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Ni demócratas ni cristianos

por 27 abril, 2018

Ni demócratas ni cristianos
Tengo claro que Soledad Alvear no va a inscribirse en nuestro nuevo movimiento de Acción Republicana, porque las caricaturas (más que las realidades) la incentivarán a alejarse de él. Pero la necesidad urgente de enfrentar a la extrema izquierda, representada por el PC y el Frente Amplio, hacen indispensable que el centro y la derecha pacten sobre la base de ciertas ideas comunes de defensa de la libertad, de la vida, de la familia y de nuestra institucionalidad, que hoy se ven gravemente amenazadas.
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La renuncia de Soledad Alvear a la Democracia Cristiana (DC), es la señal más evidente del comienzo del fin de ese partido político. Pero es una historia que partió hace años, con una serie de acciones, omisiones y afirmaciones, que terminaron por distanciar al partido de su propio nombre y de su propia historia.

Un primer gran hito fueron los pactos con el Partido Comunista. Primero instrumental, donde gracias a algunos cupos por omisión y el apoyo recíproco en otros lugares, la entonces Concertación permitió que el PC llegara a algunas alcaldías y, luego, al Parlamento. Después programático, donde la DC confluye como un par del PC, al alero del segundo Gobierno de Michelle Bachelet y todo el ámbito de poder que ella representaba.

De por sí, la palabra instrumental ya era criticable, por el sentido de negociación política envuelto en el concepto. Pero, además, el hecho de que la DC aceptara pactar programáticamente con el PC, un partido que lucha por la instauración de una sociedad socialista, la superación del capitalismo y la mantención de la consecuencia revolucionaria, nos habla de una concesión absoluta de los principios de la Democracia Cristiana.

¿Qué queda de su historia? ¿Qué quedan de sus ideales? ¿Qué futuro podría tener una Democracia Cristiana subyugada a la creciente hegemonía de la izquierda y del Partido Comunista? Poco y nada.

El aborto es solo la punta de lanza de una estrategia mucho más amplia de la izquierda por acelerar el cambio cultural en el país. El matrimonio homosexual, la eutanasia y la ideología de género son los próximos pasos de una agenda que no tiene límites y que no encontrará, en la Democracia Cristiana, el dique de contención que existía en décadas pasadas.

Pero el segundo gran hito lo ha representado la pérdida de los valores cristianos, simbolizado en la discusión de la aprobación del aborto. La mayoría de los parlamentarios DC apoyaron el aborto y su candidata presidencial, la senadora Goic, fue capaz de romper el pacto por la vida que había firmado un par de años antes, y acomodarse a las demandas electorales de la izquierda. ¿Qué sentido tiene denominarse un partido cristiano si no eres capaz de defender con fuerza los valores y principios que inculca el cristianismo?

El aborto es solo la punta de lanza de una estrategia mucho más amplia de la izquierda por acelerar el cambio cultural en el país. El matrimonio homosexual, la eutanasia y la ideología de género son los próximos pasos de una agenda que no tiene límites y que no encontrará, en la Democracia Cristiana, el dique de contención que existía en décadas pasadas.

Estos hitos demuestran, inequívocamente, que la corrupción del partido es profunda y que, hoy, la DC no es demócrata ni cristiana y es solo un grupo minoritario de parlamentarios, con baja representación en el país, que se mantiene unido exclusivamente por su vocación de poder y por la expectativa de repartición de cargos que pueda llegar en un también hipotético Gobierno.

Frente a esta realidad, la decisión de Soledad Alvear y de otros militantes que dejan el partido es sensata y abre la puerta a nuevas realidades. Por lo pronto, desde la derecha tenemos la obligación de hacer un llamado explícito a la convergencia y a relacionarnos mucho más allá de la amistad cívica y el diálogo democrático. ¿Por qué no pensar en un Frente de Centro y Derecha que sea fundado bajo conceptos comunes y que sirva como una coalición para frenar a la extrema izquierda que está ganando terreno en el país?



Tengo claro que Soledad Alvear no va a inscribirse en nuestro nuevo movimiento de Acción Republicana, porque las caricaturas (más que las realidades) la incentivarán a alejarse de él. Pero la necesidad urgente de enfrentar a la extrema izquierda, representada por el PC y el Frente Amplio, hacen indispensable que el centro y la derecha pacten sobre la base de ciertas ideas comunes de defensa de la libertad, de la vida, de la familia y de nuestra institucionalidad, que hoy se ven gravemente amenazadas.

Ciertamente, hay muchas cosas que nos diferencian. Pero son más las que nos unen y que nos pueden unir a futuro entre todos los partidos y movimientos que van desde el centro hacia la derecha. En los próximos años, Chile tendrá que elegir entre dos caminos: aquellos que creemos en la democracia y en la dignidad esencial de la persona humana; y aquellos que buscan imponer una ideología totalitarista, que se funda en el Estado y que busca reemplazar la libertad y voluntad de las personas.

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