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Ricardo Lagos: ¿candidato o líder?

por 14 julio, 2016

Ricardo Lagos: ¿candidato o líder?
Sobran nombres en la Nueva Mayoría para convertirse en candidata o candidato a la Presidencia. Lagos no necesita preocuparse del premio mayor, que ya lo tuvo, sino de ejercer su liderazgo para ayudar al país a salir de la crisis, volver a prestigiar la política y fortalecer la democracia. Aunque no llegue nuevamente a La Moneda.
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Mientras en la ciudadanía crece la sensación de náusea y la indignación frente al abuso, la arbitrariedad y el engaño, la elite política busca candidatos a la Presidencia sin que nadie sepa para qué.

Cada vez los remezones son más brutales y las explicaciones más inaceptables. Revisemos solo lo más reciente.

El diputado Iván Fuentes fue financiado por las grandes pesqueras mientras ejercía como dirigente de los pescadores artesanales y también durante su campaña electoral. Sin aferrarse a “inocencias legales” ni apuntar al enemigo oculto que se beneficia con su derrumbe, el parlamentario reconoció el “error” en una actitud prácticamente inexistente entre quienes son sorprendidos en actos indecentes.

Su reacción choca con las declaraciones clasistas y paternalistas que intentaron salvar al diputado apelando a su ingenuidad o falta de experiencia. Un dirigente sindical, capaz de liderar un movimiento social como fue el de Aysén, no es ingenuo, sabe lo que hace y de dónde vienen los recursos. Y así lo dejó en evidencia al puntualizar cómo funciona la política: “¡Las campañas las financian los ricos, hombre!, lo que pasa es que aquí queremos tapar el sol con un dedo”.

Por su parte, el senador Patricio Walker, quien embarcó a Fuentes en la carrera parlamentaria, apela a una generosidad sin mácula para conseguir el financiamiento privado que hoy tiene afligido al diputado. Con la experiencia que tiene, con la preocupación que demostró para impulsar la agenda anticorrupción, ¿nunca pensó que habría un conflicto de interés si el dirigente sindical llegaba al Congreso financiado por las grandes empresas de su zona?

Frente a su exorbitante jubilación de más de cinco millones de pesos, la periodista Myriam Olate respondió con claridad: “Me da vergüenza pero es lo que me tocó. La ética más elemental indica abstenerse de protagonizar hechos vergonzosos, más aún cuando se predica una ideología de la igualdad y los hechos conllevan abuso de poder e ingresos desmedidos a costa de los impuestos que recauda el Estado.

El general Juan Emilio Cheyre, acusado de complicidad en el fusilamiento de 15 personas –sin juicio alguno y por el solo pecado de tener ideas de izquierda– y el entierro clandestino de sus restos en una fosa común, insiste en su total inocencia. No hay duda de que estuvo en el regimiento donde ocurrió la matanza y fue el encargado de informar a la prensa al día siguiente. ¿Cómo se explica entonces que haya guardado silencio sobre los hechos durante más de 40 años?

Desde hace dos años, la realidad se esfuerza por demostrarnos una y otra vez que no somos el país honesto y puro que imaginábamos. Sin mayor aviso, la cloaca existente bajo la elite política y económica comenzó a desbordarse sin contemplaciones. Y mientras esto ocurre, el mundo político busca candidatos a la Presidencia sin que nadie sepa para qué.

En la derecha parece estar claro que el ungido será el ex Presidente Sebastián Piñera, por más intensos que sean los reclamos del senador Manuel José Ossandón y de dirigentes de Amplitud y Evópoli.

En la Nueva Mayoría sobran los aspirantes, desde el ex Presidente Ricardo Lagos –que para alegría de sus seguidores confesó hace unos días que lo está pensando– hasta el diputado PPD, Jorge Tarud, pasando por Isabel Allende, Alejandro Guillier, Ignacio Walker, Jorge Burgos y unos cuantos más.

Hay consenso en que la crisis política que vive el país es profunda. Y que el Gobierno, entrampado en la gestión de las reformas prometidas, no ayuda a encontrar un camino de salida. Quizás, entonces, lo que se requiere no sea una lista de candidatos presidenciales sino un líder que proponga hacia dónde transitar.

Dicen que la decisión final la tomarán después de las elecciones municipales, hacia marzo de 2017. ¿Y mientras tanto qué?

Hay consenso en que la crisis política que vive el país es profunda. Y que el Gobierno, entrampado en la gestión de las reformas prometidas, no ayuda a encontrar un camino de salida. Quizás, entonces, lo que se requiere no sea una lista de candidatos presidenciales sino un líder que proponga hacia dónde transitar.

Desde la oposición, Sebastián Piñera está jugando sus cartas a través de la crítica frontal al Gobierno y la demostración de las bondades que tuvo su administración.

En el oficialismo, de manera más o menos explícita, las miradas se vuelven hacia Ricardo Lagos, como el único que concita un apoyo transversal.

Justo cuando anunció la posibilidad de volver a ser candidato, el ex senador Carlos Ominami sostuvo en una entrevista con Qué Pasa que Lagos debería “poner sus activos para solucionar la crisis política”.

Esto no es necesariamente sinónimo de candidatura presidencial. Si se trata de encarar la crisis política y el empantanamiento en que está su sector, quizás Lagos tendría que entrar a la cancha ahora y no esperar el resultado de las elecciones municipales para tomar una decisión. Los tiempos no están para sandías caladas.

El desprestigio de la política y su espuria relación con los negocios es tan grave que se requiere un tratamiento de emergencia. Más que pensar en una candidatura, y tal como lo sugiere Ominami, el ex Presidente podría evaluar si arriesga “sus activos” en la búsqueda de una salida.

No es tarea fácil. Los universitarios lo apuntan con el dedo por el endeudamiento que provocó el CAE, muchos santiaguinos lo culpan por el Transantiago, y ahora algunos le cobran el nombramiento del procesado ex comandante en Jefe del Ejército, Juan Emilio Cheyre.

Pero Lagos sigue siendo considerado por muchos como un gran estadista, un hombre inteligente, serio, honesto, culto y con un conocimiento acabado de lo que ocurre en el país y en el mundo. Es precisamente a ese capital al que apelan quienes creen que tiene un rol que jugar en el futuro próximo.

De ser así, debiera comenzar de inmediato a proponer el rumbo para que el oficialismo levante cabeza. Con esa visión, recorrer el país para intentar que su coalición recupere el respaldo de los ciudadanos y obtenga la mayor cantidad de votos posibles en las próximas elecciones municipales. El resultado que todos esperan, antes de jugar sus cartas, puede ser muy distinto con Lagos en la cancha o mirando desde su fundación.

Es lo que hizo a fines de los años 80, cuando –contra viento y marea– llamó a inscribirse en los registros electorales y aceptar el plebiscito de Pinochet para derrotar a la dictadura. No era candidato, solo un dirigente con ideas claras.

Sobran nombres en la Nueva Mayoría para convertirse en candidata o candidato a la Presidencia. Lagos no necesita preocuparse del premio mayor, que ya lo tuvo, sino de ejercer su liderazgo para ayudar al país a salir de la crisis, volver a prestigiar la política y fortalecer la democracia. Aunque no llegue nuevamente a La Moneda.

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