso per cápita promedio para los hombres es un tercio mayor que los ingresos del género opuesto.

Todo lo anterior se puede traducir en una idea: las pensiones para las mujeres actualmente no alcanzan para financiar los 25 años promedio que se deben cubrir tras jubilar, incluso, cotizando responsablemente durante toda la vida laboral.

Pero el mercado laboral no sólo discrimina por sexo a la hora de definir los salarios, sino que deja fuera a una gran cantidad de mujeres en edad de trabajar. En efecto, como señala la nueva Encuesta Nacional de Empleo 2013, de los inactivos, un 66% son mujeres. El motivo principal se debe a razones de estudio y familiares permanentes, como el cuidado de los hijos, lo que deriva en un aumento de las conocidas lagunas previsionales, que traen por consecuencia una merma en las pensiones futuras.

Todo lo anterior se puede traducir en una idea: las pensiones para las mujeres actualmente no alcanzan para financiar los 25 años promedio que se deben cubrir tras jubilar, incluso, cotizando responsablemente durante toda la vida laboral.

Las propuestas para este grupo específico deben pasar por tres pilares fundamentales: eliminar las inequidades propias del mercado laboral con respecto a salarios y cuidado de los hijos; en segundo lugar, desarrollar una estrategia educacional potente en torno a la importancia del ahorro y la protección social; y, finalmente, crear incentivos que estimulen el retraso de la edad de jubilación, teniendo en cuenta que las mujeres chilenas presentan la edad de retiro más baja de todos los países de la OCDE.

Será fundamental que tanto los empleadores como los trabajadores se beneficien de lo anterior, pues llama la atención que, del total de ocupados, tan sólo un 20% tienen más de 55 años y de esa cifra un tercio son mujeres.

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