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Relato de una decisión

por 24 enero, 2019

Relato de una decisión
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A las personas que me preguntan, en todo Chile, el porqué estoy participando en las elecciones internas de Revolución Democrática, les cuento de manera abierta y sincera mis razones.

Desde muy joven me he sentido profundamente comprometida en diferentes causas vinculadas a la búsqueda de una vida digna para todas y todos, desde la recuperación de la democracia en Chile, poniendo mi naciente condición de persona pública, debido a mi trabajo actoral, al servicio de esa lucha crucial, pasando por buscar una nueva constitución, hasta el exitoso esfuerzo por abrir el acceso al cannabis medicinal en nuestro país, como alternativa

En este camino, he podido conocer a miles de personas, de todas las condiciones, que trabajan desinteresadamente para mejorar su vida y la de las demás en su entorno. Por eso, me asiste la certeza que el pueblo chileno acumula una enorme riqueza de empeño, experiencias, vitalidad e inteligencia.

Desde el año 2016 soy militante de Revolución Democrática; a pesar de haber participado activamente en la vida política desde la vereda ciudadana, por primera vez me sentí convocada a pertenecer activamente a un partido. Llegué con la urgencia de tomar un lugar en el empeño de abrir nuestra inconclusa democracia hacia cambios profundos. He tratado de traer a mi militancia todo el caudal vital que he absorbido en esta causa por la salud, la dignidad y la seguridad de los usuarios de cannabis medicinal, con el espíritu de superar adversidades con esfuerzo, trabajo y convicción, y siempre desde un empeño colectivo.

Mi vida como militante fue, hasta 2018, más bien de bajo perfil, llevándome incluso a descartar las propuestas a competir por un cargo de representación en el Congreso, ya que mis obligaciones en la lucha por el cannabis medicinal me mantenían con la agenda dedicada mayormente a asegurar este derecho; no es políticamente responsable abandonar una causa sin haberla llevado a puerto seguro, ni siquiera para asumir una carrera parlamentaria. En esa senda, y debido a la permanente persecución de las y los pacientes, he hecho propio el empeño de empujar la tramitación de la Ley Cultivo Seguro, que busca asegurar que los pacientes usuarios de cannabis no sean criminalizados, respetando el derecho al cultivo personal ya consagrado en la actual ley 20.000.

Pero ese mismo año 2018, encontré, no sin sorpresa, que esta causa encontraba resistencia dentro de Revolución Democrática. Para mi asombro, constaté que una temática que se está instalando con fuerza en todo el mundo, que pasa por un vital proceso de empoderamiento ciudadano y ampliación del concepto de salud comunitaria y colectiva, se topaba con trabas dentro de un partido de izquierda, mi propio partido.

Me tuve que enfrentar al dilema de, eventualmente, resignarme a que se impusiera el prohibicionismo en un partido con definiciones progresistas. La encrucijada era clara para mi: ¿Debía enfrentar esa oposición, tomando parte en la disputa interna? ¿Tenía que resignarme y aceptar la realidad?

¿Era la hora de renunciar a mi partido, si parte de este le daba la espalda a la lucha a la que dedicado por completo los últimos seis años de mi vida?
Admito que no fue fácil decidirlo. El conflicto interno era real. En toda mi vida política como activista, nunca había militado activamente en ningún partido político. Haber elegido Revolución Democrática como mi domicilio político no fue una decisión ligera ni oportunista. Fue producto de la convicción de que desde este partido, y desde el Frente Amplio, es desde donde se pueden impulsar las transformaciones que Chile reclama hace décadas.

Por otra parte, tenía claro que abandonar esta causa terminaría por afectar a miles y miles de pacientes que ya encuentran una buena calidad de vida en el cannabis, y que día a día siguen siendo vulnerados en sus derechos. Dejar que la política de “guerra a las drogas” se comenzara a imponer en uno de los partidos eje del Frente Amplio, me pareció que era una pésima manera de dar testimonio de mi convicción.

Por esa razón es que, no solamente me decidí a “dar la pelea” correspondiente en los procesos internos del partido, sino que me convencí que era el momento de convertirme en un agente activo dentro de la vida partidaria. Por eso, después de haber logrado, junto a mucha gente militante de RD, que se constituyera la Comisión Nueva Política de Drogas (asunto en disputa), y se reconociera como postura oficial de Revolución Democrática el derecho al autocultivo, para uso tanto adulto como medicinal, habiendo consenso para el primero y resistencia y oposición de un sector conservador del partido para el segundo, por increíble que parezca.

Pero no fue un proceso todo lo claro, serio e informado que nos hubiese gustado; constatamos que prejuicios, desinformación y posturas ultraconservadoras, lejanas al respeto a la soberanía y autonomía de los pacientes, tiñeron y confundieron ésta discusión, rozando prácticas cuestionables. Tras un arduo camino, triunfó nuestra tesis: oficialmente Revolución Democrática apoya y respalda ambos derechos, el autocultivo tanto para uso médico como para uso adulto. Debido a ésta dura experiencia, más tarde, desde la tendencia Los Comunes, decidí postularme en las actuales elecciones internas para ocupar el cargo de Consejera Política de mi partido.

Entiendo que este es un proceso interno, pero también es un tema que concita la atención de miles y miles de personas que, en su momento, firmaron por Revolución Democrática, como forma de apoyar al Frente Amplio y la candidatura de Beatriz Sánchez, quien siempre estuvo comprometida con la causa del cannabis medicinal. A esa gente, creo que se le debe un relato de primera fuente de mi decisión, con el compromiso de seguir dando lo mejor de mi, tanto en la lucha por una salud integrativa para todas y todos, sino que para asegurar que Revolución Democrática siga siendo el domicilio de una izquierda que renueve la política chilena.

No les voy a mentir: no es un camino fácil. Más allá de buscar ser elegida, quiero ser un factor de unidad, de respeto y de certeza, dentro de un partido a ratos muy crispado. Apoyo a Catalina Pérez porque, en primer lugar, fue ella quien vino hacia mi y mi gente cercana para contarme de su proyecto. Y lo hizo no sólo para pedir apoyo, sino que para unirnos en la construcción de alternativas, programas y sueños compartidos. Catalina vino a mi buscando mucho más que una cuña y una selfie de campaña. Su llamada fue a construir juntas una Nueva Revolución. Y estoy con ella en este empeño. Quería que supieran eso de primera fuente.

N de la R: Esta columna de Ana María Gazmuri fue enviada el lunes 21 de enero.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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