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Violencia hacia la mujer: ¿cuándo perdimos la visión?

por 27 junio, 2016

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Este año hemos presenciado, como país, ataques brutales a mujeres, asesinatos en los cuales se manipula y mutilan los cuerpos como si fueran simples objetos a ser desarticulados. Esto, claro, no nos puede sorprender completamente si tomamos en cuenta que parte de la violencia que se manifiesta hacia las mujeres es considerarlas objetos, propiedad de los hombres y, por ende, sus cuerpos también son meras posesiones que pueden ser profanadas.

Estos cuerpos femeninos cercenados, están hablando, cuando aparecen a la orilla de un río, tirados.

Hablan acerca de una violencia sin igual y también manifiestan un aviso, una advertencia de la sociedad machista y patriarcal a aquellas mujeres que se atreven a no seguir las leyes hegemónicas que han delimitado por tanto tiempo un orden social construido sobre la base de injusticias e inequidades.

El último caso fue el de Nabila Rifo, a quien su pareja agredió salvajemente y dejó sin sus globos oculares.

No es la primera mujer a quien le quitan sus ojos en un intento de femicidio, le advierten que no puede mirar más allá de lo que le indican que debe mirar y si se atreve a explorar con su mirada otros horizontes quedará sin ojos. Así, Nabila vivirá de ahora en adelante en la oscuridad, perdió la visión para siempre y no podrá mirar una vida distinta, sin violencia, sin limitaciones.

Pese a estos ataques brutales que dejan perpleja a la sociedad, se siente cierta indolencia, indiferencia. Pareciera que en Chile se piensa que estos son hechos aislados, lejanos, de personas enfermas, de familias vulnerables. Es muy difícil que se visibilice que estas manifestaciones de violencia son parte de y nacen en nuestra misma sociedad, son expresiones de odio, rabia, rechazo a los cambios, en busca de la perpetuación del orden patriarcal establecido.

A Nabila lamentablemente le arrebataron sus ojos, pero todas y todos los que aún tenemos visión deberíamos utilizarla para observar realmente la gravedad de lo que sucede, no como un hecho lejano, distante y aislado, sino como una manifestación de la sociedad que nosotras y nosotros construimos diariamente.

En el caso de Nabila había denuncias anteriores de violencia intrafamiliar y en estos casos es crucial una adecuada evaluación de riesgo para tomar las medidas pertinentes. Pero en el circuito que recorren las víctimas de violencia de género en nuestro país nos encontramos con muchas barreras. Una de estas es la efectividad de las pautas de evaluación de riesgo, punto crucial, ya que sobre la base de estas evaluaciones es que los distintos operadores del sistema judicial podrán tomar medidas para la protección de las víctimas.

No obstante, estas medidas, aunque sean dictaminadas por los jueces de Tribunales de Familia y/o Jueces de Garantía, no siempre se llevan a cabo de forma efectiva, considerando que instituciones como Carabineros de Chile no tienen la capacidad, en términos de dotación, para dar cumplimiento cabal a estas medidas, siendo esto otra barrera importante que debe ser revisada con urgencia por el gobierno actual.

Para que el gobierno revise las políticas públicas relacionadas con los femicidios, no basta con lamentarse por el ataque sufrido por Nabila, se requiere de una real concientización en esta problemática tanto de la sociedad como de los dirigentes políticos, considerando la búsqueda de medidas más profundas y que ataquen las raíces de estas manifestaciones de violencia, no solo protegiendo físicamente a las víctimas cuando ya la dinámica de violencia está instalada, sino que busquen comprender y observar críticamente el origen de estas dinámicas para que tanto víctimas como victimarios puedan librarse de esos lugares oscuros.

Este desafío se puede llevar a cabo desde la niñez, en la socialización que se lleva a cabo en la familia, en la escuela y en la comunidad. Todos estos lugares propicios e ideales para instalar miradas críticas acerca de los discursos imperantes, para socializar a las futuras generaciones ya no bajo los estereotipos que nos comandan, sino considerando un tipo de vinculación entre personas, entre géneros diferentes, pero ninguno mejor que otro. Podemos prevenir y que las futuras generaciones no se relacionen cosificando a sus parejas, tratándolas como objetos.

A Nabila lamentablemente le arrebataron sus ojos, pero todas y todos los que aún tenemos visión deberíamos utilizarla para observar realmente la gravedad de lo que sucede, no como un hecho lejano, distante y aislado, sino como una manifestación de la sociedad que nosotras y nosotros construimos diariamente. No podemos seguir ciegos y en la oscuridad, tampoco las autoridades nacionales deberían seguir ciegas, porque la violencia se reproduce y escala sin cesar.

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