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Cartas a un joven académico Opinión

Cartas a un joven académico

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Pablo Paniagua Prieto
Por : Pablo Paniagua Prieto Economista. MSc. en Economía y Finanzas de la Universidad Politécnica de Milán y PhD. en Economía Política (U. de Londres: King’s College). Profesor investigador Faro UDD, director del magíster en Economía, Política y Filosofía (Universidad del Desarrollo).
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Estas son las primeras cinco de las diez cartas a un joven académico que yo creo que son importantes para poder tener una larga y exitosa carrera académica en el mundo de la investigación dentro de las universidades.


En 1929 se publicó el famoso libro Cartas a un joven poeta, de Rainer María Rilke, uno de los poetas y novelistas más importantes de la historia. Dicho libro consiste en diez cartas que el poeta de Praga envió entre 1903 y 1908 a un joven aspirante a escritor llamado Franz Kappus. Cartas a un joven poeta constituye uno de los más emotivos mensajes que un escritor consagrado y talentoso –como el de la talla de Rilke– haya escrito para todos aquellos principiantes o aprendices que sientan, de un modo u otro, la llamada de la poesía y del arte de escribir. Siguiendo el espíritu de Rilke, pero obviamente manteniendo las limitaciones de talento de este autor –que es un simple académico y no un excelso poeta–, en las siguientes líneas me gustaría plantear diez consideraciones que yo le recomendaría a todo joven académico. Lo que sigue son 10 pequeñas “cartas” (Parte I) que espero sirvan de mensajes o consejos a todos aquellos jóvenes que desean comenzar una carrera de éxito como académicos.

 

  • Aprende a escribir lo antes posible. A simple vista, este primer consejo puede sonar algo paradójico: es extraño que alguien nos diga que tenemos que aprender a escribir, si todos aprendemos ya en el colegio y escribimos innumerables emails, textos de WhatsApp y ensayos en la universidad, etcétera. Pues bien, es verdad que todos sabemos escribir, pero solo unos pocos saben escribir bien y de forma persuasiva. Y, al final del día, son solo aquellos académicos que saben escribir bien: es decir, de forma clara, concisa, coherente y persuasiva, aquellos que tienen éxito. Basta con darse una vuelta por los diarios de nuestro país y leer a los opinólogos que hoy abundan, para darse cuenta de que muchos no saben escribir de forma lógica, coherente y persuasiva. Por eso, mi joven aspirante a investigador, antes de aprender a investigar y antes de salir de tu doctorado, te aconsejo aprender a escribir. Para lograr esto recomiendo los siguientes dos libros: Economical Writing: Thirty-Five Rules for Clear and Persuasive Prose de Deirdre Nansen McCloskey y On Writing Well: The Classic Guide to Writing Nonfiction de William Zinsser.  
  • Publicar más en inglés que en español. Mi consejo para ti, joven investigador, es que, si deseas tener éxito académico y tener una gratificante carrera, siempre trates de priorizar publicar en inglés en vez de en español. Hay evidencia que señala que aquellos papers o ensayos académicos que están escritos en inglés generan más citaciones, atraen más atención por parte de la comunidad académica y son considerados de mejor ‘nivel’ que aquellos ensayos escritos en otros idiomas. Por lo demás, casi la totalidad de las revistas de prestigio y de alto impacto académico (ver siguiente consejo) suelen aceptar solo ensayos escritos en inglés; por lo que, si uno no sabe escribir ensayos en inglés, difícilmente podrá publicar en revistas de alto impacto y, por ende, muy difícil será llegar a ser un académico de alto nivel. Creo además que existen dos ventajas adicionales que a menudo no se mencionan: primero, las revistas en inglés están mejor administradas y organizadas (i.e., tienen más recursos), por lo que los procesos de revisión y de peer review son más expeditos, más trasparentes y mejor organizados. Segundo, las revistas en inglés tienen mayor facilidad para encontrar revisores o pares académicos examinadores de otros países que entiendan mejor lo que tú escribiste, pues casi todos los científicos leen en inglés. De esta forma, es más probable que una revista en inglés tenga mejores revisores por pares para tu ensayo que una revista en español, facilitando y mejorando la experiencia de revisión de los ensayos, lo que impacta de forma positiva en su calidad final. 
  • Apuntar alto y a los rankings Q de las revistas. En el mundo académico y de la investigación, la calidad y el prestigio de nuestro trabajo académico (y, por ende, nuestro éxito en dicha profesión) se miden por el nivel en donde publicamos nuestros trabajos en revistas indexadas. Es decir, nuestra calidad y prestigio como investigadores se miden (querámoslo o no) a través de las revistas en las cuales publicamos. De esta manera, el mundo académico ha creado distintos rankings de la calidad y el prestigio de las revistas científicas ordenadas a través de sistemas de cuartiles (Q1, Q2, Q3 y Q4). Esta clasificación se divide en cuatro cuartiles diferentes, empezando por el nivel más alto Q1, que contiene el 25% de las mejores revistas de un campo, descendiendo hasta el nivel más bajo, Q4, con el 25% de las revistas de menor nivel. Hay incluso revistas (sobre todo aquellas más desconocidas en español) que ni siquiera están en dichos rankings (aconsejo no publicar en ellas). 

