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Derrota del partido del orden versus ofensiva frenteamplista

por 13 abril, 2017

Derrota del partido del orden versus ofensiva frenteamplista
Pareciera ser que la Nueva Mayoría ha superado su propio “punto de no retorno”, entrando a un cuadro de inminente implosión interna y sin ningún liderazgo que evite la debacle intestina. A la derecha del pacto, la DC apostará probablemente por el “camino propio”, promovido con ansias por los sectores más conservadores del partido y ratificado en estos días por su candidata y timonel, Carolina Goic.
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El problema político más relevante respecto a la caída de Ricardo Lagos Escobar, no está en dilucidar si este hito representa la muerte simbólica del proyecto histórico concertacionista o el fin del legado transicional.

Sin desconocer la importancia de las pugnas que se desatarán al momento de escribir la incidencia de aquellos personajes políticos que “comienzan a pasar a la historia”, la discusión de la fallida apuesta presidencial de Lagos se torna inmediatamente relevante cuando dejamos de ubicar el dilema en la dimensión ‘teórico-simbólica’ –ejemplificada magistralmente en titulares de prensa o frases históricas tan sintomáticas como: “El Rey ha muerto”, “La muerte del Padre” o “La muerte de lo viejo y el nacimiento de lo nuevo”–, para trasladarlo a los problemas que plantea el escenario sociopolítico en términos ‘concretos’, los cuales exigen ubicar las resonancias de la caída del ex Mandatario en una dimensión, por sobre todo, ‘analítico-práctica’. “Es en la práctica donde el hombre debe demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poder, la terrenalidad de su pensamiento”, anotará Marx en su segunda tesis sobre Feuerbach (1845).

Para nuestro contexto, el aspecto decisivo de la caída del ex Presidente, dentro del escenario sociopolítico actual, es que este hito representa la primera gran derrota estratégica y táctica del ‘partido del orden’ desde que la Nueva Mayoría llegó al poder gubernamental, situación que, a su vez, representa una “ventana de oportunidad” cada vez más favorable para la irrupción política del Frente Amplio.

La intelligentsia oficialista siempre supo que la victoria de la Nueva Mayoría tendría un efecto breve y fugaz. A pesar de que los sectores restauradores han predominado a plenitud en el campo de conducción del proceso reformista, era imperativo que el ‘partido del orden’ vislumbrara una respuesta apropiada a lo que sería el reflujo crítico por parte de la ciudadanía respecto a un programa de Gobierno que había alimentado expectativas que, prontamente, serían defraudadas. Desde la primera reforma emblemática enviada al Parlamento (la tributaria) hasta el último anuncio de la Presidenta sobre un proceso constituyente que dota al Congreso de todas las facultades para conducir a su antojo una “Convención Constituyente”, destinada a redactar una “nueva Constitución”.

He allí la definición de “democracia enclaustrada o restringida” en su máxima expresión. La victoria del ‘partido del orden’ ha sido inobjetable en este campo.

En este tránsito, y cuando las promesas de cambio del proyecto bacheletista se esfumaron, al igual que las posibilidades de conquistar la sustentabilidad política del modelo neoliberal reproducido en el país tras la impugnación promovida por los movimientos sociales y el develamiento del “incestuoso maridaje entre el dinero y la política”, la figura de Ricardo Lagos fue conjurada tempranamente para hablar fuerte y claro a los empresarios en Icare (septiembre 2014). Tras cartón –y cuando Michelle Bachelet enfrentaba un “huracán de críticas” por el caso Caval y los problemas de “diseño, comunicación y gestión” en la conducción del proceso de reformas–, el propio ex ministro del Interior, Jorge Burgos, recibía con “alfombra roja” al ex Jefe de Estado mientras Bachelet se encontraba en visita de Estado en México (agosto 2015), dando una señal clara de las aspiraciones del ‘partido del orden’.

Hasta ese momento, la apuesta de dicho sector poseía vigor y consistencia. Sin embargo, y como “todo lo sólido se desvanece en el aire”, la candidatura de Lagos, una vez lanzada, no hizo más que visibilizar el agotamiento histórico del ‘partido del orden’ en términos de popularidad social.

Con estos alcances retrospectivos, podemos observar las declaraciones dadas por Camilo Escalona tan solo un día antes de que el comité central del PS sellara el destino del ex Mandatrio, optando por el abanderado más competitivo y carismático de la coalición gobernante, la carta del PR, Alejandro Guillier. Para Escalona, Lagos era el único que podía garantizar “la continuidad de la Nueva Mayoría y no existe figura política con ese patrimonio que la pueda reemplazar”.

Pareciera ser que la Nueva Mayoría ha superado su propio “punto de no retorno”, entrando a un cuadro de inminente implosión interna y sin ningún liderazgo que evite la debacle intestina.

