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Ley de Carrera Docente: decepciones y posibilidades

por 9 mayo, 2015

La Carrera Docente impulsada por el ejecutivo es una nueva decepción para quienes creyeron que este gobierno sería uno transformador, pues mantiene las lógicas que han imperado en la educación desde la vuelta de la Democracia y no genera los cambios de fondo en una dirección hacia lo público y lo colaborativo que el movimiento social y la ciudadanía movilizada vienen exigiendo con claridad desde, al menos, el 2011.
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Con el envío del Proyecto de Ley de Nueva Política Nacional Docente por parte del Gobierno, por algunos días se vivió en el país la sensación de que -¡por fin!- se comenzaba a revalorizar el importantísimo rol de los profesores. La misma Presidenta dijo “nuestros maestros son la viga central de la reforma educacional”, y desde La Moneda se desplegó toda una acción comunicacional tendiente a instalar la idea de que el proyecto de ley que presentaba el Gobierno aumentaba las remuneraciones del profesorado, mejoraba sus condiciones laborales al aumentar las horas de preparación de clases -las famosas horas no-lectivas- y sería clave en la mejora de la calidad de la educación en el país. El Gobierno de las Reformas haría la esperada reforma a la Carrera Docente y reposicionaría a los profesores, en el marco de la Reforma Educacional.

Lamentablemente, como todas las reformas del gobierno, desde el inicio hubo motivos para dudar sobre ella. La ausencia de los dirigentes de Colegio de Profesores en la ceremonia de firma del proyecto de ley, fue una señal clarísima de que no todo era miel sobre hojuelas. A los pocos días de conocerse el articulado completo del proyecto de ley, surgieron voces críticas. Mario Aguilar, uno de los dirigentes del Colegio de Profesores adscritos al llamado “sector disidente” hizo un lúcido cuestionamiento a la iniciativa del gobierno, reparos que luego fueron secundados por varios movimientos y colectivos de docentes críticos.

Lo que dicen los profesores puede sintetizarse en tres grandes críticas de fondo. En primer lugar, afirman que el proyecto mantiene una lógica de mercado, de individualismo y de competencia. Y es cierto: el proyecto de ley plantea una Carrera Docente exclusivamente individual, donde cualquier avance depende de la acción aislada del profesor, sin ningún tipo de trabajo en equipo. De hecho, el proyecto de ley no contempla ni un solo beneficio otorgado por algún trabajo asociativo de los profesores entre varios de ellos. O sea, se opone a la colaboración entre docentes y promueve la competencia entre ellos, desechando toda la evidencia en investigación educacional que ha demostrado que en Educación lo que mejores resultados genera es el trabajo colaborativo entre docentes y estudiantes. La Escuela será un campo de competencia entre los profesores por quien gana y avanza en la Carrera Docente. Imaginamos el envidiable clima laboral que producirá este proyecto.

La Carrera Docente impulsada por el ejecutivo es una nueva decepción para quienes creyeron que este gobierno sería uno transformador, pues mantiene las lógicas que han imperado en la educación desde la vuelta de la Democracia y no genera los cambios de fondo en una dirección hacia lo público y lo colaborativo que el movimiento social y la ciudadanía movilizada vienen exigiendo con claridad desde, al menos, el 2011.

En segundo lugar, continúan los profesores, la Carrera Docente impulsada por el gobierno plantea un avance basado en “certificaciones” de los profesores ante entes externos al colegio donde se desempeñan. La experiencia reciente, que ha implicado la creación de las ATE y de las Agencias Acreditadoras, hace perfectamente plausible el pensar que esa evaluación será licitada a empresas externas que harán la certificación. Ella consistirá en la preparación de un instrumento evaluativo por parte del docente, que evalúe conocimiento disciplinar y conocimiento pedagógico, el actual “portafolio” de la Evaluación Docente. Resulta evidente que si para progresar en la carrera docente el profesor debe ser bien evaluado en la certificación, su concentración y mayor dedicación estarán en aquello y no en el trabajo en aula. “Lo que se evalúa es lo que se hace”, dice un refrán pedagógico y calza preciso para esto. No sería de extrañar, de hecho, que en más de algún colegio se empiecen a realizar “Jornadas” de profesores cuyo fin sea la mejor preparación para las certificaciones –y cada jornada será una clase de aula menos, obviamente-; o, peor, que el anunciado aumento de horas no-lectivas para los profesores termine siendo ocupado en preparar las certificaciones en vez de preparar mejores clases para los alumnos.

