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Política para los Museos

por 26 diciembre, 2014

Política para los Museos
Hay que entender entonces que una política nacional de museos –que harta falta que hace– no es lo mismo que una política para los museos de la Dibam. Es correcto –y enhorabuena– que el Estado se ocupe de los museos que son de su propiedad –y, de hecho, la subdirección de museos de la Dibam hace una labor extraordinaria–, pero es evidente que sería abusivo asimilar “lo público” a la Dibam o al futuro Ministerio de Cultura.
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El anuncio de la Presidenta Bachelet de hacer gratuita la entrada a los museos de la Dibam, junto con el importante aumento de los recursos para esas instituciones y algunos centros culturales en el presupuesto 2015, son medidas muy positivas que van en la dirección correcta de facilitar el acceso público al patrimonio y la cultura.

La gratuidad permitirá que el público les pierda el miedo a estas instituciones que muchas veces son vistas como lejanas y elitistas. Su efecto práctico, más que pecuniario, es simbólico. En efecto, las entradas al museo tienen en general un valor mínimo de aproximadamente un dólar (menos que un pasaje en micro), en circunstancias que en países desarrollados pueden alcanzar hasta los 25 dólares. Más que una fuente de ingresos para el museo, las entradas se habían convertido en una barrera subjetiva. El público en Chile, a diferencia de los países desarrollados, asiste escasamente a los museos no por el precio de las entradas sino por falta de hábito y de información sobre lo que pueden encontrar en estas instituciones, o también, a veces por la ausencia de proyectos atractivos para las audiencias.

Con todo lo positivas que son entonces estas medidas para buscar mejorar la posición de los museos, no constituyen aún una política de museos como la que requiere el país, como lo ha hecho evidente la columna del director del MAC Francisco Brugnoli en El Mostrador, que muestra que la gratuidad de sus vecinos del Museo Nacional de Bellas Artes puede afectar negativamente al MAC.

Una política nacional de museos debe considerar un amplio debate y participación de los actores del sector, públicos y privados, y sus decisiones debieran abordar diferentes ámbitos, tales como el financiamiento y fomento para museos, la informatización de los mismos, la adquisición de colecciones, la formación de recursos humanos, la formación de audiencias, entre otros temas.

Hay que entender entonces que una política nacional de museos –que harta falta que hace– no es lo mismo que una política para los museos de la Dibam.

Es correcto –y enhorabuena– que el Estado se ocupe de los museos que son de su propiedad –y, de hecho, la subdirección de museos de la Dibam hace una labor extraordinaria–, pero es evidente que sería abusivo asimilar “lo público” a la Dibam o al futuro Ministerio de Cultura.

Es decir, hay que hacerse cargo del apoyo a museos que no pertenecen a la Dibam, pero que son públicos por su naturaleza jurídica o por el carácter de sus colecciones.

Una política nacional de museos debe considerar un amplio debate y participación de los actores del sector, públicos y privados, y sus decisiones debieran abordar diferentes ámbitos, tales como el financiamiento y fomento para museos, la informatización de los mismos, la adquisición de colecciones, la formación de recursos humanos, la formación de audiencias, entre otros temas.

La discusión que se lleva a cabo en la actualidad sobre el futuro Ministerio de Cultura, es una buena oportunidad para que las autoridades de cultura y patrimonio realicen e inviten a este debate.

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