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Ébola y ecología

por 14 agosto, 2014

Pareciera que el postulado de que “el hombre (ser humano) es la medida de todas las cosas” ha resultado ser falso. Somos unos más entre miles y miles de especies, siempre frágiles, siempre a la defensiva, con solo 160 mil años sobre el planeta. No es que los agentes infecciosos sean “malignos”, sino que una y otra vez imaginamos que no hay límites, y que estas minúsculas partículas o células, éxitos evolutivos de millones de años, pueden aceptar nuestra soberbia y desaparecer. Es un error.
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El virus Ébola como agente infeccioso en humanos es conocido desde el año 1976, cuando se documentó el primer caso en una villa al norte de la actual República Democrática del Congo, entonces Zaire. Tomó el nombre de un pequeño río afluente que desemboca en el Mongala para llegar al gran río Congo.

Produce un cuadro grave de fiebre hemorrágica luego de un período de incubación de 5 a 12 días. Se trasmite a través de fluidos corporales y hasta la fecha el manejo consiste en la hospitalización para el tratamiento intensivo, hasta que cedan las complicaciones de hemorragia y shock. La letalidad (fallecidos entre enfermos) va entre 50 y 90%.

La alerta mundial lanzada por la OMS es prudente, por cuanto el actual brote del año 2014 ya ha afectado a más de 1.000 personas, y compromete a varios países de África Occidental. La letalidad de la enfermedad parece haber tendido a disminuir a lo largo de los distintos brotes episódicos, lo que paradójicamente aumenta más el riesgo de diseminación.

Pareciera que el postulado de que “el hombre (ser humano) es la medida de todas las cosas” ha resultado ser falso. Somos unos más entre miles y miles de especies, siempre frágiles, siempre a la defensiva, con solo 160 mil años sobre el planeta. No es que los agentes infecciosos sean “malignos”, sino que una y otra vez imaginamos que no hay límites, y que estas minúsculas partículas o células, éxitos evolutivos de millones de años, pueden aceptar nuestra soberbia y desaparecer. Es un error.

La prevalencia actual de las enfermedades crónicas no trasmisibles, como Diabetes, Hipertensión y Cáncer, genera la falsa impresión de que la lucha contra las enfermedades infecciosas es un asunto del pasado. Desde una perspectiva ecológica, todos los organismos luchan por vivir en un nicho determinado y la aparición de nuevos gérmenes o de variantes resistentes a los tratamientos hasta ahora efectivos es la norma. Así, recientemente nuestro país ha enfrentado brotes de coqueluche, la llegada del virus de la Influenza Humana, o la aparición de la cepa W135 de meningococo. La selección por resistencia a antibióticos es la preocupación más importante de cualquier unidad de tratamiento intensivo.

Pareciera que el postulado de que “el hombre (ser humano) es la medida de todas las cosas” ha resultado ser falso. Somos unos más entre miles y miles de especies, siempre frágiles, siempre a la defensiva, con solo 160 mil años sobre el planeta. No es que los agentes infecciosos sean “malignos”, sino que una y otra vez imaginamos que no hay límites, y que estas minúsculas partículas o células, éxitos evolutivos de millones de años, pueden aceptar nuestra soberbia y desaparecer. Es un error.

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