Finalmente, la tercera crítica de fondo de los docentes tiene que ver con que todo el proceso de certificaciones y avance en la carrera docente está basado en las pruebas estandarizadas y en la lógica de la educación por competencias. Hay una larga y robusta tradición crítica a las pruebas estandarizadas que ha dado pie incluso a una campaña nacional para terminar con el SIMCE. Pero en este caso la situación se agrava, pues se coarta por ley la autonomía y la especificidad de cada docente y de cada contexto educativo al medir a todos con exactamente la misma vara; se desconoce la dignidad profesional de los profesores al excluir cualquier forma de evaluación más participativa, una evaluación con los docentes y no solo a los docentes; y se sepulta toda posibilidad de surgimiento de pedagogías alternativas a la educación por competencias, pues si se evaluará la habilidad en esa específica pedagogía –venida conceptualmente del mundo de la economía y la empresa-, claramente no quedará espacio para que se aplique en los colegios ninguna otra visión pedagógica (y curiosamente no vemos a los defensores de la “libertad de enseñanza reclamar por aquello”).

Así, la Carrera Docente impulsada por el ejecutivo es una nueva decepción para quienes creyeron que este gobierno sería uno transformador, pues mantiene las lógicas que han imperado en la educación desde la vuelta de la Democracia y no genera los cambios de fondo en una dirección hacia lo público y lo colaborativo que el movimiento social y la ciudadanía movilizada vienen exigiendo con claridad desde, al menos, el 2011. La forma en que se anunció el proyecto de ley también decepciona, pues se convocó a todos los profesores del sistema municipal a una Jornada de Reflexión respecto a la Carrera Docente, y la firma del proyecto de ley se hizo… ¡antes de que estuvieran tabuladas las conclusiones de esa jornada! Sí, tal como lo lee: el gobierno expresamente no tomo en cuenta la opinión de los profesores que él mismo convocó a reflexionar. Insólito.

Pero esta contingencia legislativa también ha traído posibilidades y apertura de caminos. Al generalizado reconocimiento a la importancia de la labor docente que hemos visto en la opinión pública, podemos agregar un movimiento social de profesores y estudiantes que cada vez tiene mayor claridad y mayor capacidad propositiva. A las críticas de fondo que han hecho los profesores al proyecto de ley, les han acompañado propuestas claras y aplicables, técnico-pedagógicamente mucho más pertinentes que lo impulsado por el Gobierno y mucho más en sintonía con las demandas de la inmensa mayoría del país. Ante la lógica de competencia, se ha propuesto que los profesores colaboren entre sí, que haya certificaciones a labores realizadas asociativamente entre varios profesores, y que avancen en la carrera docente todos los que califican para ello; ante la externalización de certificaciones y su realización a través de pruebas estandarizadas, se ha propuesto que se apoye decididamente la capacitación docente, la realización de post-grados por parte de los profesores –que es de verdad la forma en que puede subirse el nivel de calidad de los profesores- y el empoderamiento de las comunidades escolares en la evaluación de su desempeño y resultados; ante la imposición de una sola perspectiva pedagógica se ha defendido el pluralismo y la necesidad de valorizar las diversas corrientes pedagógicas, rescatando lo más útil de cada una.

Finalmente, el proyecto de ley de Carrera Docente impulsada por el Gobierno ha logrado lo impensado hace solo unos meses: la unidad dentro del Colegio de Profesores. Pese a las profundas diferencias entre los distintos sectores del gremio docente, la entidad colegiada ha aprobado por unanimidad su rechazo al proyecto de ley y ha declarado un estado de alerta y movilización creciente del profesorado. Por otro lado, los estudiantes convocan a una nueva Marcha Nacional por la Educación para el 14 de mayo y entran cada vez más en sintonía con los profesores movilizados.

La ley de Carrera Docente no va en el camino de lo demandado en años de movilizaciones sociales por la Educación. Pero precisamente todo ese movimiento social cada vez tiene más claridad sobre la necesidad de una Educación bajó una lógica pública, colaborativa, comunitaria y concebida como un derecho, y está dispuesto a movilizarse activamente por ello.

El camino para luchar por esa educación que construya otro Chile está abierto y el movimiento social está dispuesto a empujar los límites a través de él.

 

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