A la derecha del pacto, la DC apostará probablemente por el “camino propio”, promovido con ansias por los sectores más conservadores del partido y ratificado en estos días por su candidata y timonel, Carolina Goic.

En los próximos meses, veremos si el último criterio pragmático –el de una convergencia obligada por la pura facticidad de seguir manteniendo las posiciones de poder ofrecidas por el aparato gubernamental y parlamentario– logra evitar una tendencia a la descomposición interna cada vez más patente en la Nueva Mayoría.

Por el centro, quedan los restos desahuciados del PPD –que puede cambiar su actual posición relativa apostando por la representante de la DC–. Junto a esta delicada situación, la carta presidencial más competitiva de la coalición oficialista se encuentra corriendo sola, acusada de populismo y sin posibilidades de medirse en primarias con un contendor interno, si es que la tesis del “camino propio” se ratifica en la próxima junta nacional del partido, agendada para el 29 de abril.

Por el flanco izquierdo, el Partido Comunista negocia con un socio deseoso de entrar al pacto, el PRO de Marco Enríquez-Ominami, esperando que el escenario presidencial reduzca sus tensiones para apoyar la candidatura de Guillier.

En los próximos meses, veremos si el último criterio pragmático –el de una convergencia obligada por la pura facticidad de seguir manteniendo las posiciones de poder ofrecidas por el aparato gubernamental y parlamentario– logra evitar una tendencia a la descomposición interna cada vez más patente en la Nueva Mayoría.

La ofensiva frenteamplista

Pero como todo en política puede llegar a ser peor, las repercusiones de la caída de Ricardo Lagos no solo prenden la incertidumbre en los sectores restauradores. También, alientan la avanzada de la blietzkrieg (guerra relámpago) frenteamplista, profundizando un escenario que ya habíamos advertido en una columna anterior, a partir de la dinamización del debate al interior del nuevo conglomerado, tras la irrupción de la precandidatura del sociólogo Alberto Mayol como carta propuesta por Nueva Democracia, y de la ofensiva discursiva que dicho candidato logró montar por medio de una activa participación en distintos medios de comunicación, provocando no pocas tensiones al interior del naciente referente, las cuales fueron opacadas por la decisión de Beatriz Sánchez de competir en las primarias del sector, previa ratificación de la bases adscritas a las orgánicas que levantarían su candidatura: el Movimiento Autonomista y Revolución Democrática.

El resto ya es sabido, en solo tres semanas de competencia, Sánchez alcanza 6% puntos en la encuesta Cadem, ubicándose por detrás de Alejandro Guillier (15%) y Sebastián Piñera (25%). Todo pareciera indicar que la tendencia al alza alcanzará los dos dígitos antes de que finalice abril.

En menos de un mes, la blietzkrieg frenteamplista ha sabido sortear y aprovechar adecuadamente los hitos contingentes que ofrece la tendencia al fraccionamiento que pervive en las coaliciones políticas tradicionales, ensanchando la “ventana de oportunidad” abierta en el escenario sociopolítico nacional.

Si en una primera instancia el anuncio formal de la periodista Beatriz Sánchez opacó el lanzamiento de la candidatura formal de Sebastián Piñera, la decisión de redoblar la apuesta e ir por las primarias legales el mismo día en que se devela la primera derrota estratégica y táctica del “partido del orden”, expresada en la declinación de Ricardo Lagos, es probablemente el desafío autoimpuesto más importante del naciente conglomerado en términos electorales.

Dentro de las próximas semanas deberán reunir 25 mil firmas, que permitan la legalización de Revolución Democrática para legalizarse como partido, con el objetivo de contar con primarias legales que posibiliten definir la candidatura que representará al Frente Amplio en las presidenciales de noviembre próximo.

No obstante aquello, y a diferencia del primer hito enunciado, el eclipse mediático provocado por la caída de Lagos dejó, a su vez, mediáticamente invisibilizada la apuesta frenteamplista, la cual deberá redoblar sus esfuerzos para alentar la convocatoria de la ciudadanía.

“Veinticinco mil firmas” en un plazo de tres semanas es la consigna de esta primera batalla. Poner una tercera urna en las primarias legales, significará que el tránsito hacia la irrupción de una alternativa política y hacia un reordenamiento del sistema de partidos que comienza a adoptar el país de cara al futuro –pasando de una lógica duopólica a una de tres tercios–, ha comenzado a volverse una realidad.

Un traspié de la iniciativa, obligará al Frente Amplio a jugar en el terreno incierto de las “primarias ciudadanas”, sin el respaldo logístico e institucional facultado por el Estado.

Hoy, más que nunca, el escenario se encuentra plenamente abierto.

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