lunes, 27 de enero de 2020Actualizado a las 10:49

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Periodismo latinoamericano: el necesario camino de la acción

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Asesinatos y control de facto desde los grandes centros de poder serían razones suficientes que conducirían hacia el inmovilismo a quienes desde América Latina seguimos creyendo en la posibilidad de construir alternativas hacia la hegemonía no solo concreta sino incluso simbólica que impone un modelo de ejercicio de la profesión anclado en el sensacionalismo y la noticia como espectáculo, como la alteración negativa de la realidad.

Chile y México no escapan de esta tendencia. En el primero, el periodismo se desarrolla en un espacio de poca profundidad y pobreza de contenidos, donde la prensa en sus distintos formatos, está casi en su totalidad en manos de grupos económicos de derecha. El segundo, es el paraíso de la mafia y corrupción que cruza todos los escenarios sociales a la vez de llevar el ejercicio del periodismo al límite de poner en riesgo la vida misma.

Uno de los peores modos que está teniendo la impunidad contra los periodistas es que las amenazas o los atentados contra su integridad física y desarrollo profesional están ocurriendo sin que estos sucesos tengan la debida repercusión en la opinión pública. Somos comunicadores habitantes de América Latina y El Caribe, por tanto, y a pesar de la concentración de los medios de comunicación, resulta inaceptable que cada cual se ciegue en sus propias realidades sin ser capaces de un análisis y trabajo en conjunto.

Organización y proceso productivo

A tono con la tendencia general del capitalismo, los medios de comunicación en Latinoamérica no escapan a la paulatina concentración de su propiedad en pocas manos. ¿Es posible en ese escenario pensar en alternativas?

Todavía sigue habiendo espacio para las historias de vida y presentar esos segmentos de la realidad rara vez cubiertas pero que incluyen la vida de las comunidades marginadas u olvidadas. Son las y los periodistas quienes deben ganar los espacios y enriquecer la empobrecida calidad del trabajo periodístico en América Latina y el Caribe, sin olvidar el poder de las comunicaciones, tanto como fiscalizadores como educadores de audiencias críticas.

Tal vez sí, pues en varios sitios y especialmente desde las comunidades están naciendo pequeños medios de comunicación gestionados por sus propios trabajadores a partir de mecanismos como las cooperativas de periodistas o la asociación con los movimientos sociales y otros actores de la sociedad civil.

Asimismo el efecto que han tenido las leyes de medios aprobadas en naciones como Ecuador o Argentina serían ahora mismo opciones a defender justamente cuando más estas lo necesitan por la contraofensiva de las derechas. También las nuevas tecnologías podrían ser, y de hecho ya lo están siendo, plataformas de socialización de contenidos y de estructuración con muchos menos recursos de blogs, grupos asociativos en las redes sociales y otras estructuras de difusión de información contra hegemónica a través de las cuales podrían hacerse varias cosas.

Noticiabilidad y públicos

De tanto repetirlo parece tornarse en verdad la idea que los públicos solo están preparados para lo que los teóricos llaman en infoteiment o sea la noticia como entretenimiento o únicamente como la alteración negativa de la rutina cotidiana que lleva a que las agendas de los medios se colmen de violencia y prioricen la cobertura de la farándula. Sin embargo ¿es eso lo que realmente quiere la gente? No, sería descabellado, y así lo demuestran las investigaciones, que amplios sectores de las audiencias se habría hastiado de este tipo de cobertura y se inclinarían hacia coberturas más analíticas y especializadas de la realidad.

Todavía sigue habiendo espacio para las historias de vida y presentar esos segmentos de la realidad rara vez cubiertas pero que incluyen la vida de las comunidades marginadas u olvidadas. Son las y los periodistas quienes deben ganar los espacios y enriquecer la empobrecida calidad del trabajo periodístico en América Latina y el Caribe, sin olvidar el poder de las comunicaciones, tanto como fiscalizadores como educadores de audiencias críticas.

Incluso en los países como Cuba cuya orientación política es claramente opuesta a la regularidad de la región, el estatus de públicos de la mayoría de sus medios de comunicación no es una garantía per se de que estos funjan como motores impulsores del necesario debate socialmente responsable. Por lo que estos están igualmente compelidos por la diversificación del panorama mediático en los últimos cinco años. Facilitado no solo del impacto de las nuevas tecnologías sino también de los requerimientos de la propia sociedad cubana.

Sobre todo ahora, post Donald Trump, el escenario de nuestro continente (porque América somos todos, incluido EEUU) resulta imperativo compartir experiencias mutuamente útiles de organización de rutinas productivas y gestión de los órganos de prensa que podrían ser rentables y duraderas sin necesidad de recurrir a grandes recursos económicos y aprovechando allí donde existan los resquicios legales que lo posibiliten.

Como en política, el periodismo es también el arte de lo posible y no nos referimos a intentar mimetizar experiencias concretas sino que desde cada país los profesionales de la información partiendo de sus propias realidades emprendan sus caminos particulares pero siempre hacia un propósito común: crear un paradigma de periodismo, electivo pero definitivamente latinoamericano.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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Envíada por Juan Carlos Cisternas Friz | 27 enero, 2020

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