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Rectificación ciudadana

por 23 agosto, 2015

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La retroalimentación es una etapa fundamental en el proceso de aprendizaje y crecimiento de cualquier organización, ya que así se validan o rectifican las decisiones anteriormente escogidas. Esto en política es aún más importante, siendo las elecciones una instancia particular en la cual la ciudadanía valida o rectifica a sus autoridades.

Al respecto, estamos próximos a las elecciones municipales. En junio del 2016 se realizarán las primarias para elegir a los aspirantes a alcaldes y en octubre éstos competirán para llegar al sillón municipal. Si bien no hay conocimiento de quienes serán los candidatos, se espera la participación de muchos incumbentes.

Ahora bien, la negativa percepción ciudadana respecto a los municipios acompañaría a esta alta participación de incumbentes. Por ello, las próximas elecciones representan una oportunidad para que la ciudadanía expulse a los alcaldes corruptos y premie a los probos.

Sin embargo, una correcta retroalimentación y –por consiguiente- una efectiva rectificación o validación descansa en una correcta evaluación previa. Por ello, ¿es robusto suponer que la ciudadanía realizará una evaluación lo suficientemente certera respecto a la gestión de su municipio? En efecto, en Economía Política hay múltiple evidencia señalando que el electorado juzga a los políticos –y a su labor- en función principalmente de la afinidad ideológica, lo cual –por supuesto- está lejos de una efectiva evaluación del real desempeño.

El problema de la evaluación ciudadana a lo político –en definitiva-  se puede redefinir como un problema de información. En efecto, la dominancia ideológica está condicional a un escenario de desinformación. Por lo tanto, es razonable preguntarse si los resultados electorales cambian a medida que las certezas le ganan a las meras apreciaciones.

 En las próximas municipales la ciudadanía podrá rectificar o validar a la gran mayoría de sus alcaldes. Sin embargo, la efectividad de dicha etapa depende de la retroalimentación derivada de una evaluación. En este sentido, la información minimiza la predominancia de la emoción y del prejuicio dando paso al conocimiento en torno al real desempeño de las autoridades, permitiendo así una correcta rectificación ciudadana.

La experiencia comparada nos remite a Brasil del 2003. En aquel año el gobierno brasileño implementó un Programa Anticorrupción, seleccionando aleatoriamente a un conjunto de municipalidades. En una primera instancia se auditó el uso de fondos federales y, en una segunda, se difundieron los resultados de la evaluación. Ferraz y Finan (2008) identificaron un efecto positivo del Programa contra la corrupción al observar que la probabilidad de reelección de los incumbentes disminuye cuando se descubre corrupción en su gestión.

En las próximas municipales la ciudadanía podrá rectificar o validar a la gran mayoría de sus alcaldes. Sin embargo, la efectividad de dicha etapa depende de la retroalimentación derivada de una evaluación. En este sentido, la información minimiza la predominancia de la emoción y del prejuicio dando paso al conocimiento en torno al real desempeño de las autoridades, permitiendo así una correcta rectificación ciudadana.

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