Basado en lo anterior, mi consejo, joven investigador, es el siguiente: si uno desea sobrevivir y tener éxito en el mundo académico, debe apuntar alto: es decir, tratar de publicar siempre en las mejores revistas Q1 de nuestra profesión. Al final del día el main driver o la gran variable que determina el nivel de prestigio y de calidad de nuestras investigaciones (y, por ende, nuestro éxito) es el nivel Q de la revista en donde publicamos. La mayoría de las universidades y los académicos se rigen por dos sistemas de ranking por cuartiles: a) el JCR de Clarivate que se basa en Web of Science WoS (ver ranking aquí) y el SJR de Scimago que se basa en Scopus (ver ranking aquí). Aconsejo revisar en detalle dichos rankings y explorar el orden (top 100) de las revistas en función del campo de investigación o profesión de cada uno, y de trabajar duro para tratar de publicar siempre dentro de la sección Q1. Es probable que uno no tenga una carrera académica sólida y de éxito en el largo plazo si no tiene al menos unos 4 papers Q1 dentro de su profesión (esto depende de la universidad que nos contrata y del campo de referencia).    

  • La calidad es más importante que la cantidad. En el mundo de la academia y las universidades, la forma de medir el prestigio y contar el impacto de los ensayos académicos no se rige por la lógica de la edición o suma, como si compráramos melones en el supermercado, sino que por el prestigio y el factor de impacto de las revistas académicas. Este punto es muy importante, pues sugiere que es mucho más importante escribir pocos pero buenos ensayos académicos de calidad y de alto nivel en revistas de prestigio que innumerables papers en revistas de bajo nivel. De esta forma, se puede dar la paradoja de que existan académicos con muy pocas publicaciones, pero que sean considerados como de los mejores e incluso obtener el Premio Nobel por apenas 1 o 2 publicaciones, mientras que existan otros académicos con más de 200 publicaciones y que no sean considerados para nada. Es decir, la cantidad no es sinónimo ni de calidad ni de importancia de nuestras contribuciones en la academia. La frase publish or perish es importante pero parcialmente engañosa, ya que es mucho más importante la frase publish (in higher ranked journals) or perish. Lo anterior sugiere que, dado que el tiempo es uno de los recursos más escasos y valiosos de un investigador, nuestra principal tarea día a día es estar alertas y evitar las distracciones superfluas (e.g., reuniones sin sentido, emails, WhatsApps, redes sociales, peleas de bajo nivel en Twitter, etc.) y priorizar el escribir/investigar y concentrarse en proyectos de investigación buenos y de alto impacto. 
  • La productividad también importa. El punto anterior no significa que no haya que ser productivo y no haya que tratar de apuntar además hacia la cantidad y la alta productividad; solo que hay que saber hacerlo de forma estratégica, seleccionando buenos proyectos. Esto es la probabilidad de números grandes: si escribo 1 solo ensayo académico al año, entonces tendré muy pocas probabilidades de publicar en revistas de alto nivel; en contraste, si escribo 3 ensayos al año, mis probabilidades de publicar al menos 1 de estos en una revista de alto impacto aumentan de forma considerable. De esta forma, para poder apuntar hacia la calidad Q (ver punto anterior), hay que aumentar entonces nuestras probabilidades a través de escribir más ensayos académicos, pero teniendo siempre en mente que deben ser seleccionados estratégicamente y con atención, velando por el alto impacto.       

En vista de lo anterior, joven investigador, te aconsejo apuntar a publicar al menos 1 paper al año en revistas indexadas, lo que significa (aproximadamente) tener dos ensayos académicos al año bajo revisión, lo que requiere escribir dos papers al año como mínimo. Esto puede sonar mucho para algunos, pero en realidad no es tanto. Si un paper académico tiene aproximadamente diez mil palabras, entonces hay que escribir solo veinte mil palabras en un año. En un año hay aproximadamente 52 semanas, por lo que si escribimos como mínimo 500 palabras por semana (número bastante bajo y conservador), entonces podríamos escribir casi 3 papers al año. Entonces, casi no hay excusa válida si uno es académico para no poder escribir al menos 2 ensayos académicos al año. 

Estas son las primeras cinco de las diez cartas a un joven académico que yo creo que son importantes para poder tener una larga y exitosa carrera académica en el mundo de la investigación dentro de las universidades. La próxima semana seguiré con la segunda parte de mis consejos. Para cerrar, aconsejo leer el libro Good Work If You Can Get It: How to Succeed in Academia, de Jason Brennan, que señala un mensaje similar al expresado en estas líneas. 

 

  

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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