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Alberto Espina con la energía de un famélico

por 24 noviembre, 2018

Alberto Espina con la energía de un famélico
El ministro Espina, adoptando el papel de un abúlico constatador de hechos que desconoce, y del que tiene a bien informarse por la prensa (siempre es bueno enterarse de lo que ocurre bajo sus propias narices), pide las explicaciones al comandante en jefe del Ejército por la venta de armas a narcotraficantes. Todo con la energía de un famélico, con la autoridad de un allegado en casa ajena. Es como para temblar el solo imaginarse lo que haría un personaje semejante en caso de enfrentar una guerra. Quizás tenga incluso la osadía de llamar a su colega del país adversario para exigirle una explicación.
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Si el ministro de Defensa cree que está actuando de acuerdo con la gravedad de las circunstancias, habrá que sacarlo rápidamente de la equivocación. En realidad, sus primeras declaraciones, tardías hasta la exasperación, estuvieron al borde de lo que el decoro permite.
Se filtra un audio en que el Comandante en Jefe del Ejército, Ricardo Martínez, afirma que oficiales del Ejército vendieron armas a narcotraficantes, y el ministro de Defensa lo cita para que el día siguiente explique sus declaraciones.
En un momento en que Alberto Espina parece despertar de su letargo, llega incluso a afirmar que le pide a Martínez que “informe en detalle el alcance de sus declaraciones". Algo muy parecido a lo que podría decir un flemático espectador respecto de hechos ocurridos en una galaxia muy, muy lejana.
Tal para cual. Es difícil saber cuál de las dos autoridades está actuando de peor forma. El Comandante en Jefe del Ejército, en un evento interno ante 900 oficiales, el 20 de noviembre, en el Aula Magna de la Escuela Militar, comenta delitos graves cometidos por oficiales, sin que, en la larga explicación de dos horas, parezca que, en algún momento, estuviera pensando en dar a conocer estos antecedentes a la autoridad civil. Todo esto, con el tono del que explica a sus subalternos lo difícil que es un día cualquiera en la vida de un oficial superior.
Espina, adoptando el papel de un abúlico constatador de hechos que desconoce, y del que tiene a bien informarse por la prensa (siempre es bueno enterarse de lo que ocurre bajo sus propias narices), pide las explicaciones del caso. Todo con la energía de un famélico, con la autoridad de un allegado en casa ajena. Es como para temblar el solo imaginarse lo que haría un personaje semejante en caso de enfrentar una guerra. Quizás tenga incluso la osadía de llamar a su colega del país adversario para exigirle una explicación.
Tal para cual. Es difícil saber cuál de las dos autoridades está actuando de peor forma. El Comandante en Jefe del Ejército, en un evento interno ante 900 oficiales, el 20 de noviembre, en el Aula Magna de la Escuela Militar, comenta delitos graves cometidos por oficiales, sin que, en la larga explicación de dos horas, parezca que, en algún momento, estuviera pensando en dar a conocer estos antecedentes a la autoridad civil. Todo esto, con el tono del que explica a sus subalternos lo difícil que es un día cualquiera en la vida de un oficial superior.
De modo que tenemos un comandante en jefe que estima que puede informar al ministro de Defensa (si es que lo pensó) después de dirigirse a 900 subordinados. Espina, en el mejor de los casos, sería el 901 en enterarse. Por algo será. No ha de ser una coincidencia que el 901 sea el número de llamadas de coste compartido entre el operador y quien realiza la llamada. También en este caso, la situación la pagarán los dos.
Martínez habla de la venta de armamentos a delincuentes, junto con pasar revista a los múltiples desfalcos cometidos por la institución y de la “dolorosa” salida de oficiales de la institución por estos hechos. Espina dice que no es para tanto, porque Martínez se refería a un “caso que dice relación con un suboficial que está formalizado por venta de armas a supuestos narcotraficantes”
Esta es una competencia de desatinos. Un militar que habla de la venta de armas de sus subordinados a delincuentes, como de una lamentable costumbre con la que se topa al ser informado. Al modo de un sabio chino Martínez comenta: “Un ejército sin disciplina es una horda de gente muy peligrosa”. Muy cierto. Es un problema. Casi tanto como un gobierno sin autoridad que no lo encuentra peligroso ni siquiera quienes le deben obediencia constitucional.
¿Tenemos un ministro de Defensa que imponga la autoridad civil? Para respondernos basta con un dato. Con ocasión de la remoción de oficiales por el homenaje rendido al condenado Miguel Krassnoff, su abogado, Raúl Meza, se permitió dedicarle a Espina la mayor cantidad de insultos que pudo de reunir.
Así, por ejemplo, encaró al ministro advirtiéndole que no pretendiera “instrumentalizar y aprovecharse de las FF.AA. y de Orden como plataforma política para mezquinos intereses electorales”. Además –y junto a Martínez- los acuso de "desechan gratuitamente a sus mejores hombres que lideraban la formación de los cadetes de la Escuela Militar, ofreciendo sus cabezas como corderos al insaciable apetito de odio y de venganza de la izquierda".
Después de ser tratado de aprovechador, interesado, entreguista y traicionero, Espina no considero del caso emprender ninguna acción, ni responder, ni darse por enterado. Esto puede ser estimado como la demostración de un temple de acero en algunas comunidades religiosas fundamentalistas en vías de extinción. Lo que hay que preguntarse es cómo fue decepcionada esta inacción por parte de los uniformados que conocemos. Me atrevo a pensar que los aplausos fueron escasos.
Realizada la reunión entre Espina y Martínez nadie quedó bien parado. Martínez porque tuvo que aceptar que sus declaraciones eran “imprudentes” y hubo de rectificar sus palabras sobre una supuesta petición que hizo al Contralor, luego que este desmintiera que tal cosa hubiera acontecido.
Espina ya se había mostrado sorprendido por las revelaciones del Comandante en Jefe, y nunca ha podido decir lo único que correspondía dado su rango: que estaba en conocimiento previo de lo que estaba hablando el oficial del más alto rango del Ejército. Un analista de derecha ha visto en este acto que “el ministro dio un golpe de autoridad”. Feliz él que lo puede ver con tanta claridad, lo que es yo tengo la sensación de que el panorama está cada vez más oscuro